Volver a casa se encarece para los que no tienen autobús nocturno

El servicio Moucho cumple diez años con un aumento progresivo de viajeros


ourense / la voz

El pasado mes de febrero la ciudad de Vigo empezó a ofrecer un servicio de transporte nocturno pionero que permite a las mujeres solicitar una parada no incluida en las fijas del recorrido del autobús. Basta con avisar al conductor del punto que más cerca queda a la usuaria de la puerta de su casa o la zona hasta la que se desplaza.

De este modo, lo que empezó siendo una alternativa para no coger el coche cuando se bebía alcohol, ha terminado siendo también una forma de desplazarse para aquellas mujeres que se sienten inseguras al moverse solas de noche.

En Ourense existen dos servicios de Moucho bus pero ninguno de ellos cuenta con esta opción. Según el Concello de Ourense, esas dos líneas de autobús -que conectan la avenida de la Universidad con la avenida de Santiago y la residencia con la estación de autobuses- fueron empleadas por un total de 168.202 personas entre enero de 2013 y diciembre de 2017. Además, según los datos aportados por el consistorio público, en estos últimos cinco años en número de viajeros que se decantan por este medio de transporte para volver a casa no ha parado de crecer. Así, en 2013 fueron más de 29.000 las personas que pagaron por el servicio y aumentaron paulatinamente hasta alcanzar las casi 38.000 el pasado año.

El precio normal de cada billete es de 0,85 céntimos -0,62 en caso de pagar con la tarjeta de transporte, 0,43 céntimos para los estudiantes y gratis en caso de ser jubilado, tener entre 16 y 18 años o estar desempleado-.

Barrios sin servicio nocturno

Sin embargo, el servicio nocturno de autobús deja sin conectar con el centro de la ciudad zonas como las avenidas Buenos Aires y Otero Pedrayo -en las que residen un gran número de estudiantes-.

Lucía Cerreda es una de las muchas jóvenes que opta por el taxi para volver a casa de madrugada porque no existe línea de Moucho en la avenida Buenos Aires. «Siempre que salgo vuelvo en taxi porque no hay autobús y caminando me da miedo», cuenta. El precio que paga por trayecto ronda los cinco euros si coge el taxi desde el parque San Lázaro, y llega a los seis si lo hace desde la parada de la plaza Bispo Cesáreo. Afirma, además, que si hubiera línea de autobús se decantaría por ella sin dudarlo en lugar de por el taxi.

Otras zonas que por la noche carecen de línea de transporte público los fines de semana son el barrio de O Couto, la carretera de A Granxa o zonas del extrarradio de la ciudad como Velle. Sabela Rodríguez vive en A Valenzá, zona para la que tampoco hay servicio de Moucho. «Yo si quiero bajar a tomar algo el fin de semana al centro tengo que coger el autobús de las diez de la noche y hacer tiempo hasta que el resto de mis amigos vayan llegando. Y para volver o cojo un taxi o me quedo a dormir en su casa», cuenta mientras mira a su amiga. La joven de su lado es Sara Rodríguez y vive también en la avenida Buenos Aires. Cuando le preguntan que cómo vuelve a casa contesta que andando porque cinco euros de taxi cada noche le parece caro. «Sí que me da miedo porque hay zonas peor iluminadas y nunca hay nadie por la calle, pero cuando Sabela se queda en mi casa por lo menos vamos las dos juntas», finaliza. Ambas consideran injusto que unos barrios tengan autobús nocturno y resulte mucho más barato llegar a casa.

«Cada fin de semana se forman colas en las paradas de taxi del centro de la ciudad»

El servicio de autobús nocturno empezó a funcionar hace exactamente diez años, en enero de 2008. Por aquel entonces, según las estimaciones del Concello, eran unas 150 las personas que habían empleado el Moucho; y durante los cuatro primeros meses de 2018 lo han empleado algo más de 1.200 personas. Para los que viven en un barrio sin línea de urbano, las opciones son volver caminando o pagar un taxi.

«La mayoría de los clientes son gente a partir de los dieciséis años y hasta los veinte, sobre todo, que son los que más salen de noche» explica el taxista Saúl Benavides. Y en cuanto a las horas puntas del servicio, distingue dos. «Hay dos franjas horarias en las que tenemos mucha más gente. A las cuatro y media y entre las seis y las siete y media de la mañana hay cola para subirse a un taxi, sobre todo en la parada del parque San Lázaro», añade desde su coche en la plaza Bispo Cesáreo. Son las dos de la madrugada y los clientes van cayendo a cuentagotas. Los que primero se marchan son los adultos que han salido a tomar algo. «Con estos servicios mínimos ya nos quitaron bastante trabajo. Si hubiera más, tendríamos menos usuarios todavía», incide, y argumenta que el taxi compensa si se comparte el trayecto entre varias personas.

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