Margarita Otero: «La gente valora el trato personal, la confianza que les das»

Acostumbrada a trabajar muchas horas al día, dice que a las plazas va cada vez más gente joven


ourense / la voz

La suya es una de las primeras caras que se ve al entrar en la plaza de abastos de Ourense. Y para muchos es un rostro más que conocido porque Margarita Otero ha estado muchos años en el mercado «Llevo 36 con el puesto de frutas, y anteriormente ya había estado de empleada, vendiendo aceite de una cooperativa de Jaén». A aquel trabajo, en la plaza de abastos que ahora espera por un proceso de reforma integral, se incorporó esta ourensana cuando apenas había cumplido los 20, después de haber pasado tres años en un supermercado. Toda una vida atendiendo al público. «Llegó un momento en el que pensé que tenía que empezar a trabajar para mí, y por eso monté el puesto. No me arrepiento; unas veces ha ido mejor y otras peor, pero aquí sigo cada día», sostiene.

Todo ha cambiado desde aquellos inicios en el negocio de la venta de frutas y hortalizas. «Antes compraba mucho en el mercado la gente mayor, ahora eso ha cambiado; los clientes son más jóvenes, pero yo creo que en las plazas la gente valora mucho el trato con el vendedor, el poder preguntarnos sobre la calidad de las cosas, tener la confianza de que se llevan un buen producto», explica. Esa es, para ella la gran diferencia con los supermercados, sus grandes rivales. «Allí compras y no te asesora nadie sobre el producto, no te explican nada, y luego muchas veces pasa lo que pasa». Ella, que conserva algunos clientes desde hace treinta años e incluso atiende ya a los hijos de muchos, sabe que el secreto de su éxito es uno. «Yo si algo tengo es que no engaño a nadie, si lo que tengo es bueno, lo vendo, y si no lo es, lo tiro o lo regalo, otra cosa no cabe».

A punto de cumplir los 65 años, Margarita carga en sus espaldas con muchas horas de trabajo, de noche y de día. «Cuanto empecé por mi cuenta había que venir a la plaza a las cuatro de la mañana, porque era la única manera de coger el mejor producto, las frutas y verduras de la zona, porque venía mucha gente a comprar y si no llegabas temprano, luego ya no quedaba nada», rememora.

Ahora ya no madruga tanto, lo reconoce, y tras el cambio a la instalación provisional de la Alameda está satisfecha con las ventas. «Vemos que viene más gente, esto es más cómodo para todo el mundo, más accesible; ha sido algo bueno».

Ella calcula que se jubilará antes de que se reabra el edificio noble así que el puesto que tiene ahora será su última «oficina». «Cuanto toque me despediré, pero me iré contenta porque me ha gustado mucho esta profesión. Mi vida ha sido la de estar cara a cara con el público, no he hecho otra cosa y creo que es un trabajo agradecido; hay gente maravillosa», asegura.

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