La broma del máster


La política acaba por ensuciarlo casi todo. No se trata de generalizar, pero lo cierto es que muchas veces los políticos son como el caballo de Atila, por donde pasan no vuelve a crecer la hierba. Desde hace unos días no se habla de otra cosa que del máster universitario de Cristina Cifuentes, presidenta de la comunidad de Madrid. Nada de asistir a clases o de hacer un trabajo de fin de máster. Eso no es para políticos. Con el paso de los días se descubrió que el caso de Cifuentes no es aislado, y que son muchos los representantes de los ciudadanos que apuestan por adornar su currículo. La polémica ha llegado también a Ourense por medio de la diputada Ana Belén Vázquez, en cuya biografía se incluía hasta hace unos días un máster que, en realidad, era un curso de posgrado que, claro, no es lo mismo. Cada caso que se descubre a mayores o cada día que pasa sin que Cifuentes (o cualquier otro político que mienta en su formación académica) dimita es una mala noticia y un desprestigio para los miles de universitarios que se han trabajado un currículo basado en la excelencia. Si la sensación que queda después de todo esto es que se pueden inflar con total impunidad y sin que tenga consecuencias los másteres ya no serán tan valorados y, por tanto, esos miles de universitarios habrán perdido parte de su valioso tiempo y también de su valioso dinero. Es lo de Cifuentes, por tanto, algo más que una anécdota o una guerra política como muchos quieren hacernos creer. El prestigio de nuestro sistema educativo público y, sobre todo, en este caso privado está en juego.

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