La mujer muerta en O Carballiño intentó defenderse antes de ser asfixiada

El acusado de acabar con su vida, su marido, «no se inmutó» cuando los forenses le dijeron que ella había fallecido


ourense / la voz

Virginia F. V. murió por asfixia en una hora no determinada, aunque situada entre las ocho de la mañana y las doce del mediodía, del 29 de enero del 2017. Así lo confirmaron este martes en la sala de vistas de la Audiencia provincial de Ourense los forenses Julio Jiménez y Fernando Serrulla, que le realizaron la autopsia. Destacaron que la víctima trató de defenderse de su agresor, según las acusaciones su marido, quien pudo haber utilizado uno o varios métodos para acabar con su vida.

Así, además de los «signos de defensa y de lucha» que mostraban que había habido un forcejeo entre víctima y agresor, y los múltiples golpes «de poca entidad» que presentaba la víctima, de 55 años, los expertos hallaron evidencias de «anoxia encefálica». Fue asfixiada, no hay duda de eso, pero sí sobre el modo en que se ejecutó. La estrangulación con el cable de la lámpara que apareció junto a su cadáver, sobre la cama, pudo ser una de ellas. También la utilización de una mano e incluso la compresión de su cabeza contra la cama. «Quizá el cable no logró su objetivo y luego usó la mano o el colchón para asegurarse de la falta de respiración», explicaron los forenses.

Sobre las condiciones mentales del acusado, José A. L. los expertos confirmaron que padece una demencia fronto-temporal de carácter conductual y lo describieron como alguien «pegajoso y dependiente de su mujer». Aseguraron que cuando le dijeron que su esposa había muerto «no se inmutó» y que, en su caso, era imposible predecir una conducta agresiva. Precisaron que a nivel cognitivo se encuentra «profundamente afectado» y detallaron también que no tiene flexibilidad mental. En opinión de estos expertos, es discutible que el acusado sea imputable, ya que aunque es capaz de estar en una sala de vistas, no tiene capacidad para saber qué debe contestar.

ADN en las uñas

La aparición de restos biológicos de otro hombre en las uñas de la víctima fue algo sobre lo que preguntaron las partes, especialmente la defensa del acusado, que sostiene que no fue él, sino otra persona, quien mató a Virginia en el domicilio familiar de O Carballiño. Se confirmaron esos restos pero nunca se investigó más allá porque, ya en instrucción, se sospechó que no se trataba de nada decisivo para el caso, ya que podría tratarse de una transferencia de ADN por un simple apretón de manos.

La víctima desoyó los consejos para internar a su marido porque «le parecía algo cruel»

Todos los testigos que durante los dos días de juicio por este caso han pasado por la sala de vistas de la Audiencia provincial de Ourense han coincidido en señalar a la pareja formada por José y Virginia como feliz. Hasta la muerte de ella, presuntamente a manos de él, habían estado casados durante 35 años y gran parte de esa vida juntos había transcurrido en Suiza. Un año antes del suceso regresaron a España porque él ya evidenciaba problemas de salud y los médicos de allí le recomendaron que lo internara. Ella no quiso hacerlo entonces y tampoco más tarde cuando, ya en O Carballiño, tanto los especialistas del CHUO que atendieron a su marido durante su ingreso en la unidad de agudos a lo largo de casi un mes en el otoño del 2016, como otros profesionales que lo trataron, le recomendaron una residencia como la mejor opción. «Ella vivía muy agobiada» contó ante el jurado encargado de ver este caso una de las profesionales médicas que lo atendió, que declaró como perito, en relación a la situación de una mujer con un marido con demencia degenerativa y enormemente dependiente de ella. «Le planteamos que lo ingresara en una residencia pero dijo que no porque le parecía algo cruel. Ella creía que iba a mejorar», explicó la experta, que describió al acusado como una persona «sin iniciativa e incapaz de llevar a cabo una acción planificada».

Una convivencia «peligrosa»

Once días antes de morir, Virginia acudió a terapia con un psicólogo. «Estaba ansiosa y preocupada, porque a su marido le habían diagnosticado demencia y él era muy dependiente de ella», explicó el profesional en la sala de vistas, que también mencionó las reticencias de la víctima a un posible internamiento del marido. «A mí esa situación me parecía peligrosa, y así se lo dije. Él tenía mucho miedo a quedarse solo y yo le dije que eso conllevaba riesgos, así que le advertí que aplicase el sentido común, pero no quiso». Tras su muerte el profesional también atendió a su hermana. «Estaba muy afectada», dijo. Otra psicóloga que asistió no solo a la hermana, sino también a la madre y el padre de Virginia, hoy ya fallecido explicó que «quedaron muy desestructurados», constató.

Es previsible que este miércoles, tras la presentación de los informes definitivos, el juicio quede visto para que el jurado comience con su deliberaciones.

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