«Hay que luchar por lo que quieres; sin sacrificio no se obtiene nada en la vida»

Alba Souto Fernández sueña con seguir creciendo y ser capaz de generar empleo para otros

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ourense / la voz

El gen emprendedor le viene de familia y siempre tuvo claro que tendría su propio negocio. «Ya cuando empecé a estudiar me fijé como meta tener mi propio proyecto. Vengo de familia de empresarios y siempre soñé con tener mi propia empresa», confiesa. Pero también estaba convencida de que para lograr el éxito primero tenía que aprender con la práctica, palpar la realidad del sector desde dentro. Y supo esperar. En 2016 decidió dar el paso. El momento económico no era bueno pero, en lugar de desanimarla, eso la espoleó «porque los trabajos se volvieron cada vez más precarios y al menos si tienes algo propio, lo que te trabajas, el fruto de tu esfuerzo, es para ti», razona.

Con los pies bien plantados en la tierra, esta joven ourensana sabía, no obstante, que no sería fácil hacerse un hueco en un sector «con mucha competencia, en una ciudad pequeña con una edad media bastante mayor, con mucha gente joven que se va para estudiar o trabajar fuera, y en un momento económico difícil en el que lo que se prioriza, como es natural, son los gastos básicos; mientras que lo que tu ofreces no es un producto de primera necesidad». Positiva por naturaleza, Alba Souto Fernández diseñó su proyecto de negocio teniendo en cuenta todos esos parámetros y buscando fórmulas para diferenciarse y hacerse un hueco en el mercado. La flexibilidad horaria y un abanico de precios que se ajustasen a distintos bolsillos fueron dos de sus fortalezas. La tercera pata para sustentar su proyecto la traía de serie: su capacidad de trabajo. Cuenta que más de un día llegó a trabajar quince horas.

Crear un ambiente tranquilo y acogedor fue otra de sus batallas. «Elegir el local me costó bastante. El tema de los alquileres aquí en Ourense está fuera de lógica», opina. Y es que, aunque sus padres quisieron colaborar -y lo hicieron con el regalo de algún mueble-, Alba quería afrontar la aventura económica también de forma independiente. «Yo empecé a trabajar mientras estudiaba, desde muy jovencita; y lo que fui ahorrando poquito a poco, lo invertí aquí», señala. Entre esos ahorros estaba también el fruto de su vena artística. Esta joven a le encanta bailar -aprendió baile de salón, funky y baile gallego- y cantar, colaboró como vocalista con varias formaciones musicales.

«Yo creo que también por eso me encanta mi profesión; me gusta todo lo que tenga que ver con el arte y la belleza. Incluso pinto, aunque lo hago a escondidas; no me gusta enseñárselo a nadie», confiesa.

Aunque tiene una amplia carta de servicios y hace todo tipo de manicuras y pedicuras, reconstrucción de uñas y tratamientos estéticos faciales, corporales o extensión de pestañas, sueña con seguir ampliando el abanico para sus clientes. «Mi ilusión es crecer y tener la capacidad de contratar a otras personas, generar empleo», señala cuando se le pregunta cómo imagina su futuro. De momento, dice, está satisfecha «porque poquito a poco voy creciendo». Cuenta que cuando montó el negocio lo hizo «con mucha ilusión, pero también con muchísimo miedo». Pero pesó más su filosofía vital, que le gustaría que sirviese a otros jóvenes que están pensando crear su propia empresa: «Yo pienso que si no lo intentas nunca sabrás qué pudo pasar. Siempre hay que luchar por lo que quieres; sin sacrificio no se obtiene nada en la vida», recalca. Eso sí, asegura que nunca les diría «que todo es fácil, bonito y de color de rosa».

«Yo pensaba que si superaba el primer año me daba con un canto en los dientes. Se pasa muy mal al principio y no diré que no he llorado más de una vez. Los comienzos son duros y difíciles, entre otras cosas porque no te dan ayudas de ningún tipo. A los autónomos, lo que te ayudan por un lado, te lo quitan por el otro. Y encima la situación económica del país no está bien. Si hace una década montabas un negocio y al año podías tener tres empleados, ahora todo va mucho más lento. Pero estoy contenta. Cada vez tengo más clientes y no me quejo», dice.

DNI. Aficiones.

quién es

DNI. Alba Souto Fernández nació en Ourense en 1992. Es titulada en Estética y tiene un máster de Maquillaje y Caracterización. Desde los 19 años trabajó en centros de estética y también para televisión, pasarela y proyectos fotográficos. Hace dos años montó su negocio, Nails Center, en el parque de As Mercedes.

Aficiones. La música, la pintura y el baile son sus pasiones, junto con la lectura y el deporte que le ayude a descargar adrenalina. Otra de sus aficiones es viajar. «Me encanta conocer gente de culturas diferentes, su gastronomía, su forma de pensar... Es importante conocer lo que tenemos alrededor, conocernos más entre nosotros. Cada persona te aporta algo diferente y aparte de a aprender muchas cosas te ayuda, creo yo, a valorar ciertas otras», dice.

«A veces hay que saber decir que no por el bien de la propia clienta»

«A las uñas le damos poca importancia pero son un reflejo de la salud. Desvelan problemas de vitaminas, de uso inadecuado de productos abrasivos, de conductas como el morderlas. Un buen profesional tiene que saber detectar si hay un problema y si la solución es un tratamiento estético o médico; saber dónde puedes trabajar y donde no», relata. Reconoce que en alguna ocasión se ha negado a algún servicio. «A veces hay que saber decir que no por el bien de la propia clienta, porque hay cosas que son terreno de un especialista sanitario. Yo he dicho más de una vez que lo siento, pero que ahí no puedo tocar. No solo se trata de que el trabajo te quede bonito; se trata de que cuides a tu cliente», relata.

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«Hay que luchar por lo que quieres; sin sacrificio no se obtiene nada en la vida»