Los ourensanos creen que los padres son los primeros responsables del botellón

Un 59,4 % de los vecinos opinan que las familias deben controlar el consumo de alcohol


ourense / la voz

El pasado 14 de diciembre se celebró en Ourense un foro sobre el botellón con la intención de buscar soluciones a un fenómeno que genera preocupación en la sociedad. Se reunieron expertos en drogodependencias, educadores, psicólogos, psiquiatras, investigadores y trabajadores sociales de ámbito gallego y nacional para analizar las consecuencias de este peculiar hábito de ocio. La cita dejó cifras para la reflexión relacionadas con el fracaso escolar, las depresiones, la violencia o las tendencias autodestructivas. Se pusieron sobre la mesa conclusiones de investigaciones que demuestran la repercusión de este tipo de consumo en el desarrollo del cerebro, los daños en otros órganos vitales o incluso la mayor incidencia de ciertos tipos de cáncer.

La Voz ha querido pulsar la opinión de los ourensanos al respecto y, a través del Instituto Sondaxe, ha realizado una encuesta en la que se preguntaba quién tiene más responsabilidad en el control del botellón. La respuesta ha sido contundente: la mayoría de los participantes, el 59,4 %, otorga esa responsabilidad a los padres. Ese porcentaje se incrementa hasta el 60 % entre las mujeres.

La responsabilidad familiar es la opción elegida en todas las franjas de edad, aunque los que más apuestan por ella están entre los 45 y los 64 años, una franja de edad en la que se encuentran, con seguridad, muchos padres de jóvenes que consumen alcohol en la calle en sus momento de ocio con los amigos. Además, un 66,2 % de los consultados en ese segmento opinan que deben ser los progenitores quienes se encarguen de poner coto al problema. Es incluso la opinión mayoritaria entre los jóvenes.

¿Y los protagonistas?

Hasta un 40,7 % de los que están entre los 18 y los 29 años han optado por el control parental, colocando a la policía como segunda opción con un 27,7 %. Curiosamente, ellos son los que más responsabilidad cargan sobre las fuerzas de seguridad, ya que en el cómputo total, la media de quienes les responsabilizan de ese control es tan solo de un 10,9 %.

Tras los padres, la segunda respuesta más frecuente fue la que reparte la responsabilidad entre todos; pero solo un 12 % optó por ella.

Las otras opciones posibles de la encuesta son apenas testimoniales. Un 5,2 % de los participantes cree que son las administraciones quienes deben controlar el problema, y un 3 % opina que la responsabilidad es de los propios jóvenes. Por cierto que el porcentaje de quienes opinan esto último es más elevado entre los encuestados de menor edad, un 8,4 %.

Padres o policía

Resulta clarificador que, entre los encuestados, prácticamente ninguno haya señalado la responsabilidad de profesores y educadores, una respuesta que no llega ni al 1 %. Dentro de ese escaso margen, es curioso que los ourensanos de entre 18 y 29 años ni se lo plantean de manera que las únicas respuestas en este sentido, minoritarias en todo caso, son las de los mayores de 30 pero menores de 64 años.

Aunque la responsabilidad paterna gana en los distintos cortes de la encuesta, hay ligeras variaciones. Por ejemplo, en la capital el porcentaje de quienes apuntan en esa dirección desciende hasta el 51,5 %, mientras que en poblaciones de entre 5.000 y 10.000 habitantes alcanza el 66,7 %.

En la ciudad se eleva el porcentaje de los que optan por responsabilizar a la policía, y alcanza un 23,5 %, pero en los pueblos de menos de 5.000 habitantes apenas un 3,1 % eligió esa opción.

La tendencia política

También hay algunas diferencias según las afinidades políticas. Los votantes socialistas son los más contundentes mirando hacia la familia. Hasta un 70,2% cree que ahí está la responsabilidad, frente al 59,2 % de los votantes del PP y el 55,7 % de Ourense en Común. Tan solo los simpatizantes de Democracia Ourensana rompen la unanimidad. Para ellos son más responsables las administraciones (un 38 %) que los padres ( 27,6 %).

El 85 % de los vecinos opta por medidas correctivas contra el consumo en la calle

El fenómeno del botellón comenzó con permisividad y hasta cierto grado de simpatía por parte de los adultos. Se justificaba, según recordaron alguno de los participantes en el foro de expertos desarrollado en la capital ourensana, como un acto de rebeldía frente a los precios que tenían, en aquellos tiempos de precrisis, las copas en los establecimientos de ocio. Se esgrimían incluso argumentos de salud, aludiendo al «garrafón» y al temor a consumir alcohol de baja calidad procedente de botellas rellenadas. Todo ello creó un clima propicio para que creciera entre los jóvenes el hábito de quedar en plazas y parques para consumir alcohol adquirido en tiendas y supermercados.

El problema es que el pretendido ahorro no sirvió para gastar menos, sino para comprar -y obviamente consumir- más cantidad de alcohol por el mismo dinero disponible en el bolsillo para su ocio. El botellón se convirtió en lugar de cita para la diversión y eso, junto a la falta de control de acceso a los lugares abiertos en los que se desarrolla, llevó a la incorporación de personas de cada vez menor edad. Las estadísticas reflejan la media de inicio en los 16 años, pero como todas las cifras medias, eso supone que hay gente de mayor y de menor edad. Mirando la parte baja de ese segmento, aparecen menores de 14 años que reconocen haber consumido. «Las mujeres entre 14 y 18 años ya superan en consumo a los varones», apuntaba en este sentido la jefa de servicio del Plan Nacional sobre Drogas, Patricia Santa-Olalla.

Así las cosas, la encuesta del Instituto Sondaxe para La Voz mide la percepción que sobre este hábito asociado a la diversión existe entre la sociedad ourensana. Una amplia mayoría de los ciudadanos, el 77 % lo considera un problema de salud pública para la provincia, aunque en entre la población femenina ese porcentaje sube al 81 %. Tan solo un 15 % de los ourensanos no cree que pueda calificarse como tal.

Curiosamente, y aunque el botellón se considera un fenómeno más asociado a los entornos urbanitas que a los rurales, es en los núcleos de menor población donde mayor reflejo tiene esa preocupación. Mientras que en la capital los que consideran que existen un problema que implica a la salud pública son el 75 % de los participantes en la encuesta, en las localidades de entre 10.000 y 20.000 esa consideración es compartida por algo más del 80 % de los vecinos, y se eleva al 84 % en el caso de los que viven en comunidades de menos de 10.000 vecinos. La única excepción a esa tendencia está en los núcleos poblacionales de menos de 5.000 habitantes. Solo el 74,8 % de sus residentes creen que el botellón es un problema de salud pública en Ourense.

Por rangos de edad, los jubilados son los que más optan por esa calificación. El 83,7 % de los mayores de 65 años opina así. La encuesta refleja que esa percepción de riesgo colectivo para la comunidad en la sociedad ourensana baja según se reduce la edad de los participantes en el estudio, hasta colocarse en un 63 % entre los que tienen entre 18 y 29 años. De hecho un 29 % de los que están en este grupo de edad considera que la situación no alcanza la gravedad suficiente como para ser considerada un problema para la salud de la población en el territorio ourensano.

En cuanto a la posible solución, la mayoría de los ourensanos se muestran partidarios de tomar medidas correctivas orientadas a frenar o reprimir este modelo de ocio asociado al consumo de alcohol en la calle. Opina así el 85,4 % de los encuestados, frente al 7,2 % que estaría en contra de esa vía para atajar el problema. También aquí hay diferencias si se tienen en cuenta las variables de edad o lugar de residencia de los participantes. Los mayores vuelven a ser los más contundentes en ese aspecto (90 %) y los que están entre 18 y 29 los menos. Los de la capital no son tan proclives a ese tipo de medidas (82,1 %), mientras que los que residen en núcleos entre 5.000 habitantes y 10.000, superan en cinco puntos la media.

Los votantes de DO y BNG son los más proclives a que se tomen decisiones que lo impidan

La encuesta elaborada por Sondaxe para La Voz el pasado mes de diciembre también analiza las variables en cuanto a la percepción del problema y las medidas correctoras desde el punto de vista de la afinidad política. Una de las curiosidades que plantean los resultados es la similitud de los resultados entre personas que decían haber votado a Democracia Ourensana y al BNG en las últimas elecciones municipales. En concreto en la pregunta: «¿Es partidario o no de implantar o reforzar medidas correctivas para evitar el consumo de alcohol en la calle por parte de los jóvenes?», el 100 % respondió que sí en ambos grupos.

En los votantes de otras formaciones, aunque esta es también la respuesta más mayoritaria, y de forma contundente, hay una mayor variabilidad. Por ejemplo, entre los votantes del PSOE, el 94,5 % se mostró a favor de esas medidas, el 3,5 % rechaza esa solución y un 2 % no tenía una opinión clara al respecto. Entre los votantes del PP, el 91,2 % se inclinó por el sí, pero hubo cerca de un 6 % que se mostró contrario y un 3 % no se manifestó. No hubo indecisos entre los afines a Ourense en Común. El 77,8 % optó por el sí y el 22,2 % el no.

También hay ligeras diferencias en cuanto a la consideración de este fenómeno como un problema de salud pública en Ourense. Los afines del partido de Pérez Jácome son los que más convencidos se muestran de que así es y optan por esa respuesta todos los encuestados en ese grupo. Les siguen los votantes del PP, con un 79,7 %; los del BNG, que contestan afirmativamente en un 76,2 % y los del PSOE, que apoyan esa consideración en un 73,8 %. Tan solo se presenta como mayoritaria la respuesta contraria entre votantes de Ourense en Común. Un 77,8 % de ellos no ve un problema de salud pública

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