El paisaje latente

Las marinas abstractas de Isabel Pintado en el Espacio de Arte Roberto Verino, en Ourense


ourense

La creadora visual Isabel Pintado propone una aproximación al paisaje romántico desde una mirada contemporánea a través de la colección titulada «Mar», exposición que ocupa en el siempre cálido Espacio de Arte Roberto Verino y donde el famoso diseñador se convierte en lúcido anfitrión dinamizador de la cultura ourensana, promotor del arte y de las distintas expresiones creativas contemporáneas.

La obra que presenta en el espacio expositivo que Verino cede, está inspirada en el entorno natural como referente que se esconde tras los signos de nuestra cultura y se configura en el tránsito de un paisaje latente. Arte henchido de ecos intimistas, naturaleza de palabras y sentimientos. Es un paisaje vivido y recordado en continuo movimiento como las olas del mar; un paisaje que respira y se transfigura en la trepidación nebulosa de la lluvia interfiriendo en el subconsciente colectivo y afinando las relaciones entre naturaleza y memoria, rebosante de expresiones emocionales en sus ángulos, perspectivas y aristas.

Reinterpreta el género pictórico más extendido en los Países Bajos tras la Reforma luterana del XVI, independizándose de ser instrumental escenario ambiental de las secuencias narrativas y consolidándose como género en el mundo occidental desde el pintoresquismo romántico al Impresionismo inmaterial, espejeante y cromoluminario.

Esta vuelta de la mirada al paisaje vinculado a la identidad se reforzó a través de corrientes utopistas con la Naturaleza como origen en escritores como Kerouac, «On the road» o como fuerza vital en expresiones conceptuales de una naturaleza interiorizada como en Beauys.

Sombras no protagonistas

A través de la poética del paisaje Isabel desarrolla aspectos de un Romanticismo contemporáneo en la iconografía marina. Escenografías ideales delimitadas conceptualmente por los afectos sin referencias contextuales. Su obra implica una ruptura con el espacio abstracto por introducir en él armonías físicas de presencia figurativa intuidas, sombras no protagonistas como en la obra de Alexandro o Barceló pretexto del paisaje, sino trasfondo de la composición subrogando el enfoque tradicional del uso del paisaje subsidiario a la anécdota para convertirse en clave afectiva y sensorial de la obra. Enclaves de una Galicia próxima y distante cuyos efectos atmosféricos disueltos en el intimismo, estructurales y cromolumínicos se alejan de la realidad para abrir paso a ese ensoñamiento sensorial del paisaje añorado, latente y emocional.

De la abstracción sublimada por Rothko a los vacíos conmovedores de Friedrich, los mares de Isabel Pintado tienen esa endocromía o dialéctica del color desde los aspectos íntimos como la expresión de la conciencia. Luces y subjetivismo en una dimensión temporal que se expresa en todas sus alteridades al describir el tránsito, la inestabilidad de lo cambiante y su inmanencia, sus mareas arrastran lo primitivo y lo sagrado, la transformación y lo instintivo, la mutabilidad y la permanencia, la conciencia y lo social bajo un planteamiento antropológico en la habitabilidad de un territorio como espacio social.

Lo real- efectos constitutivos del paisaje y lo ideal, el paisaje transmutado, introspectivo, añorado- tienden a una convergencia dentro de la plástica de Isabel con lo vivido como una imagen ilustradora del pensamiento de Hegel, Goethe o Steiner ampliando al concepto de arte un criterio unitario entre lo espiritual y lo sentimental que se descuelga de una actualización sensorial del ascético misticismo del «Stürm und Drang». Hallamos en la Pintado la influencia del maestro de los paisajes inconsistentes de refulgencia esmaltada, Monet, y unos celajes de Boudin sobre horizontes marinos. Es la experimentación de la sustitución del espacio por el tiempo, la obra de Isabel dialoga en ambiental y enigmática suma de densidades y reflejos como el recuerdo de un lugar de límites imprecisos. La unidad dinámica de sus obras se corresponde con el èlan trepidante de los poros de la conciencia y la presión de lo fugaz en el instante contemporáneo.

Expresión de las vivencias más ideales a través de los latidos de la durèe íntima. La sustancia espacial como envolvente atmósfera. Temblores emotivos en una paleta plateada, bruñida, nebulosa que resultan soluciones abstractas, materia en formación desconocida o atmosférica. Efectismo inmaterial procedente de la sutileza en el trazo o en elegancia de la pincelada suelta alimentado por el espectáculo de la naturaleza.

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