Tristeza


Ya nos hemos quitado de encima el lunes más triste del año. O eso defendía un psicólogo de la galesa Universidad de Cardiff. Responde al nombre de Cliff Arnall y se dice que echó mano de diversos detalles como las deudas adquiridas durante las fiestas navideñas, la falta de motivación o los primeros incumplimientos de aquellos buenos propósitos del nuevo año, aderezados con la climatología invernal del hemisferio norte. Todo eso, en la misma coctelera, arrojó el cálculo de que el inicio de la tercera semana de enero merecía el ya famoso título de blue monday.

Pues nada, míster Arnall, que por aquí, un poco más al sur -hay que ver, que siempre nos consideramos norteños-, lo estamos pasando un poco mejor, o al menos lo intentamos, que no es poco. En Ourense quizás no somos un ejemplo de prosperidad al cien por ciento, pero no nos quitan la ilusión e incluso en el terreno deportivo nos llevamos alguna alegría, como la de ver que un chaval de Xinzo de Limia se forjó en la escuela de Maceda para llegar a proclamarse campeón de España de ciclocrós, casi al mismo tiempo que un cadete ponteareán con síndrome de Down era capaz de competir con los mejores, que eso también nos empuja al buen rollo.

A mediados de enero también nos alegra que el COB se resista a sufrir sus heredados males o que el Centro de Deportes Barco pelee con los más poderosos de la Tercera División. Incluso que la Unión Deportiva Ourense encarrile su cuarto ascenso consecutivo y mire de cerca al fútbol de nivel nacional, mientras nos acordamos del histórico rojillo. Es cuestión de optimismo y de dejar atrás la tristeza.

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