«Yo era incómodo para los profesores»

Devane se define como vago, pero su maestro recuerda su interés y su gran creatividad


ourense / la voz

 Mon Devane, el artista urbano de moda, no se esconde: «Siempre fui muy vago y muy mal estudiante». Lo dice con tal contundencia que parece acusar a otro; tal vez a Ramón Conde-Corbal Varela (Ourense, 1985), el nombre que figura en su carné de identidad y bajo el que se forjó como persona, como alumno e, inevitablemente, como profesional. No oculta su mal cartel de juventud pero, ahora, insiste, «soy muy serio y muy cumplidor».

No es difícil imaginar a un Mon veinteañero en el ambiente de la Escola de Arte e Superior de Deseño Antonio Faílde. En este centro de A Cuña cursó Gráfica publicitaria, Ilustración y Diseño gráfico, tres modalidades distintas con su correspondiente carga de cursos, materias y trabajos. «Eché como ocho años en esta escuela», recuenta ante Armando García Ferreiro (Lugo, 1965), el profesor que le abrió ventanas y que, asegura, le cambió la manera de mirar.

Antes de ese Rubicón, Mon fue un alumno de expediente poco lustroso. Comenzó su vida académica en el ya desaparecido colegio Belén y en quinto pasó a Salesianos, donde finalizó Bachillerato: «Entonces me gustaban la

Plástica, la Educación Física, las marías, vamos... Pero también la Historia y la Historia del Arte. ¡Pero tuve tan malos profesores! Yo era gamberrete y eso lo mezclaban con mi nivel de exámenes».

Y recuerda en este punto una nota de 0,5 en una prueba de Historia que se le ha quedado clavada como ejemplo de injusticia: «Ese tipo de profesores me desmotivaban por eso yo no estudiaba ni hacía nada. Yo era muy inquieto, cuestionaba, hablaba mucho en alto… Realmente, era incómodo para los profesores».

«Eso ocurre con cierta frecuencia en el mundo de la enseñanza», tercia Armando. Y Mon vuelve a clavarla, demoledor: «Para que un profesor me lea el libro en clase, me lo leo yo en mi casa». Esa etapa de mal estudiante, relata, lo condujo finalmente al camino, a su camino: «Después de Selectividad me hubiera gustado estudiar Comunicación Audiovisual, pero la nota de acceso a esa carrera era muy alta así que nada. Y, entonces, mi padre dijo que no podía estar un curso sin hacer nada y me habló de la escuela Antonio Faílde».

Fue una flecha bien dirigida para un Mon que ya llevaba algún tiempo haciendo grafiti. Llegar a la Escola de Arte e Superior de Deseño de Ourense le hizo cambiar la imagen que tenía de sí mismo: «Era como ser alternativo; no eras la gran masa que se va a hacer Empresa. Te sentías más bohemio. Te comparabas con amigos y decías: ¡Qué suerte!».

Todo fue importante en la escuela: desde la libertad del espacio al encuentro con profesores como Armando, que le dio Fotografía Publicitaria. «Sus clases -dice- eran mucho de estudiar fotos, de analizar y de debatir. Me gustaba mucho el debate que se montaba en la clase y que yo extrapolo a la vida en general. Armando nos daba lecciones de vida, útiles también para el posterior camino profesional: cómo presentar proyectos, cómo hablar con el cliente… Y también pequeñas lecciones morales. Yo veía que era un educador, no una persona que aprobó una oposición para ganarse la vida. Era una persona implicada en la enseñanza, con clases muy prácticas y muy interesantes».

Era el curso 2009-2010 y Armando estaba recién llegado a Ourense. Del grupo de Devane recuerda la mezcla de edades «y eso fue muy productivo. Mon tenía más experiencia y se notaba en las exposiciones públicas. Era un grupo muy participativo y Mon, una persona comprometida, muy interesada por aprender y por las novedades; no tenía demasiado interés por las repeticiones de cosas sino por cosas nuevas. Se aburría con el trabajo repetitivo que necesitaba varias sesiones. Su objetivo no era aprobar sino investigar lo que podía haber ahí». Esa actitud, resalta, no era un problema. Al contrario, «ayudaba mucho en el aula. Mon era una fuerza a favor de la clase, del grupo, del ambiente».

 «La verdad es que si tuviese un hijo como yo estaría un poco preocupado»

 A Armando no le sorprendió el éxito profesional de Mon Devane. Recuerda, como indicio, un trabajo de fin de curso que buscaba utilizar la fotografía en el mundo real. Mon diseñó una campaña para una tienda de deportes de un amigo promocionando la temporada de nieve. «Consiguió una imagen totalmente publicitaria; tenía ya entonces una implicación muy profesional con el mundo real», destaca el profesor.

Y todo ello adobado con una potente sociabilidad: «Siempre estaba en ebullición; era un tipo muy abierto, dicharachero. El trato personal con él era muy fácil».

Aun así, Mon Devane o, tal vez, Ramón Conde-Corbal Varela, vuelve a fustigarse: «Me arrepiento de no haber aprovechado más las clases porque eran ventajas que te daban. La verdad es que, si tuviese un hijo como yo, estaría un poco preocupado».

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