María Pérez Pereira: «Creo que es mejor integrarse al máximo con el país que te acoge»

La ourensana, residente en Sao Paulo, es responsable internacional del área jurídica en la Universidad Francisco de Vitoria


ourense / la voz

A María Pérez Pereira, de la cosecha del 75, nadie puede discutirle su ourensanismo. Ni a más de 8.000 Km de distancia. Para muestra, una anécdota: «Trabajo en la Universidad Francisco de Vitoria, de Madrid, desde el día de san Martín del 2011. Cierto es que podía haber firmado mi contrato el día 9 o el día 10, pero me pareció un guiño a mi tierra empezar el día de San Martín».

Tres años después, María dijo adiós a Madrid. En Brasil está, desde enero del 2014, su vida: «Realmente mi estancia en Sao Paulo tiene relación directa con lo personal, puesto que nos hemos mudado por un proyecto que le propusieron a mi marido. Como buenos gallegos, decidimos hacer las maletas y cruzar el charco con los tres niños, que entonces tenían 9, 6 y 5 años».

Fue un paso que María no dio en el vacío: «He tenido la inmensa suerte de que en la Universidad Francisco de Vitoria me han permitido continuar con mi trabajo, aunque sea con varios viajes al año a impartir clases presenciales. Siempre he pensado que mucho del trabajo de ordenador se puede hacer desde cualquier punto del globo, así que sigo cada día con nuevos retos: proyectos de investigación internacionales, congresos, conferencias, clases por videoconferencia, acuerdos entre universidades de diferentes países, etc. No me aburro, la verdad».

En la megalópolis que es Sao Paulo, la familia de María ha buscado en un barrio el recuerdo acogedor de las ciudades pequeñas; eso sí, un barrio a la medida de Brasil, con 75.000 habitantes. «Mi barrio se llama Moema y tiene muy cerquita el parque Ibirapuera, que puede parecerse al Central Park neoyorkino, pero es más bonito», presume María. «La verdad -añade- es que Sao Paulo, a pesar de ser una de las ciudades más grandes del mundo, a mí no me lo parece, porque acabas haciendo vida en el barrio donde vives».

Pese a ello, la abogada ourensana sabe bien qué supone moverse en una conglomeración urbana de esas características: «Sao Paulo es una ciudad que nunca para». Y su familia tampoco. «Los niños estudian en el colegio Miguel de Cervantes, que es trilingüe (portugués, español e inglés) y el nivel académico y de exigencia es lo más parecido a España que hemos encontrado. Por las mañanas madrugamos bastante, puesto que a las 7:05 tenemos que estar saliendo de casa para que los niños lleguen al colegio a las 7:45. Mientras, yo trabajo desde casa».

Si hablamos de ocio, Pérez Pereira se relaja: «Tenemos mucha suerte porque hacemos muchas actividades al aire libre y, muy especialmente, vela ligera. Jacobo, Pedro y Cristina, nuestros hijos, están en el equipo de regatas del Yacht Club Santo Amaro participando en competiciones del estado de Sao Paulo y también nacionales brasileñas. Mientras ellos navegan, mi marido y yo aprovechamos para navegar en snipe».

Aunque suene a paraíso, también hay tiempo para la morriña: «De Ourense extraño los chorizos y el salchichón de Manolo, los grelos, las castañas, la miel de brezo, la bica de Trives, el magosto, el carnaval... Y también la cercanía y las facilidades de una ciudad pequeña, con sus múltiples opciones de hacer excursiones sin tardar en los desplazamientos».

Para empañar la distancia, María, que se siente una emigrante privilegiada, podría estrechar el vínculo gallego en la diáspora, pero no es su opción: «Aquí hay varios tipos de colonias españolas, pero no estamos centrados en ellas, porque creo que es mejor integrarse al máximo con el país que nos acoge, su gente y sus costumbres».

Sao Paulo, la amable ciudad brasileña que nunca para

«El hecho de que Brasil sea un país nuevo, en comparación con los europeos, -expone María- y que su población esté constituida por un porcentaje elevadísimo de inmigración, especialmente desde finales del siglo XIX, hace que todos sean bienvenidos. La pena es que todavía falte muchísimo por hacer desde el punto de vista de mejora de la educación y sanidad pública».

En el bagaje de las cosas buenas de su país de acogida, la abogada ourensana destaca «el clima, la amabilidad de los brasileños, la gastronomía, las opciones de ocio, las posibilidades para viajar con niños y hacer planes muy interesantes, poder conocer lugares que soñaba con conocer cuando era niña, aprender un nuevo idioma y cultura, hacer nuevos amigos».

La lista se cierra con puntos suspensivos y se completa con un apartado de «cosas malas» que, básicamente, se reduce a una: la distancia. «Todo está lejos». Y, teniendo que recurrir al coche para salvar distancias, a María le dispara las alarmas un hábito de los conductores brasileños: «¡En las rotondas hacen caso omiso de la señal de ceda el paso!».

Ese enloquecido ir y venir, en ritmos y en distancias, encuentra un buen ejemplo en Sao Paulo, la ciudad de acogida de María Pérez Pereira. Con unos 22 millones de habitantes incluyendo su área de influencia, «podemos decir que Sao Paulo es una ciudad que nunca para».

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