El campanario de la Catedral se abrirá a las visitas turísticas

También se podrán recorrer, a largo plazo, las cubiertas exteriores del templo

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Visita guiada a la catedral de Ourense y a la torre del campanario Visita guiada a la catedral de Ourense y a la torre del campanario

Ourense

«La más antigua de las ocho campanas que tiene esta catedral data del año 1700, aproximadamente, y todas son de bronce. Cada una de ellas tiene un nombre y solo se tocan para anunciar el comienzo y el final de las misas. Hace bastantes años ya que no se repican a mano, ahora hay un sistema mecánico», afirmó Eva Expósito, historiadora del arte y arqueóloga, tras el recorrido por el campanario del templo mayor de Ourense.

La de ayer fue una jornada especial por inusual. Más de un centenar de ourensanos pudieron subir, por primera vez, hasta lo alto de la torre divididos en cuatro turnos diferentes que se programaron entre el Obispado y el Gobierno municipal. Estuvieron en todo momento acompañados de la historiadora y de uno de los técnicos de turismo del Concello para explicarles la importancia de lo que iban a descubrir.

No solo de instrumentos de metal se compone esta estructura. Antes de llegar a la cumbre -desde la que las vistas de la ciudad en 360 grados son inigualables- los visitantes, en su gran mayoría nacidos en la capital, descubrieron espacios del templo hasta ahora ocultos a los ojos de todos.

Aprendieron que la torre es medieval en su estructura, que está embutida en un cuerpo exterior renacentista y que esconde numerosas marcas de canteros. «La catedral tiene todavía un amplio contenido arqueológico sin estudiar. Fueron muchísimas las personas que trabajaron aquí por el período de tiempo tan amplio que requirió su construcción», explicó mientras señalaba círculos, cuadrados y letras que los que trasladaron y colocaron las piedras dejaron impresas en ellas para poder cobrar por su labor.

Antes de llegar a lo alto del campanario, los afortunados que consiguieron hueco en alguna de las visitas pudieron observar gran parte del templo desde la zona alta en la que se ubica el órgano, comprobando el juego de luces y sombras que se producen por la construcción inferior -románica- en la que apenas entra el sol y la superior -gótica- en la que las cristaleras y la luminosidad cobran protagonismo.

También pasaron por la zona en la que residía el campanero -una estancia pequeña a media altura de la torre- en la que se guarda un tenebrario del siglo XV. Se trata de un candelabro de forma triangular con quince velas, dispuestas escalonadamente, que se iban apagando progresivamente durante el oficio de tinieblas en Semana Santa.

«Del Pórtico del Paraíso hay que resaltar tres cosas muy importantes. La primera es que es una copia del Pórtico de la Gloria porque por aquella época todas las ciudades de Galicia querían imitar al templo santiagués. La segunda es que no es del Maestro Mateo, al contrario de lo que se piensa, porque se hizo cincuenta años después que el de la capital gallega, así que seguramente sería obra de algún discípulo suyo. Y la tercera es que este sí conserva su policromía original, mientras que la del Pórtico de la Gloria tuvo que hacerse nuevamente casi por completo», instruyó a los presentes el técnico de turismo, José Ramón Gómez.

Sobre el Santo Cristo y el Altar Mayor también se llevaron información los curiosos. «Empezaron a llegar tantos devotos marineros haciendo ofrendas que decidieron hacerle una capilla a él solo en el siglo XVI que se amplió en el siglo XVII que, como curiosidad, les diré que se construyó torcida porque si no se invadía la casa de los marqueses de Bóveda de Limia. De hecho tuvieron que indemnizarlos», apuntó tras hablar de la decoración realizada por los artistas barrocos Domingo de Andrade y Castro Canseco.

«Lo mejor es la panorámica de todo el templo visto desde donde está el órgano»

En cada turno de las visitas programadas la media de inscritos fue de 15 personas. Isabel Gil, ourensana, fue una de ellas. Nunca había tenido la oportunidad de subir al campanario del templo. «En cuanto me enteré me apunté para la primera hora de las visitas que había a las once de la mañana, por si acaso», contaba emocionada después del susto que dio el repique de las 11.30 horas en lo alto de la torre. «Llevo setenta años aquí y nunca la había visto por dentro. Y lo que más me gustó es la panorámica de la catedral desde donde está el órgano. Se lo recomendaría a todo el mundo», añadió.

«La visita es extraordinaria. Es una pena que no se promocionase antes, sobre todo por los que somos de aquí y no pudimos conocerlo hasta ahora», se lamentaba Antonio Cuña, otro de los curiosos que no dudó en apuntarse al recorrido con un grupo de familiares y amigos. «Impresiona pensar que lo que se vería desde aquí cuando se construyó la Catedral era todo campo y casitas bajas de una planta. Esperemos que se repita con más asiduidad para los que se hayan quedado sin poder venir», imaginaba bajo las ocho campanas con los ojos puestos más allá de las rejas de seguridad instaladas.

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