«Abarcamos todo lo necesario para la rehabilitación de daños cerebrales»

Cinco jóvenes del ámbito sanitario ponen en marcha su propio centro en Ourense


ourense / la voz

Fueron las ganas de hacer su trabajo mejor y ser capaces de dar a las personas un trato individualizado e integral las que llevaron a estos cinco jóvenes a abrir su propio centro de rehabilitación neurológica y pediátrica en Ourense. Llevaban casi dos años trabajando juntos en otra clínica, pero el afán de superación inclinó la balanza hacia el lado de asumir riesgos y empezar por cuenta propia. «Abarcamos todas las especialidades que son necesarias para la rehabilitación de daños cerebrales. Cuando alguien sufre un daño de este tipo necesita un cómputo de fisioterapia, para la función motora, terapia ocupacional, para la interacción sensorial y recuperar la autonomía en las actividades normales del día a día, y neuropsicología para la rehabilitación de las funciones cognitivas como puede ser la atención o la memoria», explica María Rodríguez (Ourense, 1984), que ejerce como neuropsicóloga. Adrián Dacal (Ourense, 1991), uno de los fisioterapeutas, añade: «Muchas veces también hay problemas de comprensión o del habla, que se pueden trabajar». Junto a ellos están Pilar Díaz (A Barrela, 1989), logopeda; Deisy Devesa (Caracas, 1987), terapeuta ocupacional y Paula Campos (Ourense, 1991), la otra fisioterapeuta que forma parte del equipo.

Aunque tratan el daño neurológico pediátrico -niños con enfermedades en el neurodesarrollo, con problemas de lenguaje o de atención- algunos orientaron la brújula de sus profesiones tras tener a algún adulto cercano con problemas de salud y querer comprender cómo se pueden paliar los daños. «É clave non perder de vista o que che gustaría que fixeran por ti se tiveras un problema destas características ou estiveses nunha situación similar», señala Paula trayendo la empatía a un primer plano. «En mi caso me decidí por esto porque cuando era pequeña hice un viaje y visité la clínica de una familia para niños con parálisis cerebral y me gustó, así que a partir de ahí empecé a indagar cómo podía ayudar yo», añade Deisy. Para Adrián influyeron las prácticas que realizó mientras se formaba en la universidad, así como comprobar que faltaban profesionales en el campo cuando su abuelo sufrió un ictus. «Mi abuela también sufrió un traumatismo craneoencefálico por un accidente y más tarde un ictus y eso te marca», apostilla María. Sin embargo otros la vocación les llega observando diferentes realidades. «Cuando yo estudiaba en el instituto había un chico con síndrome de down que no tenía lenguaje pero que se expresaba de otra forma y a mí me llamaba mucho la atención la comunicación alternativa que tenía», recuerda Pilar.

Esta tarde abrirán las puertas de Axón -así han llamado a su proyecto en común- después de sortear las dificultades que entraña poner en marcha un negocio sin conocimientos legales previos y siendo jóvenes. «Fuimos aprendiendo sobre la marcha porque hay un montón de trámites y nosotros no entendíamos nada. Incluso llegar a comprender si te beneficia más una sociedad civil, una cooperativa o alguna otra de las fórmulas legales existentes es complicado», opina Adrián.

Conexión directa

Entre sus objetivos se encuentra el de establecer una conexión paciente-profesional más directa. Y aquí juegan un papel importante las asociaciones para afectados por daño cerebral y la sanidad pública. «Hay personas que, aparte de querer que los tratemos, participan en actividades de otras entidades y pretendemos mantener una comunicación con ellos para poder fijar objetivos comunes. Queremos no solo trabajar interdisciplinarmente, sino también con agentes externos y personas del mundo de la sanidad», finaliza el fisioterapeuta.

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