Condenado por hostigar a su expareja para tratar de recuperar la relación

La llamó y la acechó a la puerta de su casa prácticamente cada día durante un mes


ourense / la voz

Hasta 33 veces en un solo día llamó Alfredo Javier R. V., 49 años, a su expareja. Habían roto por iniciativa de la mujer en junio del 2017. El hombre no aceptó de buen grado la situación, por lo que durante un mes ejerció un proceso de «incesante hostigamiento», como lo califica una sentencia del Juzgado de lo Penal 2 de Ourense. Sufrió la víctima «continuas visitas en su domicilio de O Carballiño, seguimientos a todas partes y llamadas telefónicas y mensajes de guasap por parte del acusado, quien, con su incesante hostigamiento, provocó que M. viva en una situación de constante intranquilidad y nervios», según la sentencia.

Entre el 6 de junio y el 7 de julio del 2017 hizo el acusado 282 llamadas al teléfono de la perjudicada. No se limitaba al acoso telefónico, como detalla la sentencia, sino que «con frecuencia prácticamente diaria acechaba a la puerta de su casa, le deja notas manuscritas en el portal y la seguía a donde quiera que ella fuera, causándole de ese modo un constante desasosiego y una creciente desazón».

«Y pusiste tacones: ooh»

Un episodio ocurrido el 16 de junio resulta ilustrativo. Aquel día se había desplazado la víctima a Ourense. Mientras cenaba con amigas recibió un mensaje telefónico en el que le decía «y pusiste tacones: ooooh». La siguió por varios pubs. De regreso a O Carballiño, las adelantó y frenó posteriormente, para obligarlas a reducir la velocidad. Se coló el acusado en el garaje de la mujer, bloqueó el ascensor y cuando ella regresó a su coche, se coló en los asientos traseros, que abandonó, al verla asustada. «Como estás moi nerviosa, déixote», dijo, según cita la sentencia.

De este último incidente, dice la jueza que «por muy benévolos que queramos ser a la hora de interpretar lo sucedido, no hay forma de explicar dicho episodio como no sea enmarcándolo en otro acto más que evidencia claramente la actitud de acoso y hostigamiento que desplegó hacia la denunciante, que finalmente se vio obligada a formular una denuncia que culminó con la imposición al acusado de una orden de alejamiento y prohibición de comunicación».

Pondera la sentencia como prueba de la voluntad del acusado para controlar a la mujer el hecho de que en una ocasión llamara por teléfono a una amiga para preguntar si estaban juntas. Solo así, entiende la jueza, «se concibe el atrevimiento de llamar a una persona a la que no conoce de nada para saber qué hacía la denunciante».

Fueron, según aclara la sentencia, «llamadas, mensajes y apariciones» que se produjeron «todos y cada uno de los días desde que se produjo la ruptura» hasta el momento de la denuncia.

Al considerar censurable el proceder del acusado, la jueza cree que excede de la simple molestia o incomodidad, como sugería la defensa. La perjudicada confesó haber desconectado el teléfono fijo de su casa, para evitar el acoso, que le resultaba especialmente incómodo cuando sus hijas estaban en casa. La «gravísima alteración» de la vida cotidiana hizo que, por ese afán de marcar distancia, se le pasaran actuaciones profesionales.

El acoso insistente y reiterado, delito desde el 2015

El Código Penal introdujo en el 2015 el articulo 172 ter para responder al fenómeno llamado «stalking», delimitar la figura delictiva y castigas a quien «acose a una persona llevando a cabo de forma insistente y reiterada» acciones como las de este caso. La pena se ha fijado en noventa días de trabajos en beneficio de la comunidad, o un año de prisión, y tres años de alejamiento.

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