Afinan el rastro de los móviles el día de la muerte de un policía por un disparo

Un segundo informe detalla antenas y conexiones de los sospechosos y el fallecido


ourense / la voz

La geolocalización de teléfonos móviles, en la medida en la que sitúa un terminal en una determinada zona y de ese modo excluye la presencia en otro lugar, es un elemento más en una investigación criminal. Determinante, incluso. La investigación de la muerte del policía Celso Blanco el día 9 de abril del 2016, que se produjo en un despacho de la comisaría de Ourense a causa de un disparo en la cabeza, no pasó por alto este aspecto. De hecho, el 7 de marzo del 2017 los investigadores de aquel suceso, cuando ya asomaba la perspectiva del homicidio, pidieron a la jueza mandamiento para reclamar a Vodafone -operadora con la que los gemelos Bernardo y Roy D.L. tenían contratadas sus líneas de teléfono- registro histórico de llamadas y mensajes entrantes y salientes, aparte de la ubicación de las estaciones base que daban cobertura a las teléfonos en loa momentos que se consideraban críticos. Había aparecido una nueva testigo. La medida trataba de «descarta o no» a los dos hermanos «como posibles autor/es de la muerte de Celso o de otros hechos concomitantes e ilegales también». Se hacía necesario, decía la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV) de Ourense, saber con exactitud donde se encontraban estas personas y contrastar la información con la proporcionada por ellos mismos.

La jueza autorizó la intervención y los primeros informes indicaban que en las comunicaciones en el teléfono de la víctima en los días previos a la muerte y el mismo, el 9 de abril del 2016, «no se observa ninguna comunicación que tenga interés relevante para la investigación».

El rastro de la geolocalización del teléfono de Roy D. L. (uno de los hermanos) confirma que el día de la muerte de Celso había entrado en la comisaría a las 15.12 horas, dejó su coche, salió instantes después a pie y regresó con bolsas en la mano pasadas las cinco de la tarde, cuando, según la autopsia, en la quinta planta ya había fallecido un compañero de un tiro en la cabeza. El móvil de Roy estuvo, durante ese tiempo, conectado a antenas de Progreso, 95; estación de ferrocarril, avenida da Ribeira Sacra y la calle Cardenal Quevedo. Las conexiones de datos lo vinculan al repetidor de la calle Blanco Amor, que es la que da cobertura a la comisaría, a las 15,15 horas y a las 17,09 horas, es decir, al llegar y al regresar.

En Monterrei

Por lo que se refiere al otro hermano, Bernardo D. L., que dijo haber estado aquella tarde en Monterrei, entre las tres menos cuarto y las seis de la tarde aparecen conectadas a finca Facho de Arriba, en Santa Mariña do Monte y a la vía principal de Pereiro de Aguiar, donde aparece posicionado a las 17,29 minutos.

Entre los dos hermanos se registra contacto de datos a esa última hora y una llamada, de Roy a Bernardo que dura 31 segundos. A partir de ese momento ya aparecen juntos en Monterrei, donde se encontraban de acuerdo con sus declaraciones.

El primer informe de geolocalización de los teléfonos se ha completado con un segundo trabajo, aportado por los especialistas del Área de Comunicación de la Unidad de Informática y Comunicación de la organización central del Cuerpo Nacional de Policía. Son 72 páginas, enviadas con fecha del pasado 22 de marzo al Juzgado de Instrucción número 3 de Ourense, con mapas y datos que complementan el primer trabajo de la comisaría general de policía judicial.

La defensa de los gemelos urge del juzgado que reclame los informes sobre la sangre hallada en uno de sus coches

A la investigación judicial aún le quedan flecos. Uno de ellos, supuestamente fundamental, es la determinación del origen de los restos de sangre que aparecieron en uno de los coches de los inspectores de policía gemelos, a quienes la investigación del juzgado de Instrucción 3 mantiene como sospechosos de la muerte de su compañero y amigo común. Enviados al Instituto de Ciencias Forenses Luis Concheiro, con sede en la facultad de Medicina de Santiago de Compostela, el resultado de la prueba aún no se conoce. El objetivo fundamental es determinar si se trata de sangre humana o es animal, como mantienen los dos hermanos. Su resultado, de confirmarse el origen humano, reforzaría las tesis que mantienen la instructora y la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV) de la comisaría de Ourense. De no ser sangre humana, no aportaría nada un hallazgo que fue posterior a la detención de los hermanos y consecuencia de los registros ordenados por la jueza a finales del pasado enero.

