«Sueño con volver a vivir entre lobos»

El colectivo Amigas das Árbores crea un fondo solidario para ayudar a Marcos Rodríguez Pantoja, el niño de Sierra Morena, que vive en una aldea ourensana

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«Sueño con volver a vivir entre lobos» El colectivo Amigas das Árbores crea un fondo solidario para ayudar a Marcos Rodríguez Pantoja, el niño de Sierra Morena, que vive en una aldea ourensana

ourense / la voz

Muchos ya conocerán su historia. Marcos Rodríguez Pantoja es el niño lobo de Sierra Morena. Su vida incluso inspiró una película, Entre Lobos, de Gerardo Olivares. Vive desde hace años en una aldea del concello ourensano de San Cibrao das Viñas, en un lugar en donde fue acogido con cariño. Con ese que le faltó de niño. Es una historia triste, la de un hombre al que la vida solo le ha dado palos. Pero el niño de Sierra Morena es todo sonrisas, amabilidad y, sobre todo, libertad.

Tanto, que a pesar de encontrarse a lo largo de toda su vida con personas que se han aprovechado de su inocencia, todavía tiene fe en el hombre y cuenta anécdotas que nos deberían hacer sentir avergonzados como seres humanos. Lo hace con tanto desparpajo y distancia, que más parecen de chiste que una realidad.

«Voy a cumplir 72 años y he trabajado mucho. Ahora vivo muy tranquilo aquí, en Ourense»

Los animales y la naturaleza son para él los mejores temas de conversación. Mucho más que contar y contar su vida. Por eso está ahora un poco «agobiado», afirma, ya que muchos son los que le reclaman para que acuda a charlas, presentaciones... «Voy a cumplir 72 años y he trabajado mucho. Ahora vivo muy tranquilo aquí, en Ourense», dice. Reside en una casa que le ha prestado un vecino de la localidad. Bajo un techo con goteras, que para él es su hogar. Colgado por las paredes, Marcos muestra orgulloso todos sus recuerdos: «Esta es la foto de mi madre [señala un cartel de una loba que sirve de cabecero de su cama], esta es de cuando estuve en Torremolinos, aquí me ves de camarero y aquí con una chica extranjera que era mi novia», relata con orgullo y con una amplia risa, que no sonrisa. Pero cuando se le pregunta por el pasado, la cara se le desdibuja.

Tres vidas

Asegura que tuvo tres vidas (dos malas y una buena). La primera, aquella en la que su madrastra lo apaleaba y su padre lo vendió a un señorito andaluz que, a su vez, cedió a un cabrero que se murió dejándolo solo con siete años en la sierra. La segunda comenzó cuando decidió no volver a relacionarse con humanos: «no quería regresar con mi madrastra» y que le llevó a convivir entre lobos. Esta es la parte feliz. Recuerda cómo se convirtió en uno más de la manada, tras compartir juegos con los lobeznos que acudían a la cueva en donde vivía, tras conseguir con esfuerzo tener fuego. Relata, con naturalidad, cómo se comunicaba con ellos a través de aullidos que todavía repite y el día en que la loba decidió que era uno más. Su tercera vida comenzó cuando la Guardia Civil lo localizó y obligó, «a traición», subraya, a insertarse en la sociedad. Tenía 17 años.

Un momento que recuerda nítidamente, seguro que por lo mucho que ha tenido que contarlo. Entonces comenzó un periplo que, asegura, no desearía a nadie. «Yo estuve en Mallorca y luego en Fuengirola arreglando unos camiones. Y me dejaron tirado. Estuve trabajando en un sótano arreglando un bajo, en donde dormía, y nunca me pagaron». Pero un día llegó su ángel de la guarda: «Un señor me dijo 'Oye chico ven aquí ¿tienes hambre?' Sí, le dije, pero ya estoy acostumbrado». Era Manuel Barandela, un policía ourensano que se convirtió en su padrino y protector, cediéndole una casa en Ourense.

«Estuve muy enfadado con el mundo. Pensaba que todos se reían de mí»

No lo pensó. Murió hace años y ahora ha cambiado de vivienda, en el mismo pueblo, y también gracias a la solidaridad de un vecino. Una residencia que necesita ser reformada y para lo que se ha puesto en marcha un fondo solidario, que coordina el colectivo Amigas das Árbores, con el objetivo de hacerla habitable para Marcos. «Yo no sé de fútbol ni de política. Me interesa la naturaleza que es lo mejor del mundo entero. El día que desaparezca moriremos todos. La naturaleza se come todo lo malo», lamenta.

«Nunca tuve que ir al médico»

Ese es el mensaje que lleva por donde le reclaman. «La gente se portó mal conmigo y muchos me pidieron perdón años después. Pero yo, que nunca tuve que ir al médico, necesité hacerlo. Estaba enfadado porque pensaba que la gente se reía de mí. Estuve mal de verdad».

Poco queda del Marcos que vivió con los lobos. De aquella única vida que le hizo feliz. Tanto, que no lo duda: «Aquí todo va por el dinero. Allí comía todos los días mejor que aquí. Muchas veces sueño con volver a vivir entre lobos. Esta vida para mí fue criminal», dice. Solo le queda la pena de no haber podido estudiar. Un mensaje a la entrada de su casa resume su vida: «Quien me busca, me encuentra».

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