La crisis urbana del Partido Popular en Galicia: a mayor población menor es su apoyo

Su respaldo pasa del 50 % de media en los concellos más pequeños al 28,4 % en las siete ciudades

Inicio del curso político del PP en Cerdedo-Cotobade
Inicio del curso político del PP en Cerdedo-Cotobade

redacción / la voz

El PP va asumiendo que puede quedarse sin poder urbano en Galicia ante la posibilidad, más que factible, de perder la única ciudad que tenía en su poder, Ourense, y no poder gobernar, debido a los acuerdos entre las izquierdas, tres ciudades en las que ganaron las elecciones: Ferrol -con una amplia ventaja sobre la segunda fuerza y más de un 41 % de los votos-, Lugo -con seis puntos porcentuales por encima de la alcaldesa socialista- y A Coruña, donde la distancia favorable de la candidata popular frente a la socialista fue solo de 399 votos. El problema del PP con la Galicia urbana ya empezó a percibirse hace cuatro años, incluso más, pero el triunfo de Feijoo en las autonómicas con otra mayoría absoluta quizás relegó el debate sobre la implantación del PP en las ciudades. Mientras tuvieran unos porcentajes suficientes en las siete urbes, compensarían los mejores números de otros partidos con su potente implantación en la Galicia rural y en las villas de tamaño medio.

 

La situación ha cambiado ahora, cuando la ola de simpatía hacia el PSOE parece iniciar un nuevo ciclo, y la sensación que transmite la oposición es que ese cambio de ciclo afectará al poder autonómico. Sin embargo, Feijoo aseguró ayer que los electores «saben distinguir» entre los distintos comicios, y es evidente que una cosa son las generales, otra las municipales -donde el voto ad hominem cobra más fuerza- y otra, por supuesto, las autonómicas.

 Pero el problema del voto urbano está ahí, y el propio Feijoo lo detectó cuando empezó a enviar a reputados conselleiros a las principales plazas de Galicia. El cénit del apoyo a las listas municipales urbanas del PP tuvo lugar en las municipales del 2011, cuando los candidatos locales tenían el viento de cola de la mayoría absoluta de Feijoo, que en el 2009 derrotó contra todo pronóstico a los socialistas y nacionalistas del bipartito. Entonces, la media de porcentaje de apoyo en las ciudades era del 42 %, mientras que en la actualidad se sitúa en el 28,4 %, apenas dos puntos menos que en las municipales de hace cuatro años, pues hay buenos resultados, como el de Ferrol, que compensan otras caídas más dramáticas. En el 2011, el PP había logrado el 42,3 % de los votos en Vigo, mientras que tras las elecciones del pasado domingo se sitúa en un exiguo 13,6 %. En Ourense, por poner otro ejemplo, pasó de un 37,8 % en el 2011 a un 22,5 % en estos últimos comicios. Y en A Coruña, de un 43,6 % a un 30,3 %.

Pero lo más preocupante surge cuando se cruzan los resultados electorales del domingo con la población de los municipios. En los más pequeños, aquellos de menos de 1.000 habitantes y con serio riesgo de despoblación, el PP es imbatible: supera el 50 % de los votos de media. Lo mismo sucede en la amplia nómina de concellos de entre 1.000 y 5.000 habitantes, donde los populares consiguen un promedio del 46,7 %. La bajada en apoyo electoral comienza a notarse en los ayuntamientos de entre 5.000 y 10.000, con el 37,9 %, y es aún mayor (31,9 %) en las villas intermedias, de entre 10.000 y 20.000 habitantes, donde el PP era tradicionalmente muy fuerte. En los concellos de más de 20.000 habitantes apenas superan el 30 % y, por último, en las siete principales ciudades se reduce al 28, 4 %, de forma que entre los concellos más grandes y los más pequeños hay una diferencia de 23 puntos porcentuales.

El PP ha perdido la mitad de sus votos en las cuatro provincias desde el 2011

pablo gonzález
Feijoo, durante la valoración de los resultados electorales por parte el PPdeG
Feijoo, durante la valoración de los resultados electorales por parte el PPdeG

El rápido desgaste en solo ocho años puede afectar a su solidez en las autonómicas

La hegemonía de los populares en Galicia comenzó contra todo pronóstico en las elecciones autonómicas de 1981, cuando Gerardo Fernández Albor (entonces al frente de Alianza Popular y con Fraga en la sombra) ganó inesperadamente a la UCD y anticipó el descalabro a nivel nacional del conglomerado de centroderecha y herederos del franquismo que había construido Adolfo Suárez. Este liderazgo indiscutible solo se rompió brevemente en dos ocasiones: tras la moción de censura encabezada por el PSdeG de Fernando González Laxe y cuando el PP perdió la mayoría absoluta en el 2005, en el crepúsculo político de Fraga, propiciando el bipartito entre los socialistas de Touriño y el BNG.

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