De Bilbao a Ourense


Ypasando por Melilla, nada menos. La piel de toro se le queda pequeña a Gonzalo García de Vitoria a la hora de vivir el baloncesto. Después de leer las cifras -mareantes y meritorias- que mi compañero Jacobo Rodríguez publicó en la edición que abría esta semana teñida de entroido, vino a mi cabeza mi primer encuentro cara a cara con el entrenador vasco.

A sabiendas del perfil profesional de un técnico que gozaba ya de notable prestigio en categorías LEB -incluido el ascenso con el COB que desgraciadamente no se materializó en los despachos-, bastaron unos pocos minutos para detectar que Gonzalo añadía a su trabajo ese punto de pasión que distingue quienes buscan algo más que un salario, cada vez que firman un contrato.

La imagen del entrenador aferrado a las estadísticas que dicta un sistema informático también la rompió Jacobo al incidir en que García de Vitoria desconocía muchos de los números que le iba planteando, entre los cuales las cien victorias en el banquillo cobista van sustentadas por un alto porcentaje de triunfos como visitante, estadística que se incrementa sobre todo en el curso actual.

Pero más allá de los resultados y aunque el entrenador es el primero en entender que depende de ellos, Gonzalo es hombre de proyectos. Por eso agradece el margen de confianza con el que ha contado en Ourense. Solo así, aquel niño que aprendió baloncesto de su padre, jugó en la calle y en las pistas, fue árbitro y hasta fundó un club, es capaz ahora de mover la batuta cobista, con el cinturón apretado. Enhorabuena, coach.

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