Una veterinaria con sed de ver mundo

Susana Santos trabaja en un refugio de animales de Phnom Penh, en Camboya


redacción / la voz

Lleva la diáspora en la sangre. Hija de ourensanos emigrados a Suiza, nació en Payerne (zona francófona) hace 32 años y pasó su infancia en el país alpino. A los 9 años retornó con su familia a Ourense, «los dos primeros años vivimos en el barrio del Couto y luego nos mudamos a Seixalbo». En aquella época pasó por varios colegios de la ciudad, cursó ESO en la Universidad Laboral y bachillerato en el Otero Pedrayo. Después se trasladó a Lugo para formarse y convertirse en Veterinaria, tras un año de Erasmus en Wroclaw, Polonia.

«Siempre tuve presente la idea de vivir fuera de España y, especialmente el deseo de volver algún día a Suiza». Así que, tras terminar la carrera y hacer un año de internado en el hospital veterinario Rof Codina de Lugo, solicitó varias becas Leonardo (destinadas a recién titulados que quieran trabajar en empresas europeas) y pasó varios meses en Lisboa. Al regresar, año 2012, la crisis hacía fuertes estragos en todos los ámbitos y el de la veterinaria no estaba ajeno, así que tomó la decisión de volver a emigrar.

«Por aquel entonces Inglaterra ofrecía muchas oportunidades laborales en mi sector y fue bastante fácil encontrar un puesto de prácticas en una clínica». De lunes a viernes trabajaba de voluntaria y los fines de semana de camarera en un restaurante. Pronto llegó la primera recompensa, en forma de contrato laboral de veterinaria en Scarborough, un pueblo situado al norte de Inglaterra. Allí estuvo dos años, pero Susana seguía soñando con volver a Suiza y la amenaza del país de cerrar las fronteras a la emigración precipitó su decisión de cambiar de destino. En el año 2014 se mudó a Ginebra, donde trabajó durante cuatro años.

Y después ya llegó el gran cambio de rumbo. Susana estaba a gusto en Ginebra, pero quería un cambio laboral, nuevas oportunidades, «buscaba algo diferente de la clínica de pequeños animales, sector en el que había trabajado hasta entonces». Decidió tomarse un tiempo para reflexionar sobre lo que quería para su vida, pero se topó con una oferta laboral en un país al que precisamente pensaba viajar: «Vi una oferta en Facebook que se buscaba veterinario para un refugio de animales en Camboya y sin pensarlo demasiado mandé mi candidatura».

El pasado verano saltó de Ginebra a Phnom Penh, «Suiza es probablemente de los más opuesto a Camboya en cuanto a… ¡Prácticamente todo!», confiesa. En cualquier caso, su desconocimiento (nunca había ido antes al continente asiático), hizo que no fuera allí con prejuicio alguno. Una vez asentada, le ha sorprendido conocer más a fondo la dura historia del país y, más concretamente, el genocidio de los Jemeres rojos a finales de los años setenta. «Es tan reciente, que cualquier persona tiene recuerdos de aquella época y toda familia tiene algún pariente que fue asesinado en aquel momento».

Susana Santos es la veterinaria de un refugio de animales propiedad de una oenegé local llamada Animal Rescue Cambodia. Trabajan con animales callejeros y entre sus objetivos está el de garantizar el bienestar animal a largo plazo, con programas de castración y esterilización, concienciación de la población y formación de personas locales. Este último campo es uno de los que más le gusta a Susana, «formar a futuros veterinarios y dejar huella en el ámbito de la sanidad animal en un país tan necesitado de desarrollo».

Reconoce que el nivel es tan bajo que los estudiantes salen de la universidad sin apenas conocimientos de veterinaria, en un país en el que todavía está muy presente la rabia.

trayectoria vital

Susana Santos Orbán nació hace 32 años en Payerne (Suiza). Es hija de emigrantes y todos volvieron a Ourense cuando ella tenía 9 años. Estudió veterinaria en Lugo, estuvo de Erasmus un año en Polonia y pasó varios meses en Lisboa. Posteriormente trabajó en Inglaterra y volvió a Suiza. La última etapa de su vita la está viviendo en Camboya. Trabaja en un refugio de animales.

El reto de sobrevivir al caos del tráfico local

De la ciudad donde vive destaca el orden dentro del caos: «El tráfico es enorme, cada cual va por donde quiere y sin embargo se entienden y respetan; nadie se enfada». Ella, con su moto, ha tenido que habituarse a esa forma temeraria de conducir. También le sorprendió su riqueza gastronómica. «Disponen de mucho producto fresco, una dieta saludable, aunque no siempre acompañada de las mejores condiciones higiénicas», confiesa. Todo es exótico, pero si hay algo que le recuerda a su Galicia es la familiaridad de la gente y el respeto por sus orígenes: «La gente que vive en la ciudad suele tener familia en el pueblo y en cuanto tienen ocasión van a visitarlo, como en Galicia». ¿Y volver? A Susana no le gusta mucho pensar a largo plazo: «Estoy en una generación en la que es muy difícil hacer planes». Aunque no se ve en Camboya más de uno o dos años. Quiere aprovechar el momento que está viviendo, descubrir culturas y lugares nuevos para «saciar mi sed de descubrimiento». Y tiene claro que aunque no sabe cuándo ni dónde será el próximo destino: «Lo que sé es que este no será el último». Como buena gallega emigrante, le encantaría volver a su tierra algún día y «tal vez establecerme de forma más permanente allí». Pero recién entrada en la treintena, eso queda lejos.

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