El virus de la vejez

Isaac Pedrouzo ESTO NO ES OREGÓN

OURENSE CIUDAD

Santi M. Amil

05 ene 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

Es cierto que no todas las enfermedades se contagian o matan del todo.

La sífilis, por ejemplo, se instala sin acabar contigo porque sino no tendría de qué alimentarse, te consume poco a poco. Para su propio beneficio. A veces indolora. Inadvertida.

Como Pablo Motos.

Y uno aquí ya no sabe si es por el frío asfixiante del aire que te cruza cada mañana al subir la Avenida de La Habana, o por el calor que se te cala dentro unas pocas horas después al regresar por el mismo sitio, si algo tendrá que ver el olor flotante a laca y cardado que te persigue calle abajo por Bedoya, pero el caso es que, en un despiste, aquí en Ourense, puedes enfermar de vejez.

La vejez no se trata ya solo de una cifra.

No tiene que ver con la invasión despiadada de las canas, o por su ausencia total en otros casos. La vejez ahora se contrae por la calle, sin pedirte permiso. Empiezas a llamar a los bares por su antiguo nombre, uno que ya no lucen desde años, como el Charol o la Bull, como el Capital. Y la gente alrededor, la que todavía no se ha contagiado del virus envejecedor, asiente con el tipo de gesto que tú antes utilizabas con las personas mayores.