«Llevo años guardando palabras en las que me equivoco y me sugieren algo»

La ourensana Susana Varela prepara un libro con los errores más comunes cometidos al escribir con teclado


ourense / la voz

«Evitamos con pánico los territorios de la torpeza, de la niebla mental. Y se trata simplemente de la pugna del hemisferio derecho del cerebro por mandar, aunque sea en lo pequeño, como las amas de casa», empieza relatando Susana Varela (Ourense, 1973) en la maqueta del Libro de lo Serrores Tipográficos. Esa pugna de la que habla es la que se produce cuando queremos escribir una palabra y tecleamos otra parecida.

Se trata de algo que sucede cuando estamos alterados por alguna emoción -que se ubican en el hemisferio derecho- mientras empleamos el hemisferio izquierdo -donde residen la lógica o la escritura-. «Hoy en día primamos mucho más lo racional y se estudia mucho menos la parte derecha del cerebro pese a que es la responsable de la imaginación, las sensaciones, la empatía o el reconocimiento facial. Y es la que empleamos en situaciones de supervivencia», cuenta la ourensana licenciada en Bellas Artes y especializada en Diseño. «Creo que nos paramos poco a pensar que cuando nos equivocamos es porque estamos intentando utilizar el hemisferio izquierdo mientras el derecho está pidiendo que le hagamos caso para liberar todo lo que tiene que ver con la creatividad o las emociones», puntualiza.

En el libro -cuya idea surgió mientras trabajaba, tal y como explica en la introducción del mismo- participaron un total de 32 personas que se dedican al mundo de la ilustración, la fotografía, el diseño, la arquitectura y las artes en general que ilustraron algunos de los errores inconscientes más comunes. «Llevo cuatro años guardando aquellas palabras en las que me equivoco y que me sugieren algo», aclara. Entre esas nuevas palabras están algunas como «Haora» -que sería una antigua reina de la Polinesia- «chapú» -sombrero chato de mimbre u otro material ligero que se acostumbra a lucir en países tropicales- o «ñao» -onomatopeya que expresa velocidad-. «¿Si tuviera que elegir una? Creo que me quedaría con «apereciesen» o «matrominio». Por el conjunto de descripción e ilustración», afirma. La primera significa fueren injustamente atropellados en circunstancias caóticas y la segunda, ofensa fulgurante.

«Nos pareció buena idea hacer la foto en Guitara porque la primera vez que se lee da la sensación de ser un error tipográfico más», aclara Varela sobre el lugar en el que se tomó la imagen que aparece sobre estas líneas.

«En el libro empiezo con una cita en la que se dice que lo bueno de equivocarse es la alegría que se produce a los demás. Y un poco ese es el objetivo de estas páginas. Es un proyecto lúdico en el que quería que los colaboradores se lo pasaran bien y que la gente se pudiera reír y disfrutar al verlo. Pese a que haya una reflexión detrás. Pero me parece que muestra mi forma de entender el arte», puntualiza la autora de las nuevas palabras que han cobrado vida propia. «Los que participamos en el proyecto ya hablamos de serrores», bromea.

Que los errores dejen de ser vistos como algo negativo y sirvan para ampliar miras y abrir la mente es otro de los objetivos que Varela persigue con la obra -que se expuso dos veces, en Ourense y en Gijón, hace algunos meses-. «Deberíamos pararnos a observarlos cuando los cometemos y pensar que de ahí puede salir algo más. Quería que se viera también que valoramos más los atributos relacionados con el hemisferio izquierdo, como lo verbal y lo lógico, e infravaloramos los que provienen del hemisferio derecho, como la música y el arte. Y deberíamos tender hacia el equilibrio de ambas partes», finaliza con tono reflexivo la diseñadora.

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