Salta de la butaca


Esta semana La Voz contaba la historia de dos gemelos idénticos que lideran las juventudes del PP y del PSOE respectivamente. Tiene su punto de gracia que con tanta carga genética compartida la ideológica vaya por caminos tan opuestos. Pero lo que tienen en común estos dos chicos, además del ADN, es que con veintitantos años están comprometidos para, mejor o peor, como puedan y como les dejen, hacer algo por la sociedad en la que viven. O en la que sobreviven, debería decir, si tengo en cuenta las críticas que les dispensó ese patio de vecinos que son las redes sociales.

A los chavales, recién llegados a la edad adulta como quien dice, les han atribuido los pecados de sus respectivos partidos... que no son pocos, pero no son suyos.

No tiene sentido clamar por un Ourense mejor y hacerlo repantingado en el sofá, con el móvil o el ordenador para usarlos como arma arrojadiza contra el resto del mundo. El que quiera un mundo mejor, que se mueva. La política, con sus pros y con sus contras, es una de las vías. Pero si no, hay otras.

Lo que está claro es que lo que no mejora nada la vida de la gente es despotricar porque dos jóvenes, Nabor y Adrián González, hayan decidido levantarse de la butaca.

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