«Ya no hay clientes fijos y tampoco se vende más cuando hay novenas»

edith filgueira OURENSE / LA VOZ

OURENSE CIUDAD

Santi M. Amil

Teresa Domínguez regenta uno de los negocios más antiguos de toda la ciudad

08 oct 2018 . Actualizado a las 09:53 h.

Cuenta Virginie Despentes en uno de sus libros que ella, como chica, es más como King Kong que como la modelo Kate Moss. Que cuando habla como mujer siempre se muestra «excesiva, demasiado agresiva, demasiado ruidosa, demasiado brutal, demasiado hirsuta, demasiado viril». Del mismo modo se expone al mundo Teresa Domínguez Ordax detrás del mostrador de su pequeño negocio.

Se revuelve enérgicamente cuando le preguntan en qué año nació. Aunque sea para una entrevista. «Deberías saber que eso no se le pregunta a una mujer. Si quieres poner algo pon que mi edad es desde que nací hasta hoy. Y listo. Los periodistas hacéis unas preguntas que...», espeta con tono inamovible. A lo que no le importa contestar es a que vino al mundo en Ourense. «Tres cosas hay aquí que no las hay en ninguna parte: el Santo Cristo, el puente Romano y las Burgas hirviendo agua. ¿No sabes ese dicho popular?», explica presumida. «La catedral es una de las más bonitas de Europa, por lo menos en comparación con las que yo vi cuando viajé siendo joven».

En la plaza de Santa Eufemia -cerca de la iglesia que da nombre a uno de los espacios más concurridos del casco histórico- está emplazada su pequeña tienda. Resistiendo a los envites del tiempo. Y del descenso de creyentes católicos, que parecen evaporarse. Ese comercio es la Alemana y está abierto desde tiempos inmemoriales, literalmente. «No quieras saber cuándo empecé aquí porque esto lo abrió mi padre ya. Y no recuerdo la fecha, pero después del colegio yo ya venía para aquí a ayudarlo. Luego continué con él porque me gusta y hay que ganarse el pan», contesta.

Por la brillantez con la que responde a cada pregunta, parece más bien que no quiere recordar. Porque para aquellos que todavía no lo sepan, en un inflamado arranque cursi, expliquemos que recordar viene del vocablo latino recordari. Significa volver a pasar por el corazón. Y eso, a su indeterminada edad, empieza a doler.

Entre dedales con meigas, mecheros de infinitos colores y formas, imanes y llaveros con imágenes de Ourense, estampitas de todas las vírgenes y santos, rosarios y semblanzas biográficas de san Roque, san Judas o san Pedro pasa las horas Teresa. Abre en horario de mañana y tarde y de vez en cuando se acerca su única hija María del Carmen hasta allí para ayudarla y darle conversación. «¡Se dejó aquí las llaves de casa!», suelta de golpe entre respuesta y respuesta. Y mientras camina hacia el teléfono protesta porque la gente joven ya no sigue las tradiciones cristianas. «Ahora todo el dinero se va en juergas y en pasarlo bien. Los jóvenes ya no respetan el cristianismo ni hacen caso a sus mayores. Algunos escuchan o hacen que escuchan, pero todo les entra por un oído y les sale por el otro», replica casi resignada y con un aire a que todo va muy rápido, a mucha velocidad, y ya casi nada está en su sitio.

En las estanterías de su angosta tienda se exponen, a simple vista, más de cien santos y vírgenes. «Cuando no tengo clientes los limpio y coloco la mercancía nueva que llega. Pero para decirte cuántos hay tendría que contarlos y nunca lo he hecho», comenta escudriñándolos desde una silla con el periódico entre las manos. «El nombre de la tienda lo escogió mi padre. Se ve que le caían en gracia los alemanes y después yo no se lo cambié», analiza.

Durante media hora solo entra un hombre en la tienda, para comprar una imagen para una sepultura, y otras dos mujeres cotillean -engalanadas en el más riguroso luto- desde el escaparate. «En este negocio no hay clientes fijos. Ni siquiera del clero. Cada mes oscila y tampoco se vende más cuando hay novenas. Tú escribe y tráeme clientes», contesta con pesar cuando le preguntan si hubo tiempos mejores.

Debe decirse, en su honor, que por momentos intenta ser menos reservada y hosca. Pero no puede desentenderse del equipaje de toda una vida. Y es su carácter lo que la hace única de entre otros casos sociales.

-Si le gusta lo que escriba y vuelvo a visitarla, ¿me va a sonreír?

-Ya veremos.

«No quieras saber cuándo empecé con la tienda porque la abrió mi padre y no recuerdo la fecha»

«El nombre no tiene ningún secreto. A mi padre le caían bien los alemanes»