«A Casa da Xuventude foi o motor da cultura durante máis de 30 anos»

Xosé Lois Vázquez vincula la singularidad del servicio a la gestión de Benito Losada


ourense / la voz

La dictadura no aflojaba, aunque las costuras empezaban a ceder y por los recovecos se iban colando iniciativas que daban algo de oxígeno a las inquietudes ciudadanas, y en este caso juveniles. Cuatro ministros participaban en el homenaje a las fuerzas armadas que se celebraba en Lugo y entre las actividades que se llevaron a cabo durante su estancia en Galicia se incluyeron citas como la clausura de la asamblea de autoridades en Luíntra (Nogueira de Ramuín) y la inauguración de la Casa de la Juventud de Orense. El ministro Fernández Miranda fue el encargado de la representación del gobierno de la dictadura franquista en los actos en tierras ourensanas.

Como era la costumbre se procedió «a la bendición e inauguración» de las instalaciones, acompañando al ministro secretario general del Movimiento las autoridades de turno, desde el gobernador civil al presidente de la Caja de Ahorros o la Diputación, pasando por el jefe provincial del Movimiento y el lugarteniente de la Guardia de Franco. Tras la bendición de las instalaciones por parte del vicario general y los discursos de rigor, Fernández Miranda recorrió las instalaciones y después dio comienzo «una exhibición artístico-deportiva». Para finalizar se sirvió un vino español a los asistentes.

Algo empezaba a cambiar

Xosé Lois Vázquez era un joven de 16 años cuando las instalaciones de Capitán Cortés -actualmente Celso Emilio Ferreiro- se abrieron al público. No tuvo vinculación con este espacio en el primer momento, aunque después acabó siendo colaborador y, por encima de todo, amigo de la persona que desembarcó en la ciudad en 1970 para dirigir la Casa da Xuventude: Benito Losada.

«Non era que as cousas cambiasen moito, mais algo estaba empezando a mudar. E as casas da xuventude eran, como antes o foran os teleclubes, un experimento do antigo réxime fascista para contar cun espazo de adoutrinamento».

En el caso de Ourense, el ambiente de aquellos años contaba con las inquietudes propias del momento «e había asociacións como a Breogán, que era do PC, estaban proxectos como a Cidade dos Muchachos -lembro as reunións que tivemos co alcalde no 71 ou 72 onde nos explicou como funcionaba a iniciativa-, houbo concentración na catedral contra o Proceso de Burgos... había unha contestación contenida», recuerda Vázquez.

La Casa da Xuventude actuó como catalizador de inquietudes personales y colectivas, como espacio de generación de ideas y como germen de proyectos que marcaron la actividad y la gestión cultural en Galicia. Xosé Lois Vázquez no tiene dudas al respecto: «Todo iso foi posible porque Benito Losada tiña unha limpeza ideolóxica total e un concepto da participación cidadá e cívica despoxada de calquera tipo de prexuízo. El creou un consello de xestión da Casa, e fomentando a coparticipación estaba a ceder unha parte fundamental dos seus atributos como presidente e creando un órgano democrático. Aquilo foi unha referencia para outras casas e moitos modelos de xestión en Galicia».

El fotógrafo, editor y diseñador recuerda los años del tardofranquismo organizando visionados clandestinos de El acorazado Potemkin en casa o cuando las sesiones del cineclub acababan derivando en el inevitable y deseado debate político. Xosé Lois Vázquez tenía relación con la Casa da Xuventude en su condición de trabajador de la empresa Planos, y más tarde como responsable de su estudio de diseño. Para él, lo que convirtió la instalación ourensana en modélica fue la singular personalidad de Benito Losada y las iniciativas promovidas por el director del espacio juvenil. «Apostaba pola liberdade, confiaba nos mozos e asumía riscos. Ademais de promover iniciativas pioneiras: encargarlle aos grafiteiros, que eran tremendos, pintar as escaleiras da Casa da Xuventude foi revolucionario. Hoxe todo iso é normal, pero daquela non que conto. Facer os concertos de rock pola noite no pavillón de deportes ou promover unha performance como a dun artista que se pegou, espido, con pegamento á vidreira da fachada iso era algo fóra do cotidiá no seu tempo. Como as quedadas informáticas que facía no pavillón e tantas outras cousas».

Persona de consenso

Al recordar a su amigo y la gestión de la institución, Vázquez incide en aspectos que singularizaron en modelo ourensano, como la lucha para adaptar los horarios a las necesidades de los jóvenes -al principio no abría por la tarde-, conseguir todo el espacio para las actividades -en la última planta había vivienda-, poner en marcha iniciativas como las relacionados con el cómic, el concurso de relatos, las Xornadas de Banda Deseñada, el Maio Xove, el Outono Fotográfico y muchos otros proyectos.

Incide en un aspecto significativo para referirse al binomio Benito Losada-Casa da Xuventude, como es la participación masiva en el homenaje por los 25 años de trabajo, y Xosé Lois Vázquez ni tiene tiempo a respirar para afirmar categórico: «

A Casa da Xuventude de Ourense foi o motor da cultura da cidade de Ourense durante máis de 30 anos. Nunca ningunha institución chegou a esa capacidade ou a ese prestixio social

».

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