Erre que erre


Dice un buen amigo, muy culto él, que don Francisco de Quevedo y Villegas fue quien le dio mayor lustre a la expresión «erre que erre», que con facilidad asociamos a la insistencia, incluso a la terquedad.

Para los más curiosos, fue allá por el siglo XVII en su Cuento de Cuentos, una crítica literaria que jugaba con los significados de diversas expresiones coloquiales de la época. Y la literatura tiene mucho que ver con eso, con la cotidianidad y el uso que las personas de a pie le damos al lenguaje, que así se va modernizando día a día.

Y viene esto al caso, porque el erre que erre de hace casi cuatrocientos años no debía parecerse mucho a los actuales, si es que quedan. En realidad, a mí se me ocurre uno, porque lo de Gonzalo García de Vitoria y el COB tiene mucho de insistencia. Aún nos tiemblan las piernas a algunos, con el recuerdo de lo que sucedió aquel 2 de junio de 2015 en el Pazo Paco Paz. Parecía el fin de una condena, el regreso al futuro que pudo soñar un Robert Zemeckis cualquiera, el retorno por la puerta grande a la élite del baloncesto español.

Pues no, como saben casi todos, ni ascenso, ni nada. Los caminos de Ourense y la ACB siguieron paralelos -o lo que es lo mismo-, con pocos visos de volver a cruzarse. Pero Gonzalo y los suyos son erre que erre. Cada año reinventan el proyecto del COB, pareciera que con presupuestos más ajustados que el curso anterior. De momento, van dos victorias de tres y, aunque el Canoe parecía poca cosa, tras caer aquí fue y le ganó a Melilla. Lo de estar por arriba, parece complicado, pero... Ahí seguimos, erre que erre.

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