Los juzgados de O Couto cumplen cuatro años con numerosas quejas

Los problemas por la falta de ventilación y luz natural son frecuentes desde su apertura


ourense / la voz

La ciudad de Ourense esperó durante décadas por la puesta en marcha de un nuevo edificio judicial. Después de muchos años de peticiones y de propuestas sobre unas u otras ubicaciones el plan para que la capital de la provincia tuviera una nueva sede que ampliara las vetustas instalaciones de la antigua Audiencia provincial se materializó en la primera década del siglo XXI. Se escogió para la ubicación el barrio de O Couto, en el que se invirtieron 17 millones de euros para una moderna infraestructura que se abrió al público en la primavera del año 2015. Cuatro años después, y tras subsanarse algunas complicaciones iniciales como las frecuentes caídas que tenían lugar en la entrada por la forma de las escaleras, las quejas por la ausencia de luz natural debido a la reja que cubre toda la facha del edificio y la ausencia de ventanas son habituales.

María Teresa Rodríguez, funcionaria: «Si no uso mascarilla, no puedo trabajar»

Marta Vázquez

Ha pedido traslado porque reconoce que le cuesta respirar debido a la falta de ventilación natural

Los problemas de salud comenzaron para ella tras el traslado al nuevo edificio judicial de O Couto. Tiene desde hace décadas un pólipo en una cuerda vocal, pero en sus treinta años de carrera como funcionaria de justicia nunca le había pasado lo que está sufriendo ahora, y que la obliga a usar una mascarilla para poder desarrollar su trabajo en el juzgado de Familia. «Se me resecan las cuerdas vocales y empiezo a toser sin parar; se me irrita la garganta y cada vez me voy encontrando peor», cuenta María Teresa Fernández, detallando que «las complicaciones comenzaron cuando vine para este edificio, porque era como si se me pusiera un cartón en la garganta y no me dejara respirar. Alguna vez me tuve que ir del trabajo, porque no podía respirar. Mi sensación era como si estuviera en una obra desescombrando, sobre todo al principio, cuando nos metieron aquí con todo el polvo de la obra, con mucha porquería». «Al no haber ventilación natural, el polvo circula de un lado para otro, y eso que por ahora el edificio no tiene muchos años, ya veremos qué pasa cuando sea más viejo», cuenta la funcionaria, que debido a esta situación en la primavera del 2016, un año después del traslado, se quedó sin voz durante un mes. Entonces fue a varios especialistas y el otorrino, que atribuyó su situación a las condiciones de su centro de trabajo, le recomendó usar una mascarilla con filtro. «Con ella puedo trabajar, si no, no podría, pero es realmente incómodo pasar todos los días la jornada laboral con ella puesta», relata la perjudicada, que en noviembre pasado, y con el apoyo del sindicato SPJ-USO, decidió poner a la administración al corriente de su situación y solicitar un traslado. En enero, y tras una queja sindical, la llamaron para un examen médico del que aún aguarda el informe. «Esperaré a ver lo que me dice la Xunta pero si no me cambian de edificio, no descarto recurrir a la vía judicial. Llegaré a donde tenga que llegar porque se trata de mi salud», advierte.

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«Con el tiempo se ha visto que cada vez la situación es peor», cuenta Francisco Javier Álvarez, responsable de SPJ-USO, sindicato mayoritario entre los funcionarios. Da fe de que son frecuentas las quejas por estos problemas y advierte de que la apertura de ventanas no beneficiaría a los trabajadores, que tienen las oficinas en sedes interiores. Recuerda que el aire acondicionado y la calefacción generan incluso conflictos entre compañeros. «Es un edificio enfermo», concluye. La ubicación y tamaño de los baños, y lo complicado de usarlos para personas con discapacidad, así como las plazas de aparcamiento también han suscitado quejas.

La Xunta dice que el edificio cumple todos los requisitos, pero encarga una auditoría energética

Muchos inquilinos del inmueble se han quejado largamente por la ausencia de ventilación natural en el juzgado, y de hecho desde la apertura del edificio ya se han tenido que hacer algunas reparaciones para solucionar este asunto. Se abrió una ventana a la calle en los locales en los que trabajan los forenses, que sufrían las comprensibles complicaciones de tener que desarrollar su trabajo sin posibilidad de tener aire fresco. También los jueces han sufrido este perjuicio y el titular de uno de los dos contenciosos presentó un informe médico al Consejo General del Poder Judicial para que le permitieran respirar aire puro durante su jornada laboral. Consiguió también una ventana, que se abrió asimismo en el juzgado de guardia.

Ahora el decano de los jueces, Leonardo Álvarez, asegura que existe voluntad de la Xunta para solucionar el problema y cuenta con que antes del verano «esté listo el proyecto para que se abran ventanas en el edificio». Desde la Xunta, sin embargo, se limitan a decir que el inmueble cumple todos los requisitos, si bien admiten que están «dispuestos a valorar propuestas». De hecho, han encargado una auditoría energética «para valorar toda las opciones». Habrá que esperar para ver qué ocurre.

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