«El nuevo edificio judicial iba a ser la solución, pero es una fuente de conflictos»

El  sindicalista Francisco Javier Álvarez Morais, responsable de SPJ-USO en Ourense, asegura que el trabajo en los juzgados crea mucho desgaste


ourense / la voz

Es uno de los rostros más conocidos del sindicalismo en los juzgados de la provincia. Francisco Javier Álvarez Morais (Ourense, 1967) lleva desde el 2002 en el Sindicato Profesional de la Justicia, SPJ, que en coalición con USO es la fuerza mayoritaria desde hace doce años entre los funcionarios de justicia de Ourense. También son fuerza mayoritaria en Galicia, con 18 delegados.

-¿A qué atribuye ese respaldo por parte de los funcionarios durante tantos años?

-Somos un colectivo pequeño y aquí en Ourense la gente más que a la sigla vota a la persona. Valoran que te preocupes por ellos. Cuando yo empecé tenía mucha más vocación de resolver problemas más generales y ahora con los años resuelvo más problemas particulares. Esta profesión provoca consecuencias psíquicas en muchos compañeros, debido al estrés del trabajo, los años. La gente empieza por los juzgados más conflictivos y luego va pasando a mejores plazas, y en esa trayectoria hay un desgaste personal.

-Ese estrés, ¿de qué se deriva?

-Del trabajo específico que nosotros realizamos. Pasa un poco como con los funcionarios de prisiones. Aquí tienes que atender a todo tipo de gente, ves muchas calamidades y eso va tocando a la gente. Además, en la justicia siempre ha habido cuerpos muy jerarquizados. Eso afortunadamente ha ido cambiando, pero a veces me llaman compañeros quejándose de que un juez o un secretario le ha pedido que le vaya a abrir las persianas al despacho o a regar las plantas.

-¿Cuál es la edad media de los funcionarios de justicia?

-Es alta, está por encima de los cincuenta años. Nosotros podemos jubilarnos a los 60, pero hay que cumplir requisitos que muchos no tienen, como haber trabajado treinta años. Eso cada vez es más difícil porque ahora la gente aprueba la oposición con 35 o 40 años, y hay compañeros que tienen que aguantar hasta los 70 porque no tienen los años de cotización.

-Hace doce años la principal reivindicación era un nuevo edificio. Se ha conseguido, pero sigue siendo motivo de controversia.

-Ese es el gran foco de conflicto de los últimos años. Lo que iba a ser la solución se ha convertido en una fuente de problemas. Durante la construcción del edificio nosotros, tanto como sindicato como desde la junta de personal, solicitamos que se abrieran ventanas, eliminando la reja exterior, pero no se nos hizo caso. Ahora quieren abrir ventanucos y eso no va a mejorar las cosas para los funcionarios, sino que va a ser un parche. En mi opinión se está haciendo mucha demagogia con esas obras.

-Hay problemas hasta por el aire acondicionado...

-Al principio lo que se hizo fue montar un sistema centralizado de aire acondicionado, que se cambió a raíz de la protesta de todos los sindicatos, y ahora que existen sistemas individualizados hay problemas en los juzgados. Es una constante fuente de conflicto porque es un edificio enfermo. La gente tiene que salir a la calle de vez en cuando para respirar. No aguantan estar siempre con ventilación artificial.

-¿Cuál puede ser la solución para el colapso en el decanato?

-Ahí hace falta una plantilla de cuatro o cinco funcionarios porque mueve muchos asuntos. Si no funciona el decanato no lo hace nada, porque no se turnan los asuntos, como ha estado pasando. La solución es incrementar el servicio de apoyo, con funcionarios que van cubriendo necesidades periódicas. Eso podría servir también para el juzgado de Familia. Lo que está pasando en primera instancia es que hay dos juzgados que están colapsados por el volumen de asuntos que manejan, mientras que los otros cinco restantes tienen menos. Debe haber un reparto más equitativo.

-¿Ve problemas en otras sedes?

-Hay una con gente a la que habría que hacerle un monumento, y es Instrucción 3. Son seis funcionarios que además de llevar los asuntos de violencia de género hacen las guardias normales y trabajan muchas horas, también por la tarde. Yo cuando entro allí siento vergüenza porque se me cae el alma a los pies al ver la presión con la que trabajan. Están estresados y eso hay que solucionarlo con más personal.

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