Fuga de ourensanos


Con la realidad provincial sobre la mesa no sé qué me produce más hilaridad. Que el presidente de la Diputación se vaya a Palencia para declarar que la batalla contra la despoblación «debe darse considerando al envejecimiento y al desarrollo como aliados» o que antes de eso se hubiera marchado a Bruselas para intentar cruzarse en los pasillos con Juncker. Cierto que a los ourensanos nos sale más a cuenta que se vaya a Aguilar de Campoo, donde podría hacerse fotos en alguna fábrica de galletas, porque hay que ir haciendo el petiño para pagar la excursión a Argentina y Uruguay para el próximo 11 de noviembre. El resto nos conformaremos con celebrar el San Martiño yendo de magosto.

Lo cierto es que si alguien no podía faltar en un congreso sobre despoblación es el presidente de la Diputación de Ourense, esa provincia que en los últimos treinta años ha visto cómo su población caía en más de cien mil personas. ¿Se imaginan que todos los que habitan la ciudad de Ourense desaparecieran de repente? Pues algo así ha pasado en las últimas décadas, en las que el gobierno provincial se ha apellidado sucesivamente Baltar.

Por eso resultan inquietantes las declaraciones en las que se habla de «ensayar iniciativas socioeconómicas a las que se enfrentará la Europa de 2050 y que hoy tenemos en nuestro entorno». Porque quienes no somos científicos es mejor que hagamos experimentos solo con gaseosa. Y porque se ve que el método ensayo-error, hasta ahora, no le reportado muchos éxitos al gobierno provincial. Hasta el 2050 quedan otros treinta años. Podemos citarnos para entonces, para ver si se nos han ido otros cien mil ourensanos. O más. La cosa es que quede alguien para contarlos.

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