«Hay mucho estigma todavía acerca de la enfermedad mental»

La asociación Morea cumple 25 años luchando contra tabúes y apoyando a familiares y enfermos


ourense / la voz

Llevan 25 años trabajando por la rehabilitación psicosocial de las personas que tienen enfermedad mental, particularmente esquizofrenia, ofreciéndoles alternativas de ocio a los enfermos y dando atención a sus familias. En este tiempo, la asociación de familiares y enfermos mentales Morea ha crecido en servicios e instalaciones. Tienen cuatro sedes, la principal en Ourense, además de las de Verín, O Barco y Lalín. En Ourense, disponen de un local amplio y luminoso en la calle Marcelo Macías, en el que los usuarios disfrutan de salas diferenciadas para actividades como informática y manualidades, entre otras muchas. Pese a los tímidos avances sociales, en Morea siguen luchando contra los estigmas y tabúes que hay respecto a las enfermedades mentales. María Ángeles Fernández Araújo es la presidenta de la asociación, creada en 1994, y Alfonso Díaz, el director desde 1996.

Pregunta: Cumplen 25 años de actividad, ¿cómo fueron los inicios?

Ángeles Fernández: Éramos cuatro familias. Hubo un cambio general de sanidad en la psiquiatría, se abrieron las puertas de los psiquiátricos y te veías con el familiar, teniéndolo que atender directamente y sin recursos en la sociedad. La idea de la asociación surgió para dar esa atención a las familias, que en ese momento estaba muy desorientadas.

Alfonso Díaz: Dentro de la enfermedad mental, que hay muchas, trabajamos fundamentalmente con esquizofrenia y psicosis. No son las más frecuentes, afectan al 1 % de la población.

A.F. Pero sí las más complejas y deteriorantes. Suele dar a edades tempranas y es la enfermedad más estigmatizante. Hay mucho estigma todavía acerca de la enfermedad mental, en la calle hay ideas equivocadas, como sobre la agresividad, no se sabe de qué se está hablando.

P. ¿No cambian esos prejuicios?

A.F. Luchamos mucho contra eso pero va despacito.

A.D. Todos los años hacemos encuestas entre la población sobre la forma de ver a este colectivo. Hay una mejoría pero hay dos aspectos que siguen estando en el inconsciente colectivo: el tema de la violencia y el que son personas imprevisibles, lo que es totalmente falso. La violencia en nuestro colectivo se calcula en un 3 %, en personas que no siguen sus tratamientos farmacológicos, y las reacciones imprevisibles van ligadas a esa falta.

P. ¿Ese cambio sanitario no sirvió para integrar a estos enfermos?

A.D. El problema es la falta de recursos. Hasta 1982, la enfermedad no estaba dentro del catálogo sanitario. Es entonces cuando se empieza a trabajar el concepto de psiquiatría comunitaria y a atender a las personas en las unidades de psiquiatría, que son como ambulatorios especializados en salud mental. La persona vive en su domicilio y va a ver a su especialista. El problema es ¿cuándo vuelvo a casa, qué hago? Una de las caras más difíciles de esta enfermedad es lo que llamamos la sintomatología negativa: la persona se aísla, pierde la motivación, su autoestima es muy baja, se va encerrando en su casa y deja de comunicarse con la sociedad. Hay que estimularla para que salga y participe en la sociedad. Eso requiere recursos como los nuestros.

P. ¿Cómo lo sufren las familias?

AF. Como en esta enfermedad no hay dolor, no te entienden. Te preguntan que si duermes con la puerta de la habitación abierta; cuando oyes esas cosas, como madre te duele y te cierras. No tienes con quién compartir. Por eso aquí hay grupos de familiares, de autoayuda, y podemos charlar de todo. Todavía falta mucho por conseguir. Si no saben que tienes esa enfermedad, no pasa nada. Si lo saben, hay rechazo. La asociación lleva 23 años en el barrio y nunca hemos tenido problema con ningún vecino.

P. ¿Qué programas desarrollan?

A. D. El más antiguo es el de ocio y tiempo libre. Luego se siguió con la atención a domicilio y se empezó a trabajar la rehabilitación y en la prisión.

Gestionan una residencia en A Peroxa y dos pisos en Ourense

La asociación dispone de una miniresidencia para 22 personas en A Peroxa y de dos pisos protegidos de cinco plazas cada uno, uno para hombres y otro para mujeres, en la ciudad, que funcionan concertados con el Sergas. Morea también presta atención en el centro penitenciario de Pereiro de Aguiar a personas con enfermedad mental que están recluidas, actualmente doce, aunque el número varía. Morea tiene entre sus cuatro delegaciones 160 socios, noventa de ellos atendidos mensualmente en la sede de Ourense. A ellos se suman los familiares. Allí trabajan 27 personas, en equipos multidisciplinares de psicólogos, trabajadores sociales, terapeutas o monitores.

«Uno de los objetivos que perseguimos es la integración social. Buscamos que se generen grupos fuera de la instalaciones, que tengan su vida social activa y salgan a conciertos con amigos», dice el director de Morea.

P: ¿Qué tal es la relación con los profesionales sanitarios?

A. F. La relación y colaboración con los profesionales es buena. Cuando empezamos con la asociación tuvimos un apoyo muy fuerte suyo. Las primeras reuniones fueron en Toén.

P. ¿Qué recursos faltan?

A. D. A nivel sanitario faltan más profesionales especialistas. No entendemos que un psiquiatra tenga que ver en una mañana a treinta pacientes. Luego están el apoyo psicológico a la persona y de integración en la comunidad que es lo que hacemos nosotros. Lo que queremos es llegar a más gente. Y las familias necesitan apoyo y a veces tratamiento.

A. F. Te ves mayor y con tus familiares mayores y la incertidumbre pesa mucho. Aunque el enfermo tenga una autonomía alta necesitará siempre apoyo; y como empiezan tan jóvenes están muy ligados a su familiar y se preocupan por cuando no estés. Se necesitan más residencias y más pisos.

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