Renacer busca un nuevo local para ampliar la atención al daño cerebral

La entidad se centra en pacientes agudos y quiere ofrecer más servicios a los crónicos


ourense / la voz

La asociación Renacer presta servicio en estos momentos a 46 personas con daño cerebral adquirido (DCA) que acuden semanalmente a sus servicios terapéuticos. «Nos es imposible dar cobertura todos los días a todos, por cuestión de espacio», dice la coordinadora, Noelia Luque, que reconoce que hay afectados en lista de espera.

El colectivo comparte espacios en el edificio Aixiña de la capital ourensana y lleva tiempo buscando un local que se adecúe a sus necesidades, tanto en superficie como en otros aspectos. «No tenemos un espacio para dar, por ejemplo, cabida a los pacientes crónicos. Solo atendemos la fase aguda; la de la rehabilitación tras salir del hospital. Lo ideal sería poder tener una sala a modo de centro ocupacional para ellos, con más talleres y también actividades de ocio para que mantengan y fortalezcan las habilidades recuperadas», explica la responsable de la gestión de la actividad.

El trabajo que realizan los técnicos de Renacer sigue unos protocolos de rehabilitación para conseguir que cada persona alcance los objetivos fijados para su caso concreto a corto, medio y largo plazo. «Hay algunos pacientes que pueden retomar una vida normalizada reincorporándose al mundo laboral, pero aquí en Ourense son pocos los casos que han conseguido ese nivel de recuperación; la mayoría mantiene secuelas y tiene que empezar una vida distinta», señala. Es a estos pacientes con secuelas crónicas a los que Renacer pretende prestar una mejor atención con ese futuro centro. «No se trata de que pasen muchas horas con nosotros. Nuestro objetivo siempre es ser un empujón para que ellos puedan volver a las actividades dentro de su entorno y su comunidad y completar esa atención sociosanitaria».

La mayor parte de los pacientes derivados a Renacer para su rehabilitación son varones (31 de los 46) y el rango de edad más común está entre 50 y 60 años. Casi todos padecen ese daño cerebral tras un accidente cerebrovascular. En concreto 37 de los usuarios actuales han sufrido un ictus. Los traumatismos, suponen el segundo segmento. Actualmente siete de las personas con DCA atendidas han sufrido caídas, golpes o accidentes de tráfico. Mucha menor incidencia tienen los tumores o por efectos de otra enfermedad.

Su objetivo es que esa nueva sede se ubique dentro del casco urbano de Ourense «que tenga buena comunicación de transporte urbano, por ejemplo, y también algo de vida alrededor porque es importante para la rehabilitación de los pacientes que puedan retomar actividades que no pueden hacerse dentro de un centro como ir ir a un supermercado o a una cafetería», ejemplifica Luque.

Salir de la actual sede supone que no van a poder aprovechar el transporte adaptado que llega al edificio de Aixiña. «Cuando nos marchemos ese será un hándicap pero lo tendremos que afrontar y solucionar, negociando con subcontratas de transporte privado para que la gente que no puede venir por su propio pie, o no tiene familia que lo acerque, pueda disponer de un recurso en el que venir al centro», reconoce. Pero en la asociación son positivos al respecto. «Habría que buscar nuevas alianzas y negociar los precios. Al final el precio que marca la Xunta para el transporte adaptado es bastante elevado y muchas veces las familias no pueden hacer frente a ese copago que estipula la Administración y las asociaciones tampoco pueden pagar esos nueve euros para que el paciente vaya», señala. La nueva sede incorporaría un centro de día, para lo que Renacer quiere optar a conseguir algunas de las plazas públicas que salgan a concurso para personas con daño cerebral.

Un presupuesto de 174.284 euros con el que se pagan todos los gastos y siete nóminas

Encontrar un nuevo espacio no es el único reto que afronta esta asociación. También son necesarias más manos. En estos momentos tienen siete trabajadores en plantilla, a los que se suma un autónomo que gestiona el taller de teatro que funciona por curso escolar. Pero el presupuesto no da para más. El último que manejan es de 174.284 euros «con los que hacemos malabares», apunta Noelia Luque. De ese total, solo el 43 % es de financiación pública.

El resto son recursos propios. La mayor parte, el 49 % corresponde a las cuotas de socios, la aportación de los usuarios que reciben servicios, donaciones de particulares y colaboraciones de entidades privadas para programas concretos.

El 8 % restante lo consiguen a través de actividades que organizan a lo largo del año, como las cenas y mercadillos benéficos o el PicnicArt. «Es verdad que organizar reste tipo de cosas nos supone un esfuerzo humano y de logística, tanto al personal como a los colaboradores, pero nos ayuda a darnos a conocer y hacer más visible al colectivo y eso se va notando», explica. Entre otras cosas, se percibe en las cada vez más numerosas aportaciones económicas que les llegan a través de iniciativas de otros colectivos que donan lo que consiguen por andainas o espectáculos solidarios. Pero además de lo económico, el esfuerzo de organizar actividades abiertas al público «nos renta en algo aún más importante: hace que cada vez haya más gente que nos conozca y pueda llegar a nosotros como usuarios o para colaborar», señala.

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