La unidad odontológica de necesidades especiales cumple tres décadas

Las intervenciones a personas con discapacidad o alzhéimer se realizan en un quirófano del CHUO con anestesia general

maría doallo
ourense

Han pasado casi tres décadas desde que Ourense estrenó dentro de la cartera de servicios de su hospital una unidad pionera que aún hoy sigue siendo una referencia asistencial. Se trata de un servicio odontológico pensado para atender a personas con necesidades especiales. Comenzó atendiendo a los alumnos del centro de Educación Especial de Velle pero poco a poco se han ido sumando otros colectivos, como mayores con alzhéimer o con otras patologías que hacen prácticamente imposible resolver sus problemas bucodentales sin someterles a un proceso de sedación con anestesia general.

Precisamente los anestesistas son pieza esencial en este servicio que dirige desde su nacimiento el odontólogo Andrés Villalón. «La colaboración de los doctores Castro, Izquierdo y Hervella ha sido siempre extraordinaria», pondera Villalón, que también agradece la ayuda de otros profesionales ourensanos de la odontología que le han acompañado en esta aventura personal en la que se embarcó nada más llegar a Ourense ya desde su consulta del centro de salud Novoa Santos.

Hoy la consulta de referencia para este servicio está en el centro de Primaria de Mariñamansa. Desde allí se les inscribe en lista de espera para las intervenciones. «Llegan con muchas complicaciones, porque son pacientes que no pueden ir a ningún otro lado. Es muy duro que no haya quien te eche una mano», reflexiona el odontólogo para explicar su empeño en mantener el servicio que se desarrolla en un quirófano del CHUO y que, aunque comenzó siendo una vez por mes, ha ido incrementando su actividad. «Actualmente lo hacemos una vez por semana y solemos citar a dos o tres pacientes cada día», explica el odontólogo.

Andrés Villalón cuenta que por este servicio han pasado pacientes no solo de Ourense. «Hemos atendido a pacientes ya no solo del resto de Galicia sino también de otros puntos de España: gente que se desplazó desde Canarias, desde Andalucía, desde Valencia», matiza. «La verdad es que tampoco tuve nunca problemas con las direcciones del hospital, a pesar de que era algo que no tenía precedentes, ni en Galicia ni en España», apunta, recordando que «aún hoy no hay nada similar en ningún hospital gallego y vienen de Vigo, de Ferrol...», afirma.

Relevo

Andrés Villalón cumplirá pronto 66 años y, especialmente desde el colectivo de padres de niños con discapacidad intelectual, hay preocupación por la continuidad del servicio si decide retirarse. Él reconoce que ha pensado más de una vez en que va siendo hora de jubilarse pero, de momento, sigue en ello «porque hay que esperar a que llegue el relevo; alguien con voluntad de asumir esta asistencia, que esté dispuesto a coger el testigo. No me cabe duda de que lo habrá porque es una auténtica necesidad pero hasta entonces yo me quedo», señala. Villalón mantiene que la formación de este servicio fue principalmente por inercia y que ahí recae la importancia que supone hoy en día: «En la seguridad social tuve un paciente minusválido y no sabía qué hacer, de ahí surge la unidad». En el capítulo de agradecimientos, Villalón no olvida tampoco a las entonces Caja de Ahorros de Ourense y Vigo (después Caixanova) y Caixa Galicia, gracias a cuya colaboración se montaron los equipos necesarios.

Ahora opera cada martes a personas con diagnósticos y requisitos previos muy diferentes y, en numerosas ocasiones, muy frecuentes. Desde pacientes con alzhéimer terminal a mujeres que han sobrevivido a un infarto.

«El servicio tiene que existir porque puede necesitarlo cualquiera en algún momento»

Andrés Villalón fue uno de los primeros en darse cuenta de la necesidad que suponía un servicio como el que actualmente dirige. Personas con cualquier tipo de discapacidad, cardiópatas, diabéticos, pacientes con sintrón... necesitan una atención especializada por la complejidad de sus casos. «La importancia del servicio es inimaginable. Tiene que existir siempre ya que cualquiera puede necesitarlo en algún momento», explica el odontólogo. Aunque en muchas ocasiones se trata de personas con discapacidades congénitas, hay muchos otros pacientes de riesgo que pueden requerir esa atención específica en el transcurso de su vida. «Hablamos de las necesidades de un hombre que ha tenido un infarto y lleva tres años sufriendo dolores porque necesita que le saquen una muela», relata Villalón. También explica que el caso que más le llamó la atención fue una operación múltiple: «Tuvimos que trabajar de forma conjunta dermatólogos, oftalmólogos y yo». Cuenta que la cooperación fue fundamental a la hora de sacar adelante un caso como ese. «Cuando vi al paciente, fui llamando uno a uno a mis compañeros del resto de especialidades que se requerían y lo operamos sin programar. Cooperamos todos y el resultado fue excelente», narra.

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