Nueve acusados de narcotráfico juntos

La fiscalía sienta en el banquillo a un grupo que supuestamente traía drogas para su distribución en Ourense, a revendedores y también a suministradores de la costa


ourense / la voz

Tantos teléfonos de la marca Blackberry aparecen en una causa de tráfico de drogas del año 2013, por la que nueve personas compartieron ayer banquillo en la Audiencia Provincial, que sonó a coartada la respuesta de uno de los imputados, cuando dijo que él nunca había tenido un móvil de esa marca. Al menos cinco de los acusados tenían en su poder al ser detenidos, o en sus domicilios cuando se hicieron los registros oficiales, terminales de la firma de origen canadiense.

Las conversaciones y mensajes de los acusados, interceptados por la policía, condujeron a los acusados. Las pesquisas contaron con apoyo de unidades externas. Aparecieron teléfonos que estaban pinchados, pero los implicados negaron que ellos hubieran sido quienes los habían utilizado para comunicaciones que se relacionan con preparativos y acciones vinculadas con el narcotráfico. Uno de los implicados justificó la presencia del Blackberry en su casa, cuando fue localizado el terminal por las fuerzas de seguridad, alegando que lo había comprado por Internet, lo recibió en mano precisamente el día de su detención y quería enviárselo a su familia. La vista se limitó en la primera sesión a la declaración de los nueves imputados. Se reanudará el jueves y finalizará el viernes. Los implicados se enfrentan a peticiones de cárcel de cuatro años para ocho de ellos y tres para el noveno, al haber documentado su condición de toxicómano durante la fase de instrucción de la causa.

La trama que dibuja la fiscalía sitúa en el centro de la red a Miguel Ángel C. F., con Pedro Alexandre y Carlos A. S. como sus más estrechos colaboradores. Los tres tenían Blackberry.

El primero admitió que eran suya, por ejemplo, los 114 gramos que la policía incautó el 24 de febrero del 2015, oculto en un coche que conducía Carlos. De todos modos, cuando la fiscal le preguntó que iba a hacer con esa cantidad, se limitó un difuso «no le puedo contestar». Ni conocía a Timbalero, ni tampoco a Caracolito, apodos de personas que la policía detectó en supuestas operaciones de drogas. Tenía una empresa de construcción que se vio sacudida por la crisis. Que hubiera ido a Colombia era porque su esposa procede de ese país.

La esposa de Miguel Ángel, por su parte, es prima de Pedro Alexandre. Trabajaba con aquel en la construcción. Nada de drogas, alegó. Al siguiente, Carlos, le cedió el supuesto líder del grupo un piso en la calle Pura e Dora Vázquez, donde apareció droga y útiles para adulterarla. Nada sabía él. Todo era de Miguel Ángel, según aseguró. Cierto que lo había llevado en más de una ocasión a la costa y que regresaban con algún paquete. Ni se fijaba con quién hablaba, ya fuera en Vilagarcía, en Vilaxoán o en otro lugar. Ni se preocupaba por identificar qué traía en el coche. Obtuvo algún beneficio durante el período en el que trabajó con Miguel Ángel, le preguntó la representante del ministerio público. No, respondió. Ni cuenta bancaria tiene, enfatizó. Disponía, no obstante, de Blackberry, al igual que Jorge Á. C., consumidor, vecino de Vigo, supuesto suministrador de dos envíos desde la costa para Miguel Ángel. Aseguró ayer que es consumidor, pero que no compra ni vende.

Los otros vecinos de Ourense a quienes la policía relacionó con este caso se desmarcaron. Enrique L. D. situó en el año 2012 el momento en el que empezó a consumir drogas. La ruptura con su pareja le afectó mucho, alegó. Para Oscar. M. C., otro de los acusados, responsable de un taller de reparación de coches, fue una sorpresa que la policía lo implicara en este asunto. Conocía al principal acusado, según admitió, por razones estrictamente profesionales, pero nada más. A José Antonio D. D. le atribuye la policía haber comprado droga para su posterior venta. Lo negó. Solo organiza fiestas en un pub.

Otro supuesto suministrador, el arousano Abraham D. R., admitió que «hace tiempo» se había dedicado a la droga, pero ni ahora no entre el 2014 y el 2015 cuando ocurrieron los hechos. Negó ser el vendedor de 345 y 114 gramos de cocaína y, sobre las escuchas, le «puede sonar» el alias Estanco, pero «no soy yo».

Folios con cocaína desde Argentina y un parapente interceptado en Colombia

Dos de las operaciones más llamativas de esta causa tienen ramificaciones en Argentina y Colombia. El supuesto jefe trataba, según la fiscalía, de ampliar el negocio y buscar proveedores directos. Un envío de folios impregnados de cocaína, remitida por correo ordinario, fue interceptada en la oficina de A Ponte. Un envío de cinco figuras y un parapente, con nueve kilos y medio de cocaína, no pasó del aeropuerto de Bogotá. El destinatario era un vecino de Cartagena, en Murcia. Dijo ser ajeno Adel D. M., acusado también en esta causa. Tenía en su poder una Blackberry.

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