El cadáver


El tejido empresarial de Ourense es el que es. Menor o menos fuerte del que sería deseable pero ahí está. Eso sí, no es suficiente para que haya alternativas de futuro para la gestión de la Cámara de Comercio. Treinta mil empresas y solo un candidato. Ante esa proporción habría que preguntarse quiénes son los que están equivocados. Si los 29.000 o el uno. Si el que se presenta, Jorge Bermello, es un valiente, un exotismo o un verso suelto. A saber. Es comprensible que las empresas que le dieron la espalda a la Cámara en cuanto la cuota dejó de ser obligatoria mantengan su forma de pensar y de actuar y sigan viéndola solo en el retrovisor. Lo curioso es analizar el comportamiento de los que, cuando empezaba la crisis, se llenaron la boca de palabras bonitas como cooperación, colaboración, generosidad y hasta ourensanismo. Los buenos deseos son solo eso, deseos. Y ya saben lo que dice el refranero, que de buenas intenciones (como las de los empresarios que hace casi dos años se reunieron para intentar buscar soluciones para la Cámara) están llenas los cementerios. Y aquí parece que va a haber que velar un cadáver.

No creo que a los líderes empresariales ourensanos que se posicionaron al respecto tuvieran que, estrictamente, echarse la Cámara a las espaldas. Pero sinceramente se hubiera agradecido un poco de honestidad. Si no se creían la Cámara, que lo hubieran dicho. Si pensaban que no resultaba útil, que lo hubiesen manifestado. Si el cabo que decían que iban a echarle era para apretárselo al cuello, haberlo dejado claro desde el principio. Sin Cámara, oiga, pero sinceros y coherentes. No es tanto pedir.

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