Una universidad de papel

Jesús de Juana repasa, en una serie bajo el título «Los primeros pasos del Campus de Ourense», la historia de la Universidad en clave provincial

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Ourense

Comienzo este texto con referencia a los primeros momentos del nacimiento de la Universidad de Vigo, pero circunscribiéndome -como no puede ser de otra manera- a los recuerdos y sensaciones que me quedan referidos al Campus de Ourense y a la etapa, casi cuatro años, en que formé parte del primer Consejo Rector de la naciente Universidad.

Cuando vuelvo la vista atrás y rememoro aquellos momentos del otoño de 1989 en que la Universidad de Vigo comienza su andadura con el nombramiento del primer -y mínimo- equipo rectoral dirigido por Luis Espada y en el que participábamos el también ourensano Jorge González Gurriarán, como gerente, Federico Vilas como secretario general y Juan Leiceaga y yo como vicerrectores, el recuerdo más fuerte que me invade es la sensación de estar participando en una ilusionante y ciclópea obra, en un trabajo ímprobo de esfuerzo y dedicación permanente casi sin apoyo alguno en que sustentar esa aventura. Porque no había normativas, ni presupuesto, ni administración... No había nada. Era una Universidad de papel.

A nosotros nos nombran por Orden de 28 de septiembre de 1989 (DOGA del 2 de octubre) y en el mismo diario se crea, por decreto de segregación publicado el 1 de enero de 1 990, la naciente Universidad de Vigo. Todo papel y solo papel. Y un despacho, el de Luis Espada como antiguo delegado en el Campus de Vigo del rector de Santiago, y una administrativa, Carmen, su secretaria.

Y así nació esta Universidad. A partir de entonces un permanente frenesí: buscar edificios, redactar normas y estatutos, reclamar recursos, mantener la administración y el funcionamiento de nuestras titulaciones, pagar las nóminas, discusiones eternas y agrias con la Consellería y la Universidad de Santiago, reuniones y más reuniones... Y yo, venga viajes de ida y vuelta Vigo-Ourense por una carretera tan sembrada de camiones que sabía a qué hora salía pero siempre ignoraba la de llegada.

Hasta que vienen estos nuevos tiempos los jóvenes ourensanos que querían hacer estudios universitarios en su ciudad sólo podían elegir entre el Colegio Universitario, que se ubicaba en un edificio de la Caja de Ahorros en el Jardín del Posío, y en el que se impartía el primer ciclo (los 3 primeros años de carrera) de Química, Biología, Farmacia (1º), Pedagogía, Psicología y Geografía e Historia; Magisterio, en la Escuela Normal del Puente, y Empresariales en la Escuela adscrita que financiaba la Diputación y que se encontraba en el segundo pabellón del Antiguo Hospital en Las Lagunas.

Por cierto, que merece la pena destacar, porque es de justicia, sobre todo en estos momentos en que parece que todos los políticos están estigmatizados, la figura del ya desaparecido Victorino Núñez, entonces presidente de la Diputación de Ourense, y de su visión y empuje a los estudios universitarios en esta ciudad porque, gracias a él, se puso en marcha esta Escuela de Empresariales (ahora asentada y floreciente Facultad), se construyó en la misma finca del antiguo hospital (con la colaboración del Concello, regentado entonces por Manuel Veiga Pombo) el nuevo edificio de Colegio Universitario y fue también el impulsor de la primera titulación que se implantó en Ourense (y en toda la reciente Universidad), en el curso 1989-90, convenciendo al rector Espada de la necesidad de crear una Escuela Adscrita de Enfermería (las dos existentes anteriormente habían desaparecido tiempo atrás) en el nuevo Hospital Provincial, de cuya organización y puesta en marcha se encargó con gran ilusión y dedicación el doctor José Luis Relova y de la parte administrativa y matriculación Antonio López Morais.

El nuevo edificio del Colegio Universitario, construcción singular del arquitecto Juan Rodríguez de la Cruz, que luego recibiría la denominación de Edificio Facultades porque allí se asentaron provisionalmente todos los estudios que se fueron aprobando para el Campus, fue fundamental para albergar los estudios existentes y ubicar los que luego, con gran esfuerzo, se fueron aprobando.

A solucionar los múltiples problemas que planteó la terminación de la anhelada obra se dedicó con un esfuerzo y afán encomiable la profesora Teresa Iglesias Randulfe, predecesora mía en el cargo de director del Colegio Universitario y en ese momento delegada del rector de Santiago.

La falta de firmas de mudanzas especializadas dificultó el traslado a Las Lagunas

El traslado del viejo edificio del Posío al nuevo de Las Lagunas lo realizamos, terminado el curso, en el verano de 1989 con grandes dificultades, porque no había en Ourense una empresa de mudanzas especializada para esa enorme operación, sobre todo lo relativo a los laboratorios y biblioteca. A pesar de todo, en el pequeño mundo universitario que entonces existía en Ourense había una sensación de optimismo y de esperanza porque ya estábamos ubicados en un lugar concreto, dentro de la ciudad, teníamos una mínima infraestructura para empezar a crecer y todas aquellas masivas manifestaciones y apoyos sociales que tuvimos empezaban a dar sus frutos. La fuerte concienciación que había ya calado en la sociedad ourensana a favor de la Universidad se puso de manifiesto en la macro manifestación, que se produjo en mayo de 1988, a la que asistieron más de 30.000 personas, considerada la más numerosa de todos los tiempos en la ciudad.

Jesús de Juana es catedrático de Historia Contemporánea y ex vicerrector del Campus de Ourense. Esta es la primera entrega de una serie en la que, bajo el título «Los primeros pasos del Campus de Ourense», repasará la historia universitaria en clave ourensana 

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