El defensor de los dos hermanos, convencido sobre el sentido del análisis, pidió ayer formalmente a la jueza que reclamara agilidad para la realización de las pruebas. Cree, de acuerdo con el escrito enviado al Juzgado de Instrucción número 3 de Ourense, que será suficiente con un primer resultado que diga si es sangre humana o no. Sospecha que de no mediar esa petición, puede retrasarse varios meses más.

Rebajar las comparecencias

Convencido de que serán restos de una matanza domiciliaria, el abogado, Neil González, tiene intención de solicitar la reducción de las medidas cautelares que pesan sobre los dos investigados en la causa. Bernardo y Roy D. L. han de acudir todos los días al edificio judicial de Ourense para comparecer, de acuerdo con la exigencia que les impuso la jueza cuando decidió que permanecieran en libertad, pese a considerarlos sospechosos de delitos que acarrean largas condenas de prisión. Los vincula, de hecho, con la muerte del policía Celso Blanco de un disparo.

La defensa considera que al confirmarse que no es sangre humana la que apareció en el interior del Volvo de uno de los hermanos, siendo uno de los dos coches con los que Roy acudió a la comisaría la mañana y la tarde en la que se produjo la muerte, tendrá una razón más para pedir a la jueza que elimine la comparecencia diaria de los investigados.

Propone un informe preliminar que determine

si es humana o es

de origen animal

El secreto de las actuaciones se mantiene sobre quince de los más de 2.500 folios

La investigación de las circunstancias que rodearon la muerte de Celso Blanco estuvieron amparadas por el secreto de actuaciones entre abril del 2016 y enero del 2018. La detención de los dos sospechosos dio lugar al levantamiento de la práctica integridad de las actuaciones. No obstante, permanecen protegidos por el secreto, sin que las partes tengan conocimiento de su contenido, quince folios. La jueza Eva Armesto, instructora de este asunto, levantó el 21 de enero el secreto, aunque lo mantuvo para un total de quince folios, con los que, según decía un auto dictado en aquella ocasión, se formaría pieza separada. La prórroga del secreto no afecta al ministerio fiscal, aunque sí a las partes, en este campo con igual tratamiento para la defensa de los dos investigados -Bernardo y Roy D.L.- como para las acusaciones particulares, que ejerce la familia del agente fallecido y el exjefe de drogas. Este último está personado al sentirse perjudicado por el contenido de los mensajes anónimos injuriosos en cuya elaboración y envío vincula la jueza a los dos investigados y al fallecido.

Ocho delitos

La jueza, para la detención de los dos sospechosos, los vincula con su participación «de forma conjunta y planificada» en la ejecución de los delitos de robo con fuerza, tenencia ilícita de armas, revelación de secretos, simulación de delito, acusación o denuncia falsa, injurias y calumnias, «finalizando con el homicidio de Celso» de un disparo.

Los restos hallados en el teclado del fallecido eran suyos

Los análisis de la sangre aparecida en el teclado del ordenador que utilizaba Celso Blanco, empleado instantes antes de su muerte, han confirmado que era suya. Era lo previsto, según dicen medios conocedores del caso, pero resultaba necesario corroborarlo. Los resultados de ese análisis ya han sido también incorporados a las documentación de estas diligencias. «Siento mucho lo sucedido. Siendo haber sacado las armas del búnker y los anónimos que envié. Han hecho mucho daño a mucha gente, sobre todo a un gran amigo y ex jefe», decía el texto del último mensaje enviado desde ese ordenador.

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