Hallan el cuerpo sin vida del vecino de Verín desaparecido el jueves

Ha sido localizado en el río Támega  a su paso por la localidad


Ourense

El cuerpo sin vida de Bernardo Vidal Álvarez, el vecino de Queizás desaparecido desde hace cinco días, fue descubierto pasadas las once de la mañana muy cerca de una represa fluvial de ese pueblo, en pleno cauce del río Támega. El hallazgo se produjo a menos de dos kilómetros de su vivienda. El hombre padecía lapsus de memoria y desorientación frecuente y se encontraba fuertemente medicado.

El cadáver del hombre, de origen portugués, pero residente desde hacía años con su mujer en Queizás, se encontraba tendido en una zona muy enlodada del cauce. Fue descubierto por miembros del operativo de búsqueda puesto en marcha desde el momento de su desaparición.  

El cadáver era visible desde el exterior y fue extraído del agua por buzos de la Guardia Civil desplazados hasta el lugar. A falta de la confirmación oficial de los resultados de la autopsia, todo apunta a que se trata de una muerte accidental. Testigos presenciales indicaron que el cuerpo no presentaba ni heridas o contusiones visibles que pudieran hacer sospechar de un ataque a su persona.

Una gorra cerca

Los malos augurios sobre el posible destino que pudiera correr la vida de Vidal Álvarez, de 70 años, ya se apuntaban desde la noche del lunes, cuando se encontró una gorra en una punto cercano al pueblo donde residía. Su esposa ratificó que era la que portaba su marido en el momento de salir de la vivienda. La zona donde fue hallado el cuerpo es un lugar con mucha maleza y foresta.

Su mujer recibió asistencia psicológica en el momento de recibir la trágica noticia. “Era un matrimonio muy unido, sin ningún tipo de problema. La familia de los dos era portuguesa. Los familiares habían estado aquí en los últimos días interesándose por Bernardo”, señaló un vecino de la zona.

Bernardo tomaba seis pastillas diarias para tratar sus enfermedades, por lo que es probable que perdiera la noción de donde se encontraba. De hecho, Bernardo ya se había perdido en anteriores ocasiones durante sus paseos vespertinos por las inmediaciones del pueblo, aunque nunca por espacio de tanto tiempo.

En la mayoría de las ocasiones, su esposa le acompañaba en esas caminatas. No sucedió así en pasado jueves, cuando el hombre cerró la puerta de su vivienda y dejó dentro de ella encerrada involuntariamente a su mujer.

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