«En algún tiempo Yosi zanjaba dudas y disputas con un 'lo que diga Paco'»

El empeño del titular de «Don Disco» lo convirtió en primer productor de Los Suaves


ourense / la voz

Quién sabe qué hubiera sido de Los Suaves sin la tenacidad y el orgullo herido de Francisco González Rodríguez (Carballedo, 1945) entre 1981 y 1982. Don Disco era una tienda de referencia en Ourense. Normal que en las discográficas lo conocieran y lo recibieran, con una mezcla de simpatía personal y curiosidad profesional, cuando decía que había descubierto una bomba. Conocía como clientes a Yosi y a Charly, alma y sentidiño de aquello. Lo convencieron y fue a escucharlos a aquella ruina de casa en la que ensayaban. Vio la fuerza que había en aquellos acordes sencillos, en las letras diferentes y en la singular voz de Yosi. Los empaquetó en una casete TDK y allá fue él, convencido de que se lo iban a quitar de las manos. Nada más lejos de la realidad. Llamó en once puertas distintas. Logró que una de las discográficas organizara un concierto en las afueras de la capital. Fueron dos jefes, le pareció percibir que les interesaba, pero no. Hasta que le dijeron aquello de que «por ser él, si era necesario, se grababa el disco, pero vaya, que interés, lo que se dice interés, tampoco, para qué engañarnos». Fue en ese momento cuando, de la confusión entre la sorpresa, el cabreo y el orgullo herido, emergió el Paco peleón, dispuesto a cualquier cosa. Creó el sello «Don Disco Récords», le contaron que en Asturias acababa de arrancar un estudio de grabación con un técnico extraordinario y allá se fue. Es el año 1982.

«La verdad es que sabía perfectamente lo que quería, tenía claro cuál era el sonido. Fueron muchas horas de trabajo. El principio fue ‘Esta vida me va a matar’. Trabajé con ellos los cinco primeros discos. Luego me fui. El resto es historia» resume Paco, que no esconde su satisfacción por el trabajo de aquellos años, ni oculta que se distanció porque le resultaba difícil la convivencia con el líder del grupo sobre el escenario. «Hubo un tiempo en el que Yosi zanjaba dudas y disputas con ‘lo que diga Paco’. No dejaba de decirlo. Llegó un momento, con el cuarto disco, que pasamos de su siempre rotundo ‘Paco es dios’, a discutirlo todo. Parecía que yo era su enemigo número uno. Enemigo público, diría yo. Quería hacerlo absolutamente todo. Vi que había llegado el momento de irse». Se apartó, sin hacer ruido, para volver a centrarse en Don Disco.

No recuerda cuánto dinero puso, pero el disco salió. Tiró un poco más con el Seat 131 cuando ya tenía medio arreglada la operación para un Ford Taunus. El segundo elepé, Frankstein, salió dos años después, sin haber recuperado la inversión del primero. Era cuestión de fe. Inquebrantable. «Mereció la pena. Sabía que en Madrid se habían equivocado cuando decían, una y otra vez, que aquello no les encajaba».

Cumplió con creces. El niño que en la vivienda familiar de la calle doctor Fleming había forjado su cultura musical con Radio Nederland, en horario nocturno y con el sonido bajito para no molestar (hasta que un vecino que trabajaba en Telefónica le regaló unos auriculares usados y arreglados), tuvo un papel determinante en el éxito del más internacional de los grupos ourensano. Desde 1980 contribuyó a la educación musical de no pocos clientes que acudían a su local de galerías Proyflem buscando lo último, o pidiendo ayuda para localizar tal o cual cosa. Del elepé al cedé. Soltó el negocio a tiempo, transmitió su conocimiento en un entorno diferente, pero la vida ya giraba a otra velocidad. La música va a un ritmo diferente. Ahora, felizmente jubilado, no tiene más preocupación que saborear la vida, estar con los amigos y pasear sus diez kilómetros diarios. Rutina y salud. Aparte, claro, de estar razonablemente pendiente del teléfono. Los normal con dos nietos de 8 y 10 años. (Tiene cuatro, pero los otros dos viven en Barcelona). Que uno de ellos acuda a la Escola de Música de Ourense siempre que le toca le produce un plus de satisfacción.

Francisco González Rodríguez. El rincón.

quién es

Francisco González Rodríguez. Nació cerca, en Carballedo, en Lugo. Al año y medio ya estaba en Ourense, en la casa familiar del abuelo paterno en la calle doctor Fleming. Tiene 72 años.

El rincón. La plaza de Los Suaves. Aunque lleva tiempo distanciado del grupo, el lugar le recuerda siempre que tuvo un papel determinante en el lanzamiento de los cinco primeros discos de la formación ourensana.

Un emprendedor entre el almacén de farmacia y la hostelería

Polifacético, el padre de Paco era maestro, pero a él no le entusiasmaban los estudios. Hizo la mili voluntario en Ourense. No quería irse muy lejos. Su primer trabajo fue de ayudante de almacén en Barros, de donde pasó a Cofano y, acaso tras ver que se manejaba con soltura entre medicamentos, también fue visitador médico. «Trabajaba para los laboratorios Salud. Entre lo que más vendía estaba el sulfato de bario, laxante y lo que llamábamos hipofosfito Salud», dice, al tiempo que recuerda cómo un médico le sugirió que hicieran talonarios de recetas ya cubiertas para facilitar el trabajo. «Lo propuse y me dieron un premio en concepto de productividad». Y sonríe. Capaz de poner en marcha un centro comercial, sus viajes a Madrid durante la etapa Don Disco, la música y Los Suaves, hizo que en una ocasión viera en un cruce cuatro cuidados locales que eran hamburgueserías. Montó «Ham» en la praza de Paz Nóvoa. Era algo diferente. Arrancó con un punto, o dos, por encima de lo que había. Intentó subir la media y lo logró, aunque, por diferencias de criterio con el socio, se fue y abrió otro local, que acabó cediendo a los empleados.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
7 votos
Comentarios

«En algún tiempo Yosi zanjaba dudas y disputas con un 'lo que diga Paco'»