Cincuenta años surtiendo gasolina

Tres generaciones al mando de la estación de servicio Alto do Couso


ourense

Han pasado cincuenta años desde que en 1969 Manuel Vallejo, vecino de Esgos, adquirió, -sin ninguna pretensión- lo que por aquel entonces todavía era un solar situado donde hoy está el cruce de la OU-536 con la OU-104. «Mi padre vivía en Ourense pero era de Esgos. Decidió comprar la explanada llena de árboles porque le traía recuerdos de su infancia, de cuando venía a montar en bicicleta con sus amigos por aquí» explica Maribel Vallejo, hija de Manuel. Ella es la actual propietaria de la gasolinera del Alto do Couso junto a su hijo Isaac. «La gente empezó a decir que iban a montar una gasolinera y se empezó a correr la voz. Es gracioso porque mi padre nunca tuvo esa intención pero de tanto oírlo le pareció una buena idea y la montó con Campsa», continúa Maribel. Así es como nació la estación de servicio Alto do Couso, un 2 de febrero y como resultado de una decisión espontánea que ha traído muchas alegrías a la familia Vallejo.

Su buena localización en el cruce de dos carreteras que antiguamente eran las únicas que conectaban Ourense con O Barco y con Los Milagros, y el servicio siempre cercano, han hecho que la gasolinera conserve clientes asiduos desde el primer día. «Muchos de los consumidores que vienen a repostar hoy con nosotros son los nietos de los primeros clientes de la gasolinera», afirma Maribel encantada. Ella se sumó al negocio familiar en 1996 cuando falleció su padre, con el fin de coger el relevo y ayudar a su madre para que la gasolinera siguiese adelante. Y siguió. Maribel cree que el secreto reside en la atención al público y en las ganas de hacer las cosas bien cada día. «Hemos creado una forma de trabajar muy concreta y cercana. Me gusta tener detalles con cada cliente, los que vienen siempre tienen una tarjeta especial con la que reciben distintos descuentos. También me gusta poder regalarles parasoles en verano y cuidar a los niños que vienen acompañando a sus padres con algún que otro regalito dulce», explica la propietaria.

Actualmente, por la estación de servicio Alto do Couso ya han pasado tres generaciones. La última la hizo posible la llegada de Isaac Pérez Vallejo en 1999, nieto del fundador de la gasolinera e hijo de Maribel. «No quiso seguir estudiando, por eso su padre y yo le planteamos la idea de que viniese a trabajar aquí conmigo» cuenta su madre. «A mí me gusta la atención al cliente desde que era pequeño, con 5 añitos ya me colaba en la tienda de ropa que tenían mis abuelos en Ourense, y después con 18 ya sabía que quería trabajar aquí», narra Isaac.

Superando adversidades

La empresa ha tenido que enfrentarse a numerosos cambios a lo largo de estos cincuenta años. Un ejemplo de ello fue la creación de la N-120 que pasa por Monforte, carretera que disminuyó en gran medida la afluencia de vehículos por la zona en la que está situada la gasolinera. «Por aquí pasaba todo el transporte pesado hacia O Barco. Llegamos a tener tanta clientela que mis padres decidieron abrir un restaurante-hostal justo al lado y estaba siempre lleno. Cuando se terminó la N-120, el tránsito por este cruce se vino abajo pero supimos mantenernos a flote aunque vendimos el restaurante», recuerda Maribel.

También hubo modificaciones en cuanto a las empresas de carburantes. Alto do Couso comenzó su andadura con Campsa hasta que en 1993 se pasó a Repsol y hace apenas un año la familia decidía trabajar de forma libre. «Nos daba un poco de miedo pasar a ser una gasolinera independiente de las grandes petroleras pero el cambio salió bien y seguimos teniendo los mismos clientes que antes, incluso alguno más», cuenta Isaac. Aunque tanto él como su madre afirman que han vivido tiempos mejores en los que llegaron a necesitar hasta ocho empleados, actualmente cuentan con dos personas más que completan el equipo de trabajo. «Los tiempos han cambiado pero seguimos trabajando mucho y sobre todo con clientes que nunca nos han abandonado más otros nuevos que se suman cada día, eso es lo importante. Yo espero tener nietos que continúen el legado. Ojalá sea así pero nunca se sabe», concluye Maribel.

«Manuel Fraga fue uno de nuestros clientes más habituales»

En cincuenta años, muchas son las personas que han pasado por la gasolinera del Alto do Couso, ya sea por casualidad porque les pillaba de camino, o a propósito porque eran clientes habituales. Entre esos miles de consumidores, Isaac y Maribel destacan varios rostros conocidos con los que les fue especialmente peculiar tratar.

«Manuel Fraga Iribarne cuando iba a Manzaneda o a Trives siempre paraba aquí y aprovechaba para ir al baño. Fue uno de nuestros clientes más habituales», cuenta Isaac. «Llegó a tener mucha relación con mis padres en los años setenta y ochenta», añade Maribel. También Adolfo Domínguez ha repostado en numerosas ocasiones en la estación de los Vallejo, tal y como apunta Maribel: «Es que su madre era de Trives y él iba a menudo a visitarla». Pero a esta familia también les importan de forma especial todos los clientes que llevan desde el principio a su lado. «Sin los clientes de siempre, nosotros no estaríamos aquí, son parte de la familia», coinciden ambos.

QUIÉNES SON

La madre. Es Maribel Vallejo Blanco. Se casó y tuvo dos hijos a quiénes se dedicó a criar hasta que su padre, Manuel Vallejo, fallecía en 1996. En ese momento decidió coger las riendas de la empresa para ayudar a su madre y dedicarse a algo que, desde niña, siempre le había gustado.

El hijo. Es Isaac Pérez Vallejo, de 38 años. Los estudios no eran su fuerte y decidió ponerse a trabajar en el negocio familiar ya que lo que mejor se le da es el trato personal con el cliente.

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