El día entre ramos y palmas

Las puertas de las iglesias y la plaza de abastos centran la atención de los ourensanos para la cita religiosa de hoy


ourense / la voz

El parque de San Lázaro lucirá hoy más grande que nunca. La superficie de los árboles y parterres de este emblemático espacio de ocio en la capital ourensana se prolongará, a partir de las 11.15 horas, hacia la fachada de la Subdelegación del Gobierno con las ramas de laurel y olivo, o con las palmas, portadas por los ciudadanos que acuden para recibir la bendición del obispo de la Diócesis de Ourense, Leonardo Lemos Montanet, en el arranque de la procesión. Muchos los adquirieron ayer.

El día de mayor intensidad de venta de este complemento vegetal unido a la cita religiosa fue ayer, pero los más rezagados, lo adquirirán esta misma mañana, a la puerta de las iglesias o en el propio parque de San Lázaro donde se ubican en esta jornada un buen número de vendedores habituales. Aunque vender no venden, ya que la tradición del colectivo, mayoritariamente perteneciente a familias de etnia gitana, es pedir por lo que el cliente se lleve «la voluntad». No importa el tamaño ni el reparto entre olivo y laurel que elija, a pesar de que conseguir la segunda planta es más costoso para estos vendedores. «El olivo lo vamos a buscar a Portugal porque hay mucho. Aquí, aunque dicen que también hay, lo cierto es que no se ve por el monte como el laurel», contaba ayer María, una de esas repartidoras que ha heredado de sus antepasados la costumbre de acudir a las calles de la ciudad en la víspera del Domingo de Ramos. «Cuando tocan años como este, pasas frío, te mojas; no es agradable. Pero no se puede dejar de venir. La gente cuenta también con nosotros», razona.

Y ¿cómo es la voluntad de los ourensanos a la hora de gratificar ese servicio? «Buena en general, aunque te encuentras de todo. Hay gente que te da diez céntimos o veinte, pero también me ha pasado una vez de una señora que me dio cinco por un ramito no muy grande. Lo habitual es que dejen un euro o dos, dependiendo de la cantidad de ramos que lleven», aclara María.

En la procesión ourensana el laurel, con o sin olivo, es predominante, pero aún hay familias que mantienen la tradición de acudir con palmas. Eso sí, muchas menos que hace años, según comentan en las floristerías ubicadas en la plaza de abastos, punto neurálgico de la venta. «No tiene nada que ver con lo que salía cuando yo era niño y aprendí a hacerlas con mi madre. En aquellos años llevábamos palma hasta los doce años, ahora más allá de los ocho es difícil», señala Juan Bautista Atrio, hijo de Milagros Albitos, que añade que también hay adultos que prefieren este ornamento al laurel y el olivo.

El precio marca, en este aspecto, las preferencias. Las que más salen son las de menor tamaño y las más sencillas. Las hay desde seis euros hasta los 30 «porque mucho más de eso es difícil de vender, salvo que sean cosas muy especiales por encargo», cuenta este veterano. Juan Bautista recuerda que ha confeccionado elaborados trenzados en formato bastante alto «que te pueden llevar más de un día de trabajo». El material base llega desde Elche y luego confeccionan los modelos e incluso prepara los encargos que le realizan desde otras floristerías. Cada vez menos, porque aunque aún se pueden encontrar palmas en algunos establecimientos de la ciudad, hay muchos que confiesan que han decidido dejarlo por la caída de las ventas. «Ahora la verdad es que los que siguen viniendo mucho son los abuelos que se los llevan de regalo a los nietos», cuenta Tania Rodríguez, de Dracena, una de las que sigue ofertando el producto.

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