El comercio local se reivindica en la calle

Una multitud recorrió el centro de Ourense para pedir menos impuestos y control de rebajas


ourense / la voz

El comercio ourensano cerró y el centro de la capital ourensana oyó las protestas de los autónomos que resisten con sus negocios abiertos a pesar de que cada vez tienen más frentes que atender. La concentración partió de la subdelegación y continuó hasta la plaza Mayor, con centenares de personas marchando y coreando los lemas que unen a los comerciantes en sus peticiones de que se reduzca la presión fiscal sobre este sector y que se regularicen las rebajas y las compras por Internet.

Piden acabar con el sistema actual de rebajas libres sin períodos definidos, poner un gravamen a la venta online y, a nivel local, que se reduzcan los tributos y tasas. Participaron comerciantes del centro, de los barrios y de las villas. Desde vendedores de ropa hasta loteros, desde ortopedas hasta floristas.

«Lo que más daño nos hace son las rebajas y los fabricantes que venden directo», decía Juan Rodríguez, cuya mujer, Alexia Ramos, tiene un comercio de ropa en la calle del Paseo. Los altos alquileres son otro problema, también en el barrio de A Ponte. Las rebajas, las compras por Internet hacen daño y el Concello «non axuda moito», indicaba una lotera. «Cada vez hai máis comercios cerrados e no parque da Ponte a xente vén preguntar e non hai quen lles informe onde poden alugar», opina. En O Vinteún, hubo un importante seguimiento y movilización del sector.

En Xinzo y Verín ya hicieron protestas y cierres como el de ayer en la capital. En Verín se siguió la protesta de cierre del comercio, indicaba José Ángel Rodicio. Los problemas son comunes, quieren competir en igualdad de condiciones y cree que los pagos actuales están «asfixiando ao comercio local». Para Verín, en el plano local reivindican que se desarrolle el polígono industrial de Tamagos. En Xinzo, Teresa Martínez, presidenta de la asociación de comerciantes locales, explica que el mes pasado hicieron un simulacro de cierre y parece que «a xente tomou conciencia». Cree que la problemática es común aunque a villas como a Xinzo también les hace daño la cercanía con las grandes cadenas que hay en la ciudad.

Desde Ribadavia llegó un autobús lleno de comerciantes para sumarse a la concentración. Se quejan de falta de iluminación y limpieza en calles de la villa o de que se han perdido industrias como la del ataúd o falta más reversión de inversiones del sector del vino. Las rebajas en temporada en el textil hacen daño porque el pequeño comerciante no consigue vender su mercancía a tiempo y con margen para pagarla. «Debería haber un control de las rebajas», expone una mujer.

 

«En el comercio on line existen ventas fraudulentas»

 Beatriz Salgado es, junto a su hermana Marta, la propietaria de Utopía, una pequeña tienda de joyas y complementos situada en la calle Santo Domingo. Forman parte de la asociación Comercio Vivo y a través de ella pretenden impulsar la evolución de los negocios locales.

«El comercio local mueve la economía de la ciudad, tarde o temprano ese dinero vuelve y repercute en Ourense», afirma Beatriz. Considera que tan importante como la actualización del sistema de comercio, es la sensibilización del cliente con este problema que afecta a toda la provincia.

Uno de las principales preocupaciones de propietarios de tiendas como Utopía es la venta por Internet. «En el on line han surgido ventas fraudulentas. Si detrás de esas ventas no existe una tienda legalizada, estamos hablando de un negocio en negro y lo que queremos es que se regularice esta situación», aclara la empresaria.

Existe bastante confusión a este respecto ya que numerosas pequeñas empresas apoyan su negocio, precisamente, a través de la web. Se trata de una herramienta fundamental de crecimiento en este sector si se usa de forma lícita ya que permite llegar a mucha más gente. Sobre esto, añade Beatriz: «No solo es la tienda física la que se apoya en una venta por Internet, sino que también se da el caso contrario. Actualmente son muchas las marcas de joyas, por ejemplo, que nacieron en Internet y ahora empiezan a ver un incremento de sus beneficios gracias al trato personalizado que reciben sus clientes en los puntos de venta».

«Hay que evitar que Ourense se convierta en una ciudad fantasma»

Es muy amplia la cantidad de consumidores ourensanos que ponen especial atención sobre en dónde realizar sus compras, escogiendo preferiblemente para ello, al pequeño comercio de la ciudad. Que el dinero se quede en «casa» es una de la premisas que más tienen en cuenta los vecinos de la ciudad a la hora de adquirir productos de textil, calzado o complementos.

«El flujo de dinero que se genera con el comercio local es lo que da vida a las ciudades y evita que Ourense se convierta en una ciudad fantasma», afirma Juanjo Sánchez, cliente de una de las tiendas de la zona vieja. Para Juanjo se trata de un problema mayor: «Nuestros políticos tienen gran parte de culpa de que el comercio local se muera porque no regulan las rebajas y eso hace que mientras los grandes fabricantes empatan unas ofertas con otras, los pequeños propietarios tengan que vender a precios habituales porque no pueden permitirse bajarlos constantemente».

Esta polémica no se queda aquí, sino que se hace más latente en zonas del interior de la provincia. Marga Vázquez, clienta natural de Maceda, explica que en su municipio se hace imprescindible el apoyo al mercado local: «En Ourense este apoyo es importante, pero en un pueblo o en una villa es fundamental que se consuma en comercio local porque sino se mueren los negocios, se dejan de generar servicios a su vez y por tanto la gente se marcha a las ciudades».

Aunque la apertura de grandes superficies es cada vez mayor, los consumidores advierten las diferencias existentes entre un tipo y otro de mercado. «La atención personalizada, la paciencia cuando dudas o incluso la posibilidad de devolver un producto que está en mal estado hacen que siempre quiera volver a las tiendas en las que compro. Que te atiendan cada día con una sonrisa se ha de valorar más», cuenta Marga. Con respecto a los períodos de rebajas, esta clienta también deja clara su opinión: «Los descuentos 365 días del año me parecen una tomadura de pelo, si vendes un producto bueno, tendrás que valorarlo como tal y venderlo a un precio estipulado, porque si no es inviable».

«La única forma de salvar el negocio es tener variedad»

Héctor Rojas abrió su tienda de fotografía hace catorce años en el barrio de O Vinteún. Desde entonces, notó un bajón en el comercio local. En su caso, vivió la transición de lo analógico a lo digital. Los fotógrafos que antes hacían decenas de bodas al año ahora las cuentan con los dedos de una mano. El intrusismo es otro problema en su campo y la competencia del móvil y de las aplicaciones. La gente ya no pide más que un par de imágenes reveladas. Para contrarrestar esta caída de pedidos, explica que optó por meter «veinte servicios en mi tienda. La única forma de salvar el negocio es tener variedad. Me adapto a las tecnologías de impresión, revelado o diseño», dice.

En O Vinteún, ha promovido la recuperación de la feria del barrio y cree que la zona se ha revitalizado. «Allí se han incrementado el número de negocios, en el centro falta algo así que promocione, en O Vinteún el día de feria hay artesanos, joyeros, se incentiva el mercado. El barrio está bien servido, lo que falta es una zona de ocio, un buen parque público», considera. Del lado negativo, cree que en su barrio también hay «alquileres abusivos». En su caso paga 900 euros al mes, lo que implica, afirma «hacer muchas fotitos». A ello se añaden los gastos crecientes de luz, basura o Internet.

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