«Cuando no te gusta la hostelería, el cliente te lo nota desde lejos»

Tras dos décadas en el sector, Ramón Rodríguez acaba de abrir su primer negocio en la ciudad


ourense / la voz

El café Victoria fue su primer destino laboral recién alcanzada la mayoría de edad. «Yo quería trabajar y un amigo me metió ahí», recuerda. Ramón Rodríguez confiesa que entró en la hostelería sin mayor querencia por el sector. «Siempre se dice que esto es un sector refugio; y realmente hay que reconocer que aquí todavía es así en un porcentaje muy alto. Esa es la realidad. Mucha gente entra porque no encuentra otro trabajo y sin saber nada de una profesión que no le gusta. Y cuando no te gusta la hostelería el cliente lo nota desde lejos; se nota en los modos y en las caras. Al que le gusta, aunque no sepa, se interesa por aprender», dice. A él le enganchó.

Desde hace dos décadas nunca se desvinculó del trabajo hostelero aunque tuviera otros empleos. «Hacía horas extra de camarero en el tiempo libre, porque yo necesitaba seguir teniendo esto, es un trabajo que me estimulaba, que no me aburría», apunta.

Incluso cuando estuvo trabajando como militar profesional en Madrid, donde formó parte de la Guardia Real entre el 2004 y el 2010 «y donde tuve la suerte de que al final me encargaron la cava del rey», recuerda. Ramón se guarda para sí muchas anécdotas de aquella etapa en la que tuvo oportunidad de servir a muchos personajes internacionales invitados por la Casa Real o el gobierno, pero sobre todo valora que su experiencia en la capital le supuso conseguir lo que pretendía cuando se marchó de Ourense. «Me fui porque quería ver otras cosas y aprender, y allí las horas extra las hacía con una empresa de cátering que trabajaba con todo tipo de empresas, con el hotel Ritz, con medios de comunicación, con el aeropuerto o el metro...».

El mundo del cátering siguió seduciéndole cuando decidió regresar a Galicia y aunque trabajó en sectores tan diversos como el del transporte de viajeros por carretera «y hasta en una funeraria», mantuvo su segunda ocupación como camarero para empresas de ese tipo. Finalmente se decidió a dar el paso de crear su propio negocio. Se animó, según cuenta, porque quería desarrollar plenamente una profesión en la que se siente feliz. «La hostelería es divertida y gratificante. Es genial que alguien venga a comer algo a tu casa, que puedas aconsejarle, y que al terminar lo veas satisfecho y te diga que le has dado un buen servicio; eso es una satisfacción». Cuenta que uno de los mejores momentos es cuando los clientes se olvidan de los clichés, se dejan llevar por las sugerencias y prueban algunas elaboraciones de la casa que recomienda «como un vermú que preparamos aquí o un gintónic que servimos con un macerado especial de hierbas», ejemplifica. También le espoleó crear un negocio que respondiera a lo que él soñaba. De ahí el nombre: «Sueño despierto». Por cierto que Ramón confiesa que la ilusión por poner en marcha su propio negocio le ha tenido muchas noches en vela. «Me iba a la cama y no dormía. Me pasaba las horas pensando, me daban las cinco de la mañana sin pegar ojo, imaginando cómo sería, lo que quería ofrecer, lo que haría....».

Ramón cuenta que tenía claro que quería un gastrobar, pero también «quería sobre todo poder ofrecer productos de mucha calidad que no se encuentran con facilidad». «En nuestra carta hay desde jamón cinco jotas a ahumados artesanales de primerísimo nivel o enlatados y patés premium que el cliente no va a encontrar en ningún supermercado ni gran superficie. Y lo bueno es que el formato de gastrobar, con una carta muy extensa, permite al cliente gastarse desde diez euros hasta cincuenta sin renunciar a la calidad», apunta.

También reconoce que embarcarse en una aventura empresarial en los tiempos que corren requiere de mucha voluntad «porque las ayudas públicas son en la práctica, nada; por mucho que digan. No te queda otra que meterte en un crédito», señala.

DNI. Aficiones.

quién es

DNI. Ramón Rodríguez Ferreiro nació en el año 1979 en Venezuela, aunque la familia regresó a Ourense cuando él tenía tan solo 4 años. Con 18 comenzó a trabajar en hostelería. Hoy es el propietario de «Sueño despierto», un gastrobar ubicado en la avenida de la Habana de la capital ourensana.

Aficiones. El mundo del motor es su gran pasión, tanto en cuatro como en dos ruedas. «Antes iba a ver carreras, aunque ahora ya no tengo moto; la vendí para meterme en esto», señala. Dice que tampoco tiene tiempo libre para disfrutar como le gustaría del cine o la música, sus otras aficiones.

«Lo importante es adaptarte a la zona donde estés pero ofreciendo siempre algo diferente»

Ramón sigue soñando despierto. Dice que le gustaría montar otro local, ya sea en Ourense o fuera «pero sin salir de Galicia; aquí se vive muy bien, no tiene nada que ver con Madrid que es un caos incluso para moverse porque para ir de un sitio a otro necesitas una hora», señala. En cuanto al tipo de local que le gustaría para ese futuro proyecto, apunta que «todo dependerá de dónde encuentre la posibilidad, porque la hostelería tiene que adaptarse al tipo de clientela. Si montas algo aquí en la zona de vinos no es lo mismo que si lo montas en la playa. Aunque esté donde esté lo importante es adaptarte a la zona, pero ofreciendo siempre algo diferente».

De momento Ramón Rodríguez está dedicado en cuerpo y alma a consolidar y sacar adelante su primer negocio. La aventura empezó bien. «Abrimos en diciembre y las críticas están siendo muy buenas», dice satisfecho.

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«Cuando no te gusta la hostelería, el cliente te lo nota desde lejos»