El IES Vilamarín multiplicó por diez sus alumnos desde que abrió en 1989

Ourense cuenta con un centro de FP que cumple treinta años formando profesionales


ourense / la voz

A finales de 1988 salió publicado el decreto que regulaba la creación de un centro-residencia de Formación Profesional en Vilamarín con capacidad para 240 plazas. Al año siguiente empezó a funcionar el instituto que ahora cumple treinta años y que no ha dejado de crecer -tanto en titulaciones, como en plantilla, como en número de alumnos-.

En sus pasillos están colgadas, escrupulosamente, las orlas de todas las promociones exceptuando la de la primera, que se perdió. En ellas se pueden ver el latir del centro y los cambios en el mercado laboral y social. Las principales titulaciones eran Agraria y Cocina con fluctuaciones según el año, pero con un número mayor de alumnos en la primera. Tres décadas después, solo hay dos estudiantes matriculados en la modalidad nocturna del ciclo de Producciones Agrícolas, según cuenta la jefa de estudios, Olga Painceira.

«O centro naceu máis enfocado á rama do campo que á da hostalería. O que pasou foi que a resposta a nivel de matrícula non foi a que se esperaba porque o sector primario xa comezaba a decaer. En paralelo estábase a dar en Galicia unha demanda e interés pola rama da cociña», resume Juan Pose, que lleva impartiendo clases en el instituto desde 1990.

Las instalaciones, según explica el docente más antiguo del centro, han sido siempre las mismas en cantidad pero no en calidad. Se trata de tres bloques de edificios que fueron mudando según las necesidades de la actividad formativa. «Foise gañando espazo para talleres para ir adaptando os edificios á formación de hostalería. Tamén coincidiu que por aqueles anos non había ningún centro de hostalería en Vigo e atraiamos a todos ese potenciais alumnos. Había inclusive un autobús xestionado pola ANPA que ía e viña os luns e venres. Tanta xente supuxo un incremento tamén dos matriculados que pernoctaban aquí», sopesa. Las habitaciones -compartidas- albergan en la actualidad a entre treinta y cuarenta estudiantes de alguna de las tres familias de ciclos del centro. Cuentan con servicio de comedor, lavandería y seguridad con vigilancia -puesto que algunos de los matriculados cuentan con 16 años-.

«Non está de máis que manchen as mans coa terra para aprender»

E. Filgueira

Juan Pose es el profesor más antiguo del centro, ha presenciado todos los cambios y planteado nuevos retos para el instituto

Los fogones y las máquinas de café funcionan casi a pleno rendimiento todos los días de la semana en este centro de Formación Profesional. Las copas y los cubiertos se sacan a relucir a mediodía. De lunes a jueves trabajan engranándose el ciclo de cocina, el de panadería y repostería y el de servicios. «Observabamos que cando traballaban para os seus compañeiros ou mestres facíano sen a tensión que require tratar cun cliente descoñecido. Sen a aprendizaxe baixo presión tan necesaria», confiesa Juan Pose mientras un grupo de alumnos aprende a preparar cócteles.

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El instituto de Vilamarín es un centro educativo que fue ganando matrícula cada año. Los primeros cursos oscilaban entre los veinte y los treinta alumnos. Treinta años después de que abriera sus puertas, rondan los trescientos. «O claustro inicial estaba composto por nove docentes e agora somos 44 traballadores en total, aínda que catro son persoal da residencia exclusivamente», resume con tono de asombro al hacer el recuento y en perspectiva con los inicios en 1989.

Los que ahora apuestan por este centro para su formación tienen ante sí un horizonte bastante diferente al que se planteaba hace tres décadas. Aparte del ciclo básico de dos años, pueden escoger entre cinco de grado medio en modalidad ordinaria o para adultos y ciclos superiores en modalidad ordinaria o dual -en auge por su alto número de horas prácticas-. Panadería y pastelería, servicios en restaurante, jardinería, cocina y gastronomía o alojamientos son las titulaciones que se imparten por cuarenta docentes de todos los sectores.

El inglés y el francés tienen su protagonismo con un intercambio y un ciclo bilingüe

Eduardo Redondo imparte asignaturas relacionadas con la familia profesional de hostelería y turismo y estos meses se ha marchado a Dublín para mejorar su inglés con un programa de la Consellería de Educación. «Con esta formación podemos dar clases en ciclos bilingües ou plurilingües, dependendo do número de materias que teña cada un», señala. El próximo curso serán los alumnos del ciclo superior de servicios de restauración los que se beneficien de esta novedad en el centro.

Tras doce semanas en el país anglosajón, con el compromiso de asistir a veinte horas de inglés semanales y aprobar un examen final, los profesores obtienen un certificado de nivel alto de Oxford. «O obxectivo é que o alumnado mellore as súas competencias lingüísticas, pero á vez é unha oportunidade para renovarnos nós mesmos. Mellorar nós tamén», sopesa el docente, otro de los más antiguos de la plantilla, que lleva más de 25 años en el centro. «Aínda que a bolsa de axuda que nos da a Xunta non cobre a estancia e temos que pagala os profesores», confiesa riéndose al otro lado del hilo telefónico desde Irlanda.

Hace años que el instituto organiza, además, un intercambio con otro de la Bretaña francesa en el que los estudiantes realizan prácticas en ambos países. Todo para adaptarse a un mercado laboral cada vez más exigente con hambre de jóvenes plurilingües. «Se os alumnos cambian, nós tamén temos que facelo. Iso é o que marca a diferenza entre unha boa ensinanza e unha non tan boa», valora Redondo.

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