«A min non me entra na cabeza, porque o cura parece boa xente»

Los vecinos de Seixalbo admiten estar sorprendidos después de que el Obispado de Ourense comunicase al Vaticano un supuesto caso de acoso a un menor protagonizado por el sacerdote de esta parroquia


Ourense / La Voz

Los alrededores de la parroquia de San Breixo, en Seixalbo (Ourense), amanecían con una noticia que conmocionó a los vecinos por inesperada y espinosa. El párroco que lleva más de diez años oficiando sus misas (M. V. D.) era retirado de sus funciones sacerdotales por un supuesto acoso a un menor. La diócesis comunicaba, a última hora de la tarde del viernes, que «un presbítero de edad avanzada, con cargo pastoral, está en proceso de investigación en relación a un presunto caso de acoso a un menor a través de redes sociales».

«O ano pasado fomos a Fátima con el e con outro rapaz que mañá nomean diácono, e son os dous encantadores. A min non me entra na cabeza, porque é un señor encantador e moi maior. Pode pasar, claro que si, porque todos cometemos erros e eu non podo poñer a man no lume, pero parece moi boa xente», explicaba ayer Julia Pérez tras salir del cementerio contiguo a la iglesia. «Estou que se me pinchan non me sae sangue», describía mientras en el interior del templo se celebraba un bautizo oficiado por el diácono que se ordena y un cura de la parroquia de San Pío X. «Agora, sexa verdade ou non, o mal xa está feito para os dous», apuntaba otra vecina desde la ventana sin querer dar su nombre.

El presidente de la asociación de vecinos San Breixo, Xosé Carballido, calificaba la noticia como de «unha sorpresa moi desagradable» y destacaba que el cura no vivía en la zona ni hacía vida social en Seixalbo. «Igual quedaba ao vermú despois da misa dos domingos pero nada máis». «Era un home moi maior e que parecía tranquilo. Ademais, custáballe falar porque tivo un ictus hai anos e semella raro que empregara as redes sociais para acosar. Leva tempo dicindo que quere retirarse, por iso nos estrañou», explicaba.

Una vez puestos los hechos en conocimiento de las autoridades competentes, se abren dos vías de actuación paralelas: por un lado el procedimiento judicial y, por otro, la investigación canónica. En este sentido, el párroco no ha sido detenido, pero deberá prestar declaración en los próximos días ante un magistrado de instrucción. En cuanto al camino que el Obispado debe seguir ahora, lo primero ha sido comunicar la suspensión del sacerdote respecto de sus funciones a la Santa Sede, en Roma, algo que confirman ya se ha hecho.

Además, el obispo, Leonardo Lemos Montanet, deberá designar a una persona -hombre o mujer- experta en derecho canónico para que realice un informe con todos los datos posibles que finalmente deberá remitir al obispo nuevamente.

No existen plazos máximos ni mínimos de tiempo para la investigación canónica y será Montanet quien tendrá que juzgar el resultado de dicho informe y ponerlo en conocimiento de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Los castigos dependerán de los hechos que se demuestren y pueden ir desde la suspensión del estado sacerdotal (el más grave), hasta las restricciones leves como poder oficiar misa únicamente en privado.

Según diferentes fuentes consultadas por este periódico, el párroco permanece ingresado en la Unidad de Cuidados Intensivos del CHUO, tras darse a conocer la noticia, por causas sin concretar. El Obispado declinó hacer más declaraciones.

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