«Nunca se debe actuar acomplejado»

Jorge Temes confiesa que «no sabría hacer otra cosa que no fuera dedicarme a la abogacía»


ourense / la voz

Se va Jorge Temes Montes (Ourense, 1952) hasta el año 1986 para recordar uno de sus primeros asuntos con repercusión pública más que notable. Un caso mediático, se dice ahora más que entonces. Juzgaban en la Audiencia Provincial a cuatro sindicalistas. La expectación era grande. El defensor tenía en frente, para aquel pulso, a un peso pesado como era el fiscal Ramón García-Malvar, que acusaba de coacciones y daños por unos incidentes ocurridos durante una jornada de huelga en junio de 1984. Se discutía el papel de los piquetes en aquella ocasión. No solo logró el abogado un éxito profesional con la absolución de sus clientes, sino que, a la vista de cómo se había desarrollado el juicio, el ponente -que era el magistrado Daniel García Ramos, que pocos años después había pasado al Tribunal Superior de Galicia- redactó la sentencia en gallego, lo cual era una absoluta novedad.

Lo normal hubiera sido que Jorge Temes siguiera la tradición familiar y estudiara Medicina. Pero no fue así. Aún no sabe exactamente las razones, pero acabó dando la espalda a las ciencias y, casi sin querer, tanteó Derecho. Y tan enganchado se siente con el ejercicio profesional que, según ahora admite, «no sabría hacer otra cosa que no fuera el ejercicio de la abogacía».

No se conforma con reivindicar el orgullo por el trabajo que hace, sino que va un poco más allá. Con una experiencia vital que lo ha llevado a ejercer en foros diferentes y con letrados de renombre, al lado o enfrente, afirma que «en Ourense estamos a la altura de los mejores».

Entre las máximas que transmite a quienes reciben sus enseñanzas, antes en la Escuela de Práctica Jurídica Pérez Ávila y ahora en el máster de la abogacía, en la Facultad de Derecho, está la autoestima colectiva. Por estudioso, experimentado y curtido en el estrado, su autoridad está fuera de duda. «A los alumnos les digo que nunca se puede actuar acomplejado», afirma, rotundo, tras haber comprobado en ocasiones cómo algunos compañeros se arrugan y se dejan impresionar con facilidad, según el lugar de procedencia del profesional que tengan al otro lado.

En un escenario de trabajo como el suyo, en el que la información está al alcance de quien sepa llegar a ella, cree que «es difícil inventar la pólvora: el que logra los mejores resultados es el que más trabaja los asuntos». El observador ve con frecuencia a letrados que acuden con lo puesto y a otros que llegan a una declaración, o a una vista, con el trabajo bien hecho, con los asuntos bien estudiados. Y eso se nota. «Ir con los deberes hechos es fundamental, sobre todo por uno mismo. No se preparan mejor las cosas, cuando hablamos de asuntos más mediáticos, por estar en ese entorno, sino para quedar satisfecho contigo mismo».

Jorge Temes es, fundamentalmente, penalista. Reconocido y respetado, en los últimos años ha visto crecer en el despacho los asuntos de perfil político. Pokémon y demás: todos lamentablemente atascados. «Lo de Lugo, sobre todo, es un despropósito», lamenta, incómodo ante la falta de avances para acabar con la incertidumbre de los afectados.

Tiene su perfil, su conciencia y sus simpatías, pero ello no lo limita para aceptar casos o clientes. El profesional, cree él, debe hacer abstracción del entorno y del asunto, para centrarse en el trabajo. «Por más escabroso que sea un caso, siempre hay que recordar que es otro quien juzgará», dice el abogado, que, precisamente por esa intervención ajena, aclara que nunca rechazó un caso por razones morales o prejuicios. El derecho de defensa es sagrado. Cuestión aparte, matiza, es «que el abogado haya tenido algún tipo de participación en el asunto que se va a juzgar, como pueden ser algunos de carácter económico, o fiscal: quizás ahí se pueda ver comprometido».

Por voluntad propia decidió anclarse en Ourense, donde ha desarrollado su actividad profesional, pero no por ello dejó de acudir allá donde lo llamaron, bien para trabajar en foros diferentes, o para acompañar a clientes que debían acudir a otros lugares. Por ello, la presencia en Ourense de letrados procedentes de otros pagos, con quienes ha compartido estrado y en ocasiones estrategia, le permite reafirmarse en su creencia de que «aquí siempre hemos estado, por lo menos, a la altura exigida».

Tantos años de actividad como acumula el abogado Temes Montes le han dado un gran conocimiento del medio. A la hora de referirse a personas que le inspiran respeto cita a Alfonso Pazos, compañero, colegiado número 31, que se mantiene activo y en ejercicio a sus 85 años, lúcido y siempre fiel a sus principios. Sin olvidar a Carlos Cerviño, en cuyo despacho se estrenó, tampoco deja pasar la ocasión de referirse al fiscal Fernando Seoane, de quien, según sostiene, aprendió el arte del interrogatorio, del cual era un verdadero maestro.

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