«Ahora dedico tiempo a la astronomía»

El docente lleva tres años jubilado pero sigue enseñando de forma voluntaria


ourense / la voz

Esa diferencia que a algunos les gusta hacer entre maestro y profesor cobra sentido cuando se trata de personas como Ricardo Escudero (Puebla de Sanabria, 1946). La enseñanza es un modo de vida para él. Tanto que aunque lleva tres años jubilado, sigue compartiendo conocimientos de forma voluntaria en la Cruz Roja los jueves por la tarde. «Hay un grupito de niños que no tienen muchos recursos económicos y allí les damos clases particulares», explica sobre la iniciativa a la que dedica su tiempo libre.

«Lo tuve muy claro desde joven. Cuando empecé a estudiar Química en Salamanca en los veranos daba clases particulares. Y mi idea siempre fue la de ser profesor. No hice ningún pinito en la industria ni la investigación», recuerda. Y tomó la opción de Química porque era la única carrera de ciencias que había en la ciudad con la universidad más antigua de España. «Me gustaba y me gusta más la Física, pero en aquella época no se impartía aún», añade.

Pasó por institutos de Verín, Celanova, Monforte de Lemos y Ourense -entre 1990 y 2010 fue profesor y jefe de estudios del Blanco Amor y sus últimos cuatro años enseñó la materia en el Otero Pedrayo-. Pero no fue hasta una de sus últimas clases cuando un inspector se introdujo para ver cómo realizaba su trabajo. «Recuerdo que estaba dando formulación química en tercero de ESO y a los veinte minutos se fue. Los inspectores dedican más tiempo al papeleo que a supervisar lo que importa», explica. Y lo lamenta como el más crítico de los críticos. «Cuando hay problemas con algún profesor, por lo general, no se toman las medidas adecuadas para atajarlo y las visitas que se hacen a los institutos no incluyen sentarse en un pupitre con los alumnos para evaluarnos», expone.

«La Educación necesita un pacto a nivel estatal urgentemente. No podemos seguir cambiando las leyes cada vez que gana las elecciones un partido diferente al que estaba en el gobierno. Y, además, yo creo que ha ido a peor. Los conocimientos que se adquirían antes eran superiores a los que se adquieren ahora porque se han introducido demasiadas materias por curso. No es lógico que en tercero de ESO lleguen a impartirse hasta trece materias con pocas horas a la semana para cada una», argumenta Escudero.

También discrepa con la rigidez de la metodología y se inclina por sacarle más partido a los medios tecnológicos. «El profesorado es muy reacio a renovarse y siguen trabajando de un modo anticuado y se enfoca al alumno para que estudie para aprobar y no debe ser ese el fin», expone. Y considera que la sociedad tampoco ayuda mucho. «Los profesores están muy desprestigiados y los padres a veces consideran sus enemigos a los docentes de sus hijos en lugar de verlos como una ayuda para la formación. Y eso también influye en la desmotivación de los profesores», señala.

 «Falta cohesión entre profesores en el aspecto más académico»

Con más de cuarenta años de experiencia en la docencia, Ricardo Escudero conoce las grietas del sistema y despiertan su envidia aquellos países y culturas en las que la figura del maestro tiene más reconocimiento social y recursos a su alcance. «Otro de los problemas que tiene la enseñanza es que los profesores no estamos unidos. Falta cohesión en el aspecto académico. Tuvimos una ley que proponía una serie agrupaciones para hacer balance y evaluaciones o proponer ideas en materias que son bastante afines. La idea era hacer un consejo municipal con padres, docentes y responsables políticos, pero nunca se formó ninguno. Esto es muy necesario porque no tiene sentido que yo esté explicando en Física cinemática lo que es la velocidad si los chavales no saben lo que es una derivada o un límite. Y a veces hay una falta de coordinación entre departamentos que provoca desconcierto en los alumnos», reivindica.

Tras haber ocupado diferentes puestos directivos en los institutos en los que ha trabajado, cree que el papel que desempeña un jefe de estudios es clave para el buen funcionamiento de un centro. «El cargo tiene que recaer en alguien que conozca muy bien a los alumnos y a los profesores, tener una relación muy directa y cercana con ambos y saber escuchar e intermediar en un problema».

Una sonrisa instintiva -y arrugas que esconden años de felicidad en los ojos- enmarcan su rostro cuando le preguntan si alguno de sus exalumnos se decantó por seguir sus pasos. «Sobre todo en los últimos años, cuando se instaló en Ourense la carrera de Física, hubo algunos que se matricularon y han terminado la universidad. Con muchos todavía mantengo el contacto», finaliza con tono de satisfacción.

Se jubiló con 68 años y aunque echa de menos el reto diario de enseñar, ha preferido buscar el lado bueno de las cosas y aprovechar para viajar con su mujer. «También me dedico a leer y hacer salidas nocturnas con el telescopio ahora que tengo tiempo para dedicarle a la astronomía», cuenta este hombre que acercó a sus alumnos de BUP la ciencia que estudia los astros con una optativa única en todos los centros ourensanos hace años.

El poeta Pedro Casariego escribió en una de sus obras: «En cierto sentido todas las vidas son una misma cosa ya que cada vida es una cuerda. Pero unas cuerdas sirven para saltar a la comba y otras para ahorcarse con ellas». Suerte que, como Ricardo, algunos han preferido hacernos saltar a la comba.

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