Una situación de emergencia climática


Dice un proverbio africano: «Si quieres ir rápido camina solo pero que si quieres llegar lejos ve acompañado». Este proverbio refleja la travesía por la que han pasado en los últimos diez años las acciones llevadas a cabo en la lucha contra el cambio climático. Hace años, inmersos en plena crisis económica, nadie quería oír hablar sobre cambio climático. Como muchas otras veces, lo urgente no nos permitía ver lo importante. Los que, en ese momento, buscábamos un público al que contar qué estaba pasando, cuál era la realidad, mostrar los resultados científicos y contar que de la crisis se podía salir cambiando el modelo productivo lo teníamos un poco complicado.

Tras la reciente solicitud realizada por 26 colectivos que piden a los gobiernos locales, central, autonómico y europeo la declaración de «estado de emergencia climática», estamos demostrando al mundo que este tema importa y preocupa. Por primera vez caminamos acompañados.

Los movimientos que han surgido en los últimos meses (Fridays for Future, Teachers for Future, Extinction Rebelion y Madres por el Clima) debieran hacernos reflexionar sobre una cuestión sumamente llamativa: la edad de quienes han impulsado alguno de ellos. Fridays for Future, con Greta Thunberg al frente, ha sonrojado a líderes políticos y los está obligando a llegar a acuerdos y así decidir qué mundo queremos. Los más jóvenes nos están dando un tirón de orejas porque se han dado cuenta de que si no se toman medidas urgentes se verán, en el futuro, obligados a tomar decisiones que nosotros ni imaginamos, se han dado cuenta que ese futuro que les prometemos no tendrá el entorno que tuvo nuestro pasado salvo que algo de modo urgente cambie.

En mi experiencia de divulgadora en estos años me han realizado en numerosas ocasiones estas dos preguntas: ¿qué puedo hacer? y ¿por qué los gobernantes no hacen nada más? Y es que en las respuestas a estas dos preguntas está la clave: lo primero que debemos hacer nosotros a título personal es creérnoslo, es decir, interiorizarlo, darnos cuenta de que somos parte del problema pero también de la solución y esto, sumado a exigir que se cambien las políticas, responde a la otra pregunta: un gobernante no va a tomar una decisión que no agrade a una amplia mayoría de la población.

Tendemos a pensar que somos pequeños y que nuestra contribución no importa. Sacudimos en grandes urbes y a los países más contaminantes las responsabilidades. Nos olvidamos de que en Ourense estamos contribuyendo al cambio climático pero, como de modo directo no percibimos el daño que ocasionamos en el entorno y en qué cantidad contribuimos al problema, tendemos a posponer la acción y por lo tanto la exigencia de que las políticas cambien. Pensamos también que esto se arregla en el momento en que un superinvento lo solucione y que si el vecino no se preocupa por qué lo voy a hacer yo...

Todos, en nuestras pequeñas decisiones diarias, podemos aportar: desde elegir un medio de transporte no contaminante a tomar la decisión, basándose en las políticas medioambientales propuestas por los diferentes partidos políticos, de qué papeleta voy a echar hoy en las urnas.

No esperemos ese invento que haga desaparecer, como quien saca un conejo de una chistera, el dióxido de carbono que hemos sacado de la tierra y arrojado a la atmósfera durante los últimos 150 años.

Tenemos la tecnología necesaria para reducir las emisiones, solo tenemos que querer que nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos tengan a la Naturaleza como compañera de piso.

Susana Bayo es miembro de Climate Reality Project e investigadora predoctoral en el EPhysLab (Universidade de Vigo)

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