«La solidaridad está en tu propia casa, no es cuestión de irse a África»

Varela parte hacia la República Democrática del Congo por tercera vez

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r. n.
ourense / la voz

Pablo Varela Vázquez (Santiago, 1972) colabora en la oenegé Cooperación Internacional desde hace cinco años. Actualmente coordina varias actividades y este año se irá por tercera vez a la República Democrática del Congo, donde trabajará en un proyecto educativo en un orfanato.

-120.000 beneficiarios directos de la actividad de Cooperación Internacional. ¿Cuál es la labor que realizan en los más de 30 países en los que actúan?

-Es cierto que el nombre de Cooperación Internacional hace referencia a proyectos fuera de España, que hacemos muchos. Aún así, nuestra actividad está más enfocada hacia España. Inicialmente nos centramos en proyectos extranjeros pero ahora hacemos más trabajos dentro del país. Nosotros, como oenegé, buscamos trabajar por una juventud solidaria, que dedique parte de su tiempo libre a los demás. El lema «Living for others» lo refleja en su totalidad.

-Uno de los objetivos es la sensibilización social, principalmente a la juventud. Actualmente, unos 725 jóvenes se implican de manera estable en sus iniciativas sociales. ¿Cómo se consigue transmitir esta idea?

-Aunque la apariencia es que los jóvenes tienen una vida un poco independiente y no se preocupan por los demás, sí que está ahí latente. Cualquier joven viene de serie con un chip solidario, lo único que hay que hacer es despertarlo. No hemos encontrado a ningún joven que carezca de esta cualidad: la cuestión es darle un último empujón, saber tocar la tecla adecuada. En algunos casos se produce y surgen cosas preciosas.

-Usted escribió un artículo titulado «Fidelidad Intangible» en el que homenajeaba a San Josemaría. Desde sus 61 años hasta cumplir los 80 hizo 500.000 kilómetros en sus 198 viajes. ¿Usted hace números?

-Ese artículo lo escribí de forma personal. Para mí son valores importantes y personas de referencia que han dedicado su vida a los demás. Yo soy poco contable y poco organizado para esto; no sabría contar los kilómetros ni mucho menos, pero sí pretendo poner un poco lo que pueda para ayudar a los demás. En España hacemos muchos proyectos porque la solidaridad está en tu propia casa, no es cuestión de irse a África. Si no son solidarios con su compañero en la clase de matemáticas no van a ser solidarios en grandes proyectos.

-Desde el año 2016 tienen un proyecto en un orfanato del Congo. ¿Qué necesidades cubren allí?

- La atención sanitaria y la atención alimentaria están cubiertas. Lo que hemos visto es que hay una carencia importante de proyectos educativos. No hay programación ni hay un itinerario pedagógico. Ahí es donde nosotros trabajamos, en dotar a todo ese orfanato de una metodología pedagógica, de que los niños adquieran una serie de hábitos: desde elementales, como no comer en el suelo hasta no hacer sus necesidades en cualquier sitio. Allí realizamos una labor educativa gradual.

-¿Siente que logra el objetivo marcado cada vez que abandona el lugar?

- Es muy difícil salir porque, en cualquier proyecto solidario, dejarlo siempre es difícil. Y más si son niños tan cariñosos: es algo que puede contigo. Nosotros procuramos decirles que no, que no somos educadores. No vamos allí a darles caramelos; vamos a decirles muchas veces que no para poder formarlos. Aún así ellos se dan cuenta de que ese es el camino correcto para su formación.

-¿Qué objetivo tiene marcado a la vuelta de este viaje?

- Aquí en Ourense tenemos una serie de actividades estables y esporádicas. Estables como los desayunos solidarios, en los que los sábados salimos a la calle a dar un desayuno a la gente que está en la calle. Más que el desayuno es la concienciación de voluntarios que vienen para conocer en primera persona a la gente que está en la calle. Ver que cada uno es diferente y que cada uno tiene su problemática.

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