La princesa sobre el guisante

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Agostiño Iglesias

La resistencia como posicionamiento plástico en la obra de Juan Carlos Román en el Marcos Valcárcel

09 jul 2018 . Actualizado a las 21:09 h.

«Un artista no puede cambiar el mundo. Pero puede mantener vivo un margen esencial de inconformidad». Luis Buñuel.

El pintor bilbaíno Juan Carlos Román presenta Sombra natural en el Centro Cultural Marcos Valcárcel de la ciudad de Ourense. Esta exposición no se contempla como proyecto específico por estar integrado por obras de colecciones anteriores como Retrato de artista como Chelo (Galería del Sol ST, Cantabria) o Piedrecitas en el zapato (Ad Hoc Vigo) y plantea una reflexión crítica sobre el espectáculo del arte contemporáneo, sus alteridades, intereses y manipulaciones, buscando a través de la apropiación, la confrontación, mediante un discurso subversivo y cáustico de carácter metanarrativo y crítico, simbólico con la ironía de la tragedia apuntando hacia la fibra emocional. Obras con discurso feminista en los retratos de su compañera Chelo Matesanz (Lee Krasner, alter ego) como en la inquietante obra Chelo con algo de naturaleza muerta gracias a un corte limpio donde aparece el retrato de la artista y un gancho de carnicero del que cuelgan unos testículos. El protagonismo de las tijeras en primer plano subraya su carácter amenazador y sacude terminaciones nerviosas.

La pintura subversiva traduce una voluntad iconoclasta que plantea tras el enfrentamiento de la superación del solipsismo particular. Obras de intencionalidad critica: «A pirámide cultural foi construida outra vez, para non tocar o chan», imagen revisada y reinterpretada por el artista que combina la performance de Pepe Espaliu Carrying 1992 con un grabado de Los caprichos de Goya.

Agrupación, combinación, apropiación de la que subyace la intención de criticar la nefasta gestión cultural de dirigentes de Diputaciones autonómicas y su ejército de directores, jefes, representantes, patriarcas, presidentes, mandatarios, personajes y figurones que administran y deciden el perfil del arte contemporáneo sin preparación alguna, mediante políticas de subvención, intereses de mercado o lealtad y amiguismos ajenos al artista no domesticado y a la obra de arte pero que configuran un perfil bajo de colecciones mediocres y modelos hegemónicos. Crítica a través de un lenguaje constituido por metáforas visuales.

El experimentado artista y profesor en la universidad de bellas artes convierte la fotografía en realidad alterada, ficcionalizada, discursiva y la pintura en experiencia física, paradoja, acción de resistencia frente al Art Pompier decimonónico arte dependiente y adicto al poder, retórico y vacío de contenidos que en su anacronía perfila la espectacularización, especulación y superficialidad que preside a la cultura impuesta de los espacios institucionales.

Juan Carlos Román plantea un entorno acotado para una experiencia física, prescindiendo de parte de las paredes de la sala para realizar un montaje con entidad que condiciona el tránsito. Una pintura expandida y concentrada en el espacio sometido a tensiones, replanteando los modelos de exhibición y de percepción del espectador.

El cinismo del Dadá está presente en los collages, en obras como, El comportamiento de los solteros siempre está refrenado por su institucionalizada diagonal.

Azar objetivo, poética existencial en las metáforas visuales, en el juego intelectual del lenguaje y la imagen que establece a través de los símbolos que integra como la cala, las naturalezas muertas que construyen anatomías y esa expresa relación con la fisicidad de la carne, en la copula de los insectos: En su insistencia.