Como si fuesen los riñones del planeta

Desde Ourense, Ecolagunas diseña, construye y asume el mantenimiento de unas estaciones de tratamiento de aguas muy especiales: recrean los procesos naturales de depuración. ¿Cómo? Limpiando los residuos con plantas y humedales


Redacción / La Voz

Devolver al medio el agua que se utiliza empieza a ser, más que un gesto de consideración con el planeta, una apremiante obligación: el mundo se va al garete y urge ponerse las pilas para, como mínimo, atenuar el impacto. Lúcida, la naturaleza siempre ha tenido sus propios recursos: en este caso, reservaba a los humedales, a las plantas, incluso a los propios lagos y a los ríos la tarea de limpiar el agua, dejándola como nueva para su uso y consumo. Pero llegó el hombre y después las máquinas, los núcleos poblacionales, los sistemas industriales. Y la Tierra, incapaz de asumir tanta faena, dijo basta. Desde Ourense, Ecolagunas se encarga de emular esos procesos naturales de purga, y lo hace de una manera muy fiel: recurriendo a vegetales y a terrenos húmedos. Idea, construye y se encarga del mantenimiento de estaciones de tratamiento que utilizan para esta gestión del agua sistemas cien por cien naturales y sostenibles.

«En cualquier sistema de depuración de aguas residuales tienen lugar procesos físicos, químicos y bioquímicos que retienen y transforman los materiales y las sustancias que transportan, dejando el agua en condiciones de ser devuelta a la naturaleza -explica Luis Felipe Fernández, principal impulsor de este proyecto que empezó a rodar en el 2015 y hoy uno de sus cuatro socios-. En una parte importante de esos procesos intervienen bacterias y protozoos que consumen grandes cantidades de oxígeno. En los sistemas que nosotros diseñamos, el oxígeno que necesitan esos microorganismos les es suministrado por las plantas de humedales a través de sus raíces». Para que esto funcione, Ecolagunas construye en el terreno un vaso de una profundidad de en torno a un metro, que se aísla convenientemente y se rellena de piedras muy pequeñas, en donde se colocan las plantas que se van a desarrollar. El agua residual se vierte en este vaso y, después de pasar a través de él, sale depurada. «Es como un tiesto que llenamos con grava en vez de tierra, en el que ponemos plantas propias de humedales y que estamos regando constantemente con aguas residuales -ilustra-. El agua depurada es la que saldría por el fondo de ese hipotético tiesto».

En el caso de los humedales que diseña Ecolagunas, el aporte de oxígeno que se lleva a cabo a través de las plantas se ve reforzado con el que se hace por medio de un soplador que introduce aire mediante tuberías situadas en el fondo del vaso. «Con esto, conseguimos reducir un 80 % la necesidad de espacio y ello sin que aumente significativamente el consumo de energía». Los beneficios de lo que hace este equipo, actualmente formado por siete personas más 17 colaboradores externos, son por tanto fácilmente reconocibles: sus estaciones son más sencillas y más económicas que las instalaciones convencionales intensivas y, sobre todo, más respetuosas con el medio ambiente. Además, no producen olores ni atraen insectos, y se integran en el entorno. Están especialmente indicadas para su empleo en pequeños y medianos núcleos de población o instalaciones aisladas de las redes de saneamiento. Así, pueden utilizarse también para depuración de fluidos industriales, de bodegas, de lecherías, queserías, mataderos, almazaras, hoteles y cámpings, edificios de servicios aislados o estaciones de servicio. ¿Y qué pinta la tecnología en todo esto? «Es un factor clave -apunta Fernández-. Una de las razones por las que estos sistemas no han tenido desarrollo en España, al contrario de lo que ha sucedido en otros países, donde se usan desde hace más de 30 años, es que los primeros proyectos se hicieron sin contar con un conocimiento técnico profundo por parte de los proyectistas. Gracias a la tecnología, además, se han aplicado mejoras como la aireación forzada o la combinación de distintas configuraciones para alcanzar niveles de purificación cada vez más elevados o para suprimir nuevos contaminantes».

Las exigencias legales y sociales nos obligan a reducir nuestro impacto en el medio. «Por otro lado, todavía hay pendiente gran cantidad de trabajo para construir o mejorar las depuradoras en los pequeños núcleos de población».

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