«Cada neno ten algo especial»

Isaura Hermida lleva treinta años dedicada a la gimnasia en Ourense

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OURENSE / LA VOZ

«Son 30 años de hiperactividad», dice Isaura Hermida al despedirse después de hacer un prolijo repaso a su vida profesional y personal. Una vida ligada en lo deportivo a la gimnasia en estos últimos treinta años, en los que ha formado a centenares de niñas y niños en una escuela y un club que se caracterizan por una filosofía en la que prima lo humano sobre lo deportivo. Y eso que en estos treinta años de trabajo, pueden presumir de un buen número de campeones de España, medallistas e internacionalidades de sus gimnastas. «Desde 1992 temos xente na selección española, pero a nosa filosofía non é só deportiva, senón educativa e integradora. Todos os nenos teñen dereito a facer o deporte que lle guste, ata o nivel que cheguen. Nunca en trinta anos fixen unha proba de acceso nin rexeitei a ninguén», puntualiza nuestra protagonista.

En este barrio de O Vinteún donde nos citamos y que elige su rincón para repasar su trayectoria, dio Isaura Hermida sus primeros pasos, también de baile. En una infancia marcada por problemas de salud -con graves crisis de asma que la llevaron a estar hospitalizada cada pocos meses-, Isaura se convirtió en una superviviente y en una luchadora, características que la acompañaron en su ámbito profesional y personal también de adulta.

Su contacto con el deporte fue en el colegio de la Aneja, de mano de la profesora Conchi, que daba la asignatura que entonces se denominaba tal cual, gimnasia. En esa etapa, recuerda, le gustaban todos los deportes. Practicó atletismo y jugó al ajedrez. Tuvo la oportunidad de entrar en el mundo de la gimnasia, cuando esta modalidad vivió su edad de oro en Ourense, al albur del desaparecido Club 2000. Encumbradas en la rítmica estaban Marta Bobo o Pino Díaz. Isaura formó parte del equipo de trampolín, en el que destacaban Ada Pazos o Begoña Paredes. Aunque llegó a ser subcampeona de España en 1982/83 en la categoría sénior B, la que estaba por debajo de las gimnastas de la selección. Con el equipo, especifica, sí fue varias veces campeona nacional. «Pero non era mérito meu, eran todas buenísimas», aclara, modesta. Luis Roales fue quien la introdujo en el trampolín, en una época en la que las gimnastas hacían todas las especialidades. Al retirarse como deportista, comenzó a colaborar en los proyectos de la delegación ourensana de gimnasia. «No 87/88 contou conmigo Antonio Prada para dar un empurrón á ximnasia. Empecei con 40 nenos como técnica de trampolín», rememora. En 1990, una de sus alumnas, Transi Prieto, fue campeona de España.

En esa época empezó a trabajar bajo el nombre de la Escola Ximnasia Burgas. En 1994, sus gimnastas lograron un cuarto y un quinto puesto en el mundial por edades. Y en los nacionales, todos los años sus pupilos y pupilas han sacado alguna medalla, bien sea en los aparatos de trampolín o en acrobática, una modalidad que empezó a practicar tras las canastas del Paco Paz, donde siempre le dejaron usar la instalación, algo que agradece. La precariedad de medios y espacios fue una dificultad que Isaura supo superar. Aunque solo pudieran entrenar dos días a la semana y sobre una cama elástica rota, sus gimnastas mejoraron y destacaban entre otros con más posibilidades. Hermida fue pionera del trampolín en Galicia, modalidad en la que hoy hay ocho o nueve clubes de buen nivel. Entre ellos, el Ximnasia Pontevedra, que fundó con Pablo Hinojar hace quince años y donde pudieron desarrollar su proyecto sin trabas de instalaciones.

Y todo sin discriminar ni preseleccionar. «Cada neno ten algo especial, hai que buscalo e sabelo sacar», defiende. Por eso, treinta años después de empezar, ya está con ganas otra vez de que llegue septiembre para empezar a conocer a sus nuevos niños y niñas de esta temporada. Nunca le faltaron alumnos. Hoy tiene 178 licencias en el Burgas, más 50 niñas en la escuela del Paco Paz.

«Las madres me piden coreografías grupales»

Isaura Hermida se formó como entrenadora en todas las especialidades gimnásticas, rítmica, acrobática, trampolín o artística, masculina y femenina. En su club, apuestan por el compañerismo y entrenan juntos los mejores con los que empiezan. Es algo que no suelen hacer en los clubes de competición, confiesa Isaura, que ve ahí algo de «clasismo». En estos años, solo entrenó a dos niñas que fueran cracks, Esther Prieto y Melania Rodríguez; los demás triunfaron y lograron metas a base de trabajo y formación. Como Daniel Pérez, que sigue en la élite, o como Miguel Vicente, que acabó siendo juez internacional. «Lo nuestro es pasión por los niños. No me molestan los que son hiperactivos o tienen otros problemas. Tengo buen feeling con ellos», proclama. También le interesa la educación social. Por ese lado, también intentan ayudar, cuando los gimnastas los piden. No hace selecciones ni descartes. «Nunca he pesado a nadie, pero intento educar en el ejercicio y hábitos saludables». El año pasado, aún con una nueva batalla por su salud, hizo más de 40 coreografías, para lo que escuchó previamente 500 músicas. Es algo que la conecta con otra de sus pasiones, el baile, que comparte con su hija Sabela. «Las madres siempre me piden las grupales, las anteponen a las de competición», ríe. Busca letras comprometidas.

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