«La esencia de la feria en Ourense es la misma ahora que hace 50 años»

Avelino Vázquez entiende que el futuro está asegurado, aunque reclama inversiones en el recinto


ourense / la voz

Hay rostros que se asocian con un lugar de la ciudad. El de Avelino Vázquez López (Ourense, 1950) es uno de ellos. No es para menos, ya que hace casi medio siglo que cuenta con un puesto en la feria gastronómica que cada día 7 y 17 -salvo que caiga en festivo o fin de semana- se celebra en la capital ourensana. Su aspecto, con una larga barba, es inconfundible, pero también su carácter. Siempre reivindicativo y tratando de que se tenga en cuenta algo en lo que cree firmemente: la feria de la ciudad tiene futuro. Eso sí, es contundente al asegurar que no se la mima lo que debería.

En su juventud, y pese a la tradición familiar en la hostelería, los derroteros profesionales de Avelino fueron por otro lado. Se embarcó durante grandes temporadas como mecánico naval. Sin embargo, un accidente le obligó a dejarlo y regresó a tierra. Ahí empezó su camino en la hostelería. Estuvo al frente durante muchos años de un negocio mítico en el barrio de O Vinteún (El Galeón). Avelino recuerda aquella etapa con mucho cariño: «En mi casa siempre hubo Fonda y después del accidente laboral hubo una continuidad de un tío mío que tenía un bar en la avenida de Santiago, que se llamaba Bar Tocho. Esa fue mi catapulta en la hostelería».

Pronto comenzó a volar solo y regentó dos locales que pese a cerrarse hace ya un par de décadas, los vecinos de O Vinteún todavía los recuerdan: El Ancla y El Galeón. El chipirón frito era uno de sus reclamos: «Hubo épocas que se prepararan treinta kilos ». Pero, sobre todo, el vino. Con etiqueta de la casa. «Había que dedicarle tiempo. Invertías un dinero, pero luego al cliente le gustaba. Mis vinos de casa tenían la característica de que el paisano lo probaba y le gustaba. Cuando se acababa la cosecha, ya te dabas cuenta que mucha gente dejaba de venir».

Sin embargo, a Avelino Vázquez se le relaciona especialmente con la feria. Logró la concesión hace medio siglo y presume de que es de las «oficiales». Su pasión por la doble cita mensual la muestra en cada palabra y en cada gesto cuando habla de ella: «Llevo cincuenta años viniendo a la feria. Yo tengo una concesión oficial, no de estas que se pasan de unos a otros. La gente sigue viniendo, aunque sea en un descampado. Se mantiene la misma esencia que hace cincuenta años. La gente no falla, aunque sean mayores. Se come lo mismo, excepto la novedad del churrasco aunque no es lo típico nuestro. La gente viene a comer el pulpo, la carne cocida, la carne richada y las chuletas, porque la carne de cerdo se come en casa», explica.

No titubea un segundo cuando se le pregunta si esta cita se encuentra en peligro de extinción en cuanto vayan pasando las generaciones más apegadas a acudir a las riberas del Miño cada día 7 y 17 de mes. «Esto tiene futuro, pero tienen que acondicionar mejor el recinto», señala enviando un recado al alcalde de Ourense y a cualquier político que se ponga delante para que invierta en un espacio que no acaba de convencerle.

A la hora de justificar su afirmación tan rotunda sobre el futuro de la feria, Avelino Vázquez concluye: «La gente sigue viniendo porque para muchas personas es la forma de abstraerse de la rutina diaria. Es un momento de distracción. Aún así la clientela que tenemos es muy crítica, que si no le gusta lo que le ofreces no te va a decir nada, pero no vuelve». En todo caso reconoce que hubo tiempos mejores: «Hace treinta años fue la mejor época. Si hay puestos de trabajo y la moneda corre, la gente viene. Otra cosa es el esperpento que hicieron aquí y que no ayuda».

No esquiva la obligada pregunta sobre la supuesta rivalidad entre pulpeiros y taberneros. «A veces van demasiado a lo suyo», zanja.

«Trabajar en alta mar te permite conocer mundo y otras culturas»

En sus tiempos jóvenes, Avelino Vázquez se embarcó sin dudarlo como mecánico naval. Eso le permitió recorrer mundo y es una época que recuerda con cariño. No hay más que ver los detalles bordados en su ropa para comprobar que tiene añoranza por el mar. Sin embargo, un accidente le alejó de esa pasión. «Guardo un muy buen recuerdo. Pasear, ganar dinero y trabajar. Es lo mejor que puedes hacer. Paseas, ves mundo, vives con varias culturas. La etapa que más me gustó fue la que pasé en Mozambique, que estuve dos años con Pescanova. Una de las mayores satisfacciones que puede tener uno después de tantos años es encontrarte con gente de aquella etapa por la calle y que te recuerden con cariño».

El revés que le dio la vida, por tanto, no menguó ni un solo ápice su pasión por el mar. De hecho, acudió a él como refugio cuando le vinieron mal dadas en lo personal y se lanzó a navegar durante una buena temporada. Ahora ya en tierra firme y jubilado, al margen del puesto en el campo de la feria, presume de haber montado un servicio de cátering -El Galeón- que le permite llevar comida en donde sean reclamados sus servicios.

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