«Cortar el tratamiento supone no solo un estancamiento, sino también un retroceso»

Gema Viadero es madre de dos niños con autismo

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Más de 25 familias de niños autistas temen que se queden sin terapia Varios padres denuncian una subida excesiva de las cuotas de la asociación que los trata

Ourense / La Voz

«Al principio Bruno y Diego estaban igual. De hecho Bruno empezó a balbucear palabras a los cinco años. Lo que pasa es que él tuvo una buena progresión y Diego se quedó un poquito más rezagado», explica Gema Viadero sin perder la sonrisa.

Sus dos hijos, gemelos, entraron en la Asociación Autismo Ourense cuando tenían dos años y medio. «Empezaron en lo que se llama atención temprana y estuvieron los dos hasta cumplir los seis años. Pero en aquel momento Bruno pasó al servicio de orientación y Diego no estaba todavía preparado para recibir ese tipo de atención, así que se quedó en el limbo», cuenta esta madre que tuvo que dejar de trabajar para dedicar todo el tiempo que puede a unos niños que ya han cumplido los nueve años.

«Ellos como más tranquilos están y mejor llevan las cosas es con una total rutina», cuenta mientras muestra el planillo semanal pegado en la pared de la cocina. Hasta tal punto es así que a Diego le cuesta dejar entrar a alguien que no conoce en casa, aunque gracias a las terapias privadas que sus padres le han ido costeando cada vez responde mejor a lo que no entra en sus esquemas.

Bruno, por su parte, puede perder la opción de asistir a orientación si la cuota mensual pasa a duplicarse finalmente o si el servicio no se mantiene. «Cortar la terapia supone no solo un estancamiento, sino también un retroceso», incide su madre tras darles la merienda y rascar unos minutos mientras enumera las distintas terapias a las que sus hijos se someten. «Estamos yendo a una logopeda especialista en autismo con una beca de Educación que nos ayuda a costearla, pero también necesitan integración sensorial, terapia ocupacional...».

Pese a todo, Gema cree que los esfuerzos llevados a cabo han valido la pena. Más, si cabe, cuando se acuerda de que Bruno, las Navidades pasadas, actuó en el colegio. «No pensé que fuese capaz de hacerlo tan pronto», sonríe. «Y tengo que decir que nos hemos cruzado con muy buenos profesionales, tanto en el colegio Albino Núñez, al que ahora van, como en la asociación. Si merece la pena protestar como lo hacemos es por las orientadoras de la asociación, que son maravillosas y no queremos perderlas», finaliza dejando hueco a la esperanza.

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«Cortar el tratamiento supone no solo un estancamiento, sino también un retroceso